Amanecí una mañana de principios de marzo con una leve fiebre y un poco de tos mas parecida a una alergia matutina. El doctor me mandó la prueba del covid-19, los resultados tardaron unos 8 días y la enfermedad avanzaba muy lentamente, era una especie de gripa con mucho dolor de cabeza, agotamiento y dolor de cuerpo..

Desde el primer día me aislé de mi familia, no tenia contacto con ellos, me daban mis comidas en charolas y nadie se me acercaba…

No podía tocar nada y lo que tocaba, había que desinfectarlo inmediatamente.

Las indicaciones del doctor, eran por teléfono o mensaje de texto, me dijo que por su seguridad,  no recibían a ningún paciente con sospecha de covid o con covid.

Me indicó que me comprara un Oxímetro, para medir mi oxigenación y me explicó que si bajaba de 90, me llevaran urgentemente al hospital. Entonces mi oxigenación estaba en 92-93. Me recetó nebulizaciones y paracetamol.

Una mañana mi sentidos del olfato y gusto desaparecieron  por completo, parecía que cualquier cosa que comía era cartón,  me costaba comer, mi estomago se cerraba, perdí el apetito. A la semana amanecí con un fuerte dolor de espalda, me dolía respirar. La tos que antes era eventual se hizo mas frecuente, casi indispensable si yo quería respirar.

Mis hijos y mi marido al ver que mi oxigenación bajó a 87, decidieron llevarme al Hospital

Fue una decisión muy difícil para todos, habíamos visto como amigos nuestros españoles habían ingresado en el hospital a sus familiares y no podían verlos en mucho tiempo o no los volvían a ver. Lo discutimos en familia, la enfermedad avanzaba y la tos empeoraba dificultando mi respiración. Al ver el miedo reflejado en los ojos de mi familia capté que mi situación era mas grave.

Al llegar al hospital, me ingresaron en Urgencias, todo era surrealista, médicos y enfermeras  con sus trajes protectores para materiales peligrosos, como en una película de ciencia ficción, pero no es ficción, té está pasando a ti,  tú eres la tóxica, nadie te toca ni se te acerca.

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Me hicieron placas de tórax y vieron que ya tenía tomado parte del pulmón.. una bacteria, una neumonía, daño colateral que provoca el virus.

El doctor, encantador, me explica que estoy en el límite para ingresarme pero no hay habitaciones disponibles que necesito oxígeno y que me podría quedar unos días en urgencias en una camilla, hasta que se libere una habitación. Gracias a Dios, en mi casa tengo un equipo de Oxígeno , el doctor me dejó irme con un tratamiento de Plaquenil y Azitromicina por 6 días y la promesa de utilizar el oxígeno 24 horas al día.

Las 10 horas que estuve aislada en urgencias me hicieron imaginarme a los que están internados sin poder ver a su familia, sin entender que les está sucediendo y sin poder comunicarse con el exterior… tiene que ser una pesadilla.

Mejoré muchísimo con el tratamiento y el oxígeno , pero al finalizarlo, el virus volvió a avanzar.. y empecé otra vez a no poder respirar, reapareció la tos y con ella un miedo e impotencia al ver que el tratamiento no me había funcionado.

Las noticias no me ayudaban, un amigo con el que había cenado, estaba internado con respirador en terapia intensiva. Algunos tenían la suerte de sufrir el virus sin síntomas y otros estaban entre la vida y la muerte. Hablaba con otros pacientes de covid y a ellos su doctor les había recetado otro tratamiento diferente. Parecía como si estuvieran intentando encontrar a base de experimentación que curaba a cada uno, pero sin saber a ciencia cierta que podría funcionar.

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El cansancio era ya parte de mi, me costaba mantenerme de pie, no me quería mover del sofá al cual estaba confinada, y dormitaba parte del día. Las noches tenía pesadillas, dormía con un rosario en mi mano y rezaba cómo nunca lo había hecho en mi vida.

Mis amigos y mi hermano me llamaban todos los días y su preocupación y cariño me daban fuerza y aliento, me sentía cobijada por ellos. No sé que habría hecho sin ellos, gracias por haber estado ahí y gracias por sus oraciones.

El virus, esa enfermedad que a unos les pasaba sin dejar rastro y a otros los atacaba sin piedad… ¿de qué dependía?

Para entonces mi doctor me mandó una resonancia y mas exámenes, en la resonancia mi pulmón aparecía tomado ya en un 30% por la neumonía. Decidió entonces ¨intentar¨ otro tratamiento, nebulizaciones cada 8 horas y 15 días de antibiótico para la neumonía, siempre con el oxígeno.

Treinta días después, mi cuerpo venció al virus.

¿Qué si tuve miedo? Sí, algunas noches pensaba que tal vez mi cuerpo no ganaría la batalla, que no volvería a abrazar a mis hijos y mi marido a pesar de tenerlos tan cerca.

He estado enferma antes, pero nunca había pasado mes y medio sin un apapacho, un abrazo  o un beso de mi familia, de mis amigos. Es una enfermedad muy cruel, te quita  todo contacto humano en todos los sentidos, no puedes tocar nada por que lo contaminas, no nos damos cuenta de todas las cosas que tocamos hasta que no puedes hacerlo, todo se vuelve tóxico. Tú eres el veneno.

La tos no es lo grave, ni la fiebre, lo mas terrible es la incertidumbre y la falta de contacto humano. Hoy soy diferente, soy consciente de cada inhalación cuando respiro y cada abrazo que recibo.

#ElMundoDeRegina