He estado pensando en mi responsabilidad como empresaria consciente en torno al paro del 9 de marzo. La cuestión es mucho más profunda que el  cuestionamiento sobre la falta de flujo económico de ese día.

¿Por qué se valdría que yo me quede resguardada en casa con mis pollitos, mientras les pido a las mujeres que trabajan en mi negocio que se presenten como si no estuviese pasando nada? ¿Por qué unas mujeres tienen derecho a manifestarse y otras no?

Para mí es un privilegio y una responsabilidad importante ser mujer y tener la posibilidad de decidir qué va a suceder en ese espacio.

 

Pienso que los hombres que nos rodean y que son solidarios y sensibles son quienes pueden apoyarnos a dar este momento de paro y silencio, porque no es una cuestión de género, de clases sociales o de posturas políticas.

 

Me parece que es momento de unirnos en conciencia como humanidad para rescatarnos de la ceguera y el estoicismo con el que vemos pasar cosas terribles frente a nuestros ojos. Es hora de unirnos en conciencia por todos y para todos, para recuperar la paz y la libertad de las que somos merecedores.

Dejemos de cuestionarnos sobre los movimientos políticos que puede haber detrás del movimiento. Dejemos de criticar y separarnos por ser feministas o no serlo. Pensémonos como una humanidad unida y necesitada de respeto, paz y amor.

Las personas en situación de tomar decisiones sobre la postura de las empresas o instituciones debemos hacerlo de manera firme y amorosa. Por favor no dejemos que la tibieza nos mantenga mudos.