El sábado pasado salí de fiesta con mis amigos y no se imaginan qué lugar tan increíble descubrí. Podría describirlo como la cueva de un murciélago… y no estoy hablando precisamente de Halloween!! Esta vez quiero platicarles sobre el más reciente proyecto de Enrique Olvera:  Ticuchi.

Hablar de Enrique Olvera no es cualquier cosa. Su reputación en la industria restaurantera lo precede. No necesita presentación; Creo que todos han escuchado alguna vez hablar sobre el trabajo de este gran chef mexicano quien ha puesto en alto la cocina nacional representándonos a nivel mundial y sobre su restaurante Pujol que ha ganado varías veces un lugar en la lista de los 50 Best Restaurants de Latin America lo que lo convierte en el mejor restaurante de México.

 Cuando Pujol se mudó a su nueva casa, el antiguo local estuvo vacío por más de un año. Enrique no quería deshacerse de él por el valor sentimental que representaba y tardó un tiempo en idear de la mano de Gonzalo (el gerente de su restaurante Cosme en NY) lo que hoy nos viene a compartir.

Nos presenta una experiencia nueva, fresca, diferente. Así es Ticuchi. Un lugar muy agradable con ambiente casual, cómodo y relajado para disfrutar con tus amigos o familia de un buen trago y de buena comida.

Ticuchi viene de la lengua Mixteca y significa murciélago; este lugar es un homenaje a este animal misterioso que, pocos saben, pero forma una  pieza clave en la polinización del agave y en la producción del mezcal y el tequila ya que es el responsable de dispersar las semillas y el polen. Así que le debemos mucho a estas criaturas!!

Cuando entras a Ticuchi te encuentras con un lugar oscuro, casi místico con una vibra mágica. iluminado con la luz de muchas velas, hace alusión a la cueva del murciélago. El lugar no es muy grande. Tiene una barra central rectangular donde puedes sentarte a tomar un drink y  varias mesas bajitas de granito negro en la terraza, un espacio en donde un domo en forma de cenote deja pasar la luz de la luna y un cuerno de alce (que tardaron 7 meses en conseguir) cuelga desde el techo como elemento central. Todo en este lugar resalta la grandeza de México, desde las decoraciones originarias de Oaxaca, la vajilla de barro color rojizo hecha a mano por los artesanos y la gran variedad de bebidas de magueyes y agaves que ofrecen en su carta. Llama la atención que no manejan marcas, si no que trabajan directamente con los productores mezcaleros de dos regiones principales en Oaxaca.

Siendo fiel a su estilo, Enrique nos presenta platillos modernos que evolucionan, sin olvidar sus raíces y técnicas mexicanas tradicionales y milenarias. Desde la entrada se puede ver una parte de la cocina en donde tres mujeres trabajan preparando masa y tortillas de maíz a mano sobre grandes comales.

Ingredientes autóctonos y locales del estado de Oaxaca como hojas, plantas, vegetales y frutas aparecen en todos los platillos y el maíz siempre está presente en alguna de sus múltiples formas. Casi todos los platillos vienen en tamaño de botanas para compartir.

Ricardo Arellano el chef de cocina, Oaxaqueño y panadero desde pequeño, nos comentó que su reto es hacer un menú típicamente oaxaqueño, humilde pero delicioso, en donde los vegetales y las salsas dejan de ser secundarios y pasan a ser los platos principales, resaltando sus sabores y ofreciéndonos su mejor expresión en lo que el chef reconoce como cocina sincera” sin utilizar la carne o la proteína como platillo central. Y aunque no me lo crean, en este menú estilo vegetariano no se extraña para nada la carne. Y lo digo con certeza ya que me dí a la tarea de probar TODOS los platillos del menú. El resultado: sorprendente!! Cada platillo más rico que el anterior. Mezclas y combinaciones originales de recetas mexicanas con algún giro especial. Mis favoritos: el aguachile de chilacayota, con pedacitos de coco fresco, lima, chile y toques de jengibre, refrescante y espectacular. El tamal de tomate con queso de cabra, quesillo y albahaca. No dejen de probar la

Barbacoa de hongos y los tacos de piña al pastor. Y por supuesto que no me iba a ir de ahí sin mi postre: churros de camote y maíz, calientitos y crujientes servidos con un champurrado de chocolate oaxaqueño y pixtle (hueso del mamey) espesito y perfecto para remojarlos.

Todos mis amigos estaban sorprendidos y contentos. El lugar perfecto para salir a platicar, convivir, comer rico, y disfrutar de la noche. Sin duda regresaremos pronto.

¡Se los recomiendo mucho! Si no han ido… ¡siempre hay una primera vez!

The Chic Wanderer

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