El domingo pasado fui a la marcha. Sinceramente hasta un día antes no sabía bien si iría ni como ni con quién. Lo único que sabía es que, si no iba, no me iba a sentir bien conmigo misma. Ese mismo día pude platicar con alguien que admiro por su coherencia, comparte como pienso y conoce mis debilidades, que me hizo ver muchas cosas y ya no hubo vuelta atrás. Fueron unas horas con sol y calor, cansada y conmovida también, le di mi preciada botella de agua a una señora mayor que la necesitaba mas que yo, vi a las chicas que violentaron comercios, pero también vi de cerquita muchas más voluntades y voces sumadas por un tema que me indigna. Ni verde, ni negro, ni morado, fui de blanco pensando en la paz. Mi cartel era un pedazo de caja que decía solamente “Paz”.


Luego ayer me pude unir al paro y estuve en silencio en las redes sociales, fue un día de manifestarme desde otro lugar y regalarme silencio para pensar. Puede parecer poco e inútil lo que hice, pero ver que tantas lo hicieron, el apoyo de mis amigos y que me pude vencer a mi misma me dan impulso ahora a seguir adelante en el día a día buscando sensibilizar y educar con el ejemplo en mi vocación docente.
Para algunos pude haber sido ser nada o una más, para mí fue saber que nada es mucho ni poco cuando se trata de alzar la voz y solidarizarse y luego ayer ese silencio……fue una lección enorme que guardo para mí.
No juzgo a quien no fue, más bien agradezco la oportunidad de haber podido vivir todo esto.
Me quedo en paz y con mi corazón de mujer lleno de amor por mi país. Hoy me levanto a trabajar con un impulso diferente.