No todos los royals desean haber nacido con un título nobiliario y algunos, como Marie-Christine de Bélgica, se esconden en otros países y olvidan toda relación con su familia.

Marie-Christine, de 68 años, es tía del actual rey de Bélgica, Felipe, y primogénita del rey Leopoldo III y de su segunda esposa, Lillian. Leopoldo reinó hasta 1951, año en el que abdica a favor de su hijo Balduino, medio hermano de Marie-Christine.

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Felipe, el actual rey belga, es hijo de otro medio hermano de la princesa, Alberto II, pues Balduino no tuvo descendencia y al fallecer le dejó el trono. Su madrina de bautizo fue la infanta María Cristina de Borbón y Battenberg.

La última vez que se vio a la princesa fue en 2007. Aunque nació en medio de grandes lujos y privilegios en el Palacio de Laeken, decidió alejarse de la vida pública.

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Esto se explica en las memorias que publicó en 2004 donde relata que su padre siempre estuvo ausente de su vida y que su madre era una persona cruel con ella. Cuenta además que uno de sus primos la violó a los 18 años y que su madre trató de cubrirlo encerrándola por meses en su habitación en el palacio.

Para la princesa los siguientes años estuvieron marcados por el alcohol y las drogas y a los 29 años se mudó a Toronto donde se casa con un pianista gay para o tener la residencia.

El País asegura que Marie-Christine tuvo que trabajar hasta en desfiles de ropa interior en lugares de mala muerte para sobrevivir. En ese entonces el rey Balduino se compadece de ella y decide ayudarla económicamente, incluso para el pago de un aborto.

En Estados Unidos conoce a Jean Paul Gourgues, un hostelero francés, con el que casa y se va a vivir a Los Ángeles. El País relata además que realizan una inversión en un restaurante que no da frutos, por lo que la pareja decide irse a vivir a Las Vegas, donde derrochan su dinero en los casinos. Aquí es cuando el rey Alberto II, su otro medio hermano y ahora convertido en soberano de Bélgica, decide ayudarla pero le envía un cheque acompañado de una carta en la que le reprocha su comportamiento. Esto rompe el último lazo que la unía a la familia real belga y no se presenta en los funerales de su padre o sus medios hermanos.

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Un periódico español fue el que dio la noticia del paradero de la princesa y la ubica en Sequim, un pueblo de siete mil habitantes en Washington, en la frontera con Canadá, donde vive en una casa de tres habitaciones junto con su esposo.

Hasta el momento la familia real belga no se ha pronunciado acerca de Marie-Christine.