Existe una imagen que se repite con demasiada frecuencia en la vida de ciertas mujeres: son las últimas en apagar la luz. Cuando todos duermen, ellas siguen.
Revisando pendientes del trabajo, calculando lo que falta en la cuenta, recordando el compromiso del colegio y pensando cuándo fue la última vez que se preguntaron cómo estaban —y que la respuesta no fuera un “bien” automático—.
“No son mujeres frágiles. Son, precisamente, todo lo contrario: mujeres con criterio, con historia y con una capacidad de sostener que a veces roza lo sobrehumano. Tienen entre 35 y 55 años. Son madres, profesionales o emprendedoras. Algunas pausaron o abandonaron sus carreras para cuidar a sus hijos; una decisión tomada desde el amor que el tiempo, en muchos casos, convirtió en una trampa silenciosa. Todas han trabajado en sí mismas y saben, en teoría, que merecen cuidado”.
Pero el problema es que saberlo no alcanza cuando el sistema no cambia y cuando la única que no aparece en la lista de prioridades son ellas mismas.
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La carga invisible y el costo del perfeccionismo
Siempre se ha hablado de la “doble jornada” para describir la carga que tienen las mujeres que trabajan fuera de casa y luego llegan a hacer las tareas del hogar. Pero hay otra realidad de la que se habla mucho menos: la de quienes decidieron pausar o renunciar por completo a sus carreras para que su familia funcionara.
“Este pacto silencioso, hecho desde el amor, muestra su lado más difícil ante un divorcio, cuando muchas se descubren de pronto sin ingresos propios ni estabilidad económica. Cuidar de los demás es el motor que sostiene a la sociedad, pero es un trabajo invisible que no se paga ni se reconoce. De hecho, tiene una trampa muy cruel porque cuanto mejor lo haces y menos te quejas, más invisible te vuelves para los demás”, explican.
Y aunque exista la tendencia a creer que se puede con todo, el cuerpo registra el agotamiento extremo mucho antes de que la mente quiera admitirlo. Por eso, muchas mujeres viven aceleradas, siendo extremadamente productivas para ocultar una profunda tristeza o ansiedad.
“El perfeccionismo no es por vanidad ni ganas de lucirse; es una estrategia de supervivencia para protegerse de las críticas y del miedo a no ser suficientes. El problema de construir esta armadura de ‘mujer perfecta’ es que pesa demasiado y termina aislando, impidiendo que los demás se acerquen a acompañar de verdad. Al final, se deja de valorar a la mujer por quién es y solo se le valora por lo que es capaz de sostener”.


El poder de ser acompañadas
A pesar de haber ido a terapia, asistir a retiros o leer sobre crecimiento personal, hay algo que el trabajo individual simplemente no puede resolver.
“Llegar a ser quienes realmente somos no es un proceso que se logre en el aislamiento; se necesita de otras personas que sirvan de espejo para reconocerse. Las emociones no son un obstáculo, sino una brújula inteligente que dice qué es lo que de verdad importa. Al final, todo esto confluye en una sola certeza: hay transformaciones profundas que solo ocurren cuando se está genuinamente acompañada”.
Recuerdan que esto no viene de estos tiempos, sino que hace casi un siglo se escribió que una mujer necesita dinero y un cuarto propio para poder crear de manera independiente. Hoy, esa idea se ha convertido en una necesidad vital: las mujeres necesitan con urgencia un espacio —físico, de tiempo y de descanso— que sea exclusivamente suyo. Un refugio donde no tengan que cumplir con ningún rol, donde nadie espere nada de ellas y donde puedan, por fin, ser ellas mismas de verdad.


Entre Nosotras: un refugio para soltar el peso
Entendiendo la urgencia de este llamado, Sonia Tawil y Gaby Solórzano decidieron unir sus carreras y trayectorias de más de dos décadas acompañando a mujeres en su expansión de conciencia.
Como psicoterapeuta, conferencista y autora del libro La Rebelión del Yo, Sonia Tawil ha dedicado su camino a integrar la neurociencia para ayudar a romper con identidades heredadas y empezar a elegir las propias en absoluta libertad.
Por su parte, Gaby Solórzano, como especialista en liderazgo humano, psicología transpersonal y cultura organizacional, ha enfocado su experiencia en crear comunidades de impacto positivo donde el bienestar, el propósito y la prosperidad coexisten de manera sostenible.
Uniendo estas dos visiones nació Entre Nosotras, un espacio de encuentro mensual, íntimo y por invitación, que se llevará a cabo a partir de septiembre en Las Lomas. Allí, treinta mujeres se reúnen alrededor de una cena para privilegiar la profundidad sobre la escala.
No es un club social ni un programa de capacitación; es un refugio curado donde la invitación personalizada dice: “Te vi, te elegí, hay un lugar para ti aquí”.
Para quienes han pasado la vida demostrando su valor, recibir sin tener que dar nada a cambio resulta una experiencia completamente transformadora. Porque para la mujer que lleva demasiado tiempo siendo el pilar de todo, existe un santuario diseñado especialmente para ella. Y ahí, por una vez, está permitido soltar el peso y reencontrarse en compañía.
CONTACTO
@sonia.tawil
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