Por:Marimar  Barrientos

Una analogía entre la obra de Gabriel García Márquez, crónica de una muerte anunciada, y los feminicidios ocurridos en nuestro país.

 

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Con esta frase inicia el libro Crónica de una muerte anunciada, escrito por Gabriel García Márquez. La historia del asesinato de Santiago Nasar está inspirada en hechos reales, según el famoso autor colombiano. A Santiago, el protagonista de la historia, lo matan los hermanos Vicario, y el caso es que, todo el mundo tiene conocimiento de que lo van a matar, pero NADIE HACE NADA.

Al leer y escuchar en las noticias sólo algunos de los casos de feminicidios en México, pareciera que estoy viviendo en las páginas de éste libro, que leí varios años atrás en el cuál, desde el inicio, se sabe el final. Un asesinato, una muerte y, en el caso de nuestro país, un feminicidio, o varios.

El tema central que nos ocupa en este caso es: ¿Cómo fue posible que el asesinato del protagonista pudiera ocurrir y no pudiera ser evitado dadas las circunstancias y que era del dominio público? Pues aquí estamos igual. ¿Cómo pueden incrementar las cifras de los feminicidios siendo que todos (sociedad civil y gobierno), sabemos que existe y no se puede evitar? En ambos casos, se habla de una muerte anunciada que nadie creyó y que nadie le tomó importancia. Por consiguiente, que no se pudo evitar y que ocurrió enfrente de las narices de todos y sin que nadie hiciera nada.

Las crónicas de la muerte anunciada de 1981 y las crónicas de los feminicidios actuales, tienen su eje central en la violencia cotidiana, en el machismo, en la definición de la hombría y de lo que tiene que ser.

Cuando le preguntaron una vez al fallecido autor colombiano, Gabriel García Márquez, hace varios años, si tenía intención de escribir una novela negra, él contestó: Ya lo he hecho, se llama Crónica de una muerte anunciada.

Todavía recuerdo cuándo mi maestra de literatura en sexto de preparatoria nos dejó de tarea leer este libro. En cada página (aún sabiendo el final), rogaba porque alguien detuviera a los hermanos Vicario (asesinos de Santiago Nasar), en que cada vez que avanzara la historia hubiera alguien que detuviera esa muerte que, al final, los condenaría a todos y los convertiría en cómplices silenciosos. Eso somos todos, cómplices silenciosos al saber qué está pasando sin hacer nada. Al saber de muertes anunciadas, sin poder gritar y decirlo.

Cada vez que leo el periódico ruego porque alguien, o todos, detengamos las muertes diarias, las impidamos o por lo menos, hagamos algo para que no sigan ocurriendo.

Pero la muerte ya estaba anunciada, y en medio de esta tragedia, pienso en que los feminicidios no alcancen a Ingrid, a Fátima, en que los cuchillos de los hermanos Vicario no alcancen a Santiago Nasar. Pero no sucede. Lo que si es seguro es que un asesinato, el conocimiento de éste y una sociedad que se vuelve cómplice, sigue vigente en esta época, rogando siempre que las páginas cambien, que Santiago no muera, y que no haya un próximo feminicidio. Así estaremos muchos lectores, mexicanos y mujeres, hasta que no hagamos algo más, que haga que cambie el final de esta triste historia. Porque al fin y al cabo Crónica de una muerte anunciada es también una tragedia moderna.