“La búsqueda de la imposible perfección es lo que te hace soñar”

Enrique Ponce

 

Me considero un taurino de corazón y amante de la fiesta brava de toda la vida, aunque debo confesar que he estado un poco alejado de ella por los últimos años; no por convicción, sino más bien por temas logísticos y falta de compromiso para con la misma. El toro o más bien la fiesta taurina siempre ha dividido opiniones y no es de mi interés entrar en discusión en esta ocasión, solo me interesa enfatizar que unos creemos que es un arte y otros más que es una carnicería.

El martes pasado mi amigo Francois me hizo una atenta invitación para asistir a la corrida de Aniversario de la temporada grande 2019-2020, la cual se celebraría como todos los años el día 5 de febrero y en la cual se presentarían “El Zapata”, el español Antonio Ferrera, la figura del toreo Morante de la Puebla y ”El Payo”. Me vendía la idea de pasar una tarde de toros entre amigos y risas. Mi respuesta evidentemente fue afirmativa y me puse a sus benditas para que me informara donde nos veríamos y demás detalles de importancia.

El punto de encuentro sería en El Chanclas de Polanco, simplemente con el afán de agregarle un tinte español a la tarde. Aquí nos reuniríamos con “El Barón” y “Tyson”, con quienes formaríamos la cuadrilla que asistiría a tan emotivo evento. Comenzamos la tarde como se debe, con una tortilla de patata tierna, unas croquetas de jamón y como aperitivo habría pedido un Tío Pepe para declarar como inauguradas las hostilidades de tan ilustre fecha.

Como teníamos el tiempo encima optamos por pedir todo al centro de la mesa y le sugerí a nuestro amable camarero que fuera trayendo los sagrados alimentos tan rápido como fueran saliendo de la cocina. El primero de la tarde sería el Solomillo con una salsa de queso Cabrales espectacular. Le seguiría el Pescado “Tardif”, un pescado blanco con una cama de angulas y camarones, al cual solicitamos le dieran arrastre lento cuando nos lo retiraran de la mesa. El tercero de la tarde sería el estofado “riojano”, un filete finamente picado y de gran presencia, cocinado en vino blanco. Para rematar la tarde cerraríamos con el arroz negro, el cual es cocinado en tinta de calamar, presentado con unos camarones perfectamente cocinados y con un poco de aioli. Orejas y rabo serían otorgadas al chef.

 

Con tanta comida habría que pedir un buen vino a la altura de la tarde, así que opté por pedir uno de Ribera del Duero de nombre Psi añada 2016. Un caldo de alto grado de complejidad y sabor extraordinario. Las iniciales del vino provienen del afamado nombre de Peter Sisseck, enólogo de la afamada bodega Pingus, decidió emprender un proyecto para encontrar el alma de la ribera del Duero, haciendo uso de agricultura orgánica y biodinámica, pero también con una enorme gratitud hacia esa entrañable región, por haberle dado la oportunidad a este winemaker danés de haber podido crear uno de los vinos españoles más venerados en la actualidad.

Chocamos nuestras copas y degustamos una comida espectacular. Para el último tercio pediríamos la cuenta con cierta prisa, no sin antes rematar con unos carajillos para entrar en calor en esta fría tarde de invierno y darnos fuerza para los 8 toros que presenciaríamos en unos minutos más.

A la llegada a la Monumental, las hordas de gente no se hicieron esperar. El tráfico hizo que tuviéramos que caminar las últimas cuadras de nuestro trayecto. Los pasos finales serían guiados por olores de puestos de tacos, guisados y garnachas que se encuentran protegiendo este sagrado recinto. Nuestro paso se mantuvo firme y una vez que pudimos pasar las decenas de guardaespaldas por un lado y los ya tradicionales anti-taurinos manifestándose en contra la fiesta del otro lado, pudimos entrar a la Monumental.

El reloj marcaba las 4:30, el festejo comenzaba con el famoso “paseíllo” por parte de los matadores y sus cuadrillas. Mientras conseguíamos unos cojines para no sufrir de más debido a no gozar ya de una retaguardia privilegiada, el cartero saludo de beso y abrazo a nuestro anfitrión Francois, y nos recibía Con dos claras y dos obscuras para disfrutar del primer astado de la tarde, el cual por cierto pasaría por desapercibido.

La Tarde era fría y con vientos intensos, unas horas antes se habría emitido una alerta amarilla por la misma razón, a lo que la mayoría de los asistentes habría hecho caso trayendo sus más calientes y finos trapos a la plaza. Nuestro mayor (no maduro) y buen amigo “Barón” no se hizo esperar y nos presumió su finísimo sombrero Stetson de pelo de castor, el cual cabe aclarar que hizo enfurecer a algunos de los protectores de animales que se encontraban fuera de la plaza,  a la hora que lo vieron pasar.

Un 5 de febrero pero de 1946 fue inaugurada la Plaza México, asombrando desde entonces a propios y a extraños por ser, hasta la fecha, la plaza de toros más grande del mundo. En un cartel digno del magno escenario: Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete”, y Luis Procuna, con toros del hierro entonces avecinado en Zacatecas de San Mateo, hicieron el paseíllo y comenzaron a escribir la historia de nuestro máximo escenario taurino.

El primer toro lidiado en la considerada Catedral del Toreo en México llevó por nombre “Jardinero”, cárdeno oscuro que estuvo herrado a fuego con el cabalístico número 33, y correspondió en suerte a Luis Castro “El Soldado”. Desde entonces la Plaza México ha sido un recinto que ha catapultado al estrellato a matadores, pero a muchos más los ha enterrado.

Al siguiente astado de la tarde le tocó el turno de Ferrera, quien por cierto resultaría el triunfador de la tarde y saldría en hombros por la puerta grande unas horas después. Morante en su primero daría un concierto de detalles artísticos y temple que le valdrían un apéndice. “El Zapata” se consagraría con su segundo toro al colocarle unas banderillas como los mismísimos dioses. El mejor toro de la tarde le tocaría al “el Payo” quien no pudo redondear la faena que había logrado al matar de muy mala manera, tirando su faena a la basura.

La plaza de toros México es una plaza poco común dentro del mundo taurino, una de esas cualidades o distractores para los más puristas son la inmensa cantidad de vendedores que se dan cita en los tendidos, los cuales ya forman parte intrínseca del folclor mexicano en estas corridas de toros. La diversidad de productos que se ofertan es importante y ha ido en aumento a través de los años.

Para empezar la tarde taurina no pueden faltar las “llévela llévela” ricas botanas: papas fritas, cacahuates (salados, enchilados o japoneses), nueces de la India, pepitas, churritos y los clásicos y famosos cueritos con limón y sal. Todas estas botanas siempre acompañadas por su bote de salsa picante para el que trae antojo de enchilarse.

Si algún espectador tiene un poco más de hambre siempre se puede pedir una pizza hawaiana o de pepperoni, ¿Tortas? Las hay de jamón, pierna o milanesa, al igual que empanadas, sopas Ramen, chapatas de jamón o los tradicionales y siempre ganadores “choripanes” y esquites de pueblo.

Cuando la tarde de toros comienza a refrescar, aparecen los vendedores de café americano, capuchino o té. Para acompañar y poder chopear estos últimos, se puede conseguir una buena rebanada de panqué o donas de todo tipo de colores y sabores. Los que nunca pueden fallar en una tarde de toros, son los tradicionales “merengueros”, quienes también venden alegrías, obleas y pepitorias. Helados y paletas de sabores obviamente. Pero esto no es todo, también podemos encontrar churros rellenos, pan, chocolates, pasitas, galletas y palomitas de horno de microondas, así como algodón de azúcar con su respectivo juguete para el niño.

Algo que es relativamente reciente es la venta de bebidas alcohólicas de tipo ron, whisky o tequila servidos directamente en tu lugar, así como los deliciosos carajillos. Billetes de lotería, cigarros, puros, encendedores y hasta impermeables para la tarde lluviosa.

Como se puede ver, la Plaza México es un lugar sin igual, en la cual no hay lugar para pretextos para no tener una tarde agradable, a excepción de una mala faena. Para nosotros la tarde llegó a su fin y la fiesta habría acabado para esta humilde y emotiva cuadrilla, mas no para los integrantes de la conocida “Porra de Alcohol” de Sol General, que por los emotivos gritos y cánticos que emitían, nos imaginamos que su noche apenas estaba empezando. Una tarde más para la Monumental Plaza México que no dejaríamos que llegara a su final sin antes pasar a rematar con unos tradicionales Tacos del Villamelón para poder irnos a dormir cual querubines.

@huey_tlacuali