Afortunadamente, ella no es como Diana, Kate o Meghan, sino totalmente genuina, algo raro de encontrar en una royal. Ana la única hija de la reina de Inglaterra encarna lo que una princesa del siglo XXI debería de ser: es sincera, muy trabajadora y alejada de estereotipos.

Quizá su estatus de hija de la monarca pero sin la obligación de reinar le dio cierta libertad a Ana de Inglaterra, princesa real, y tal vez por eso no sea una rígida (y aburrida) miembro de la casa Windsor sino todo lo contrario.

Ella no tiene la presión de Carlos y aun así cumple estrictamente con todos los deberes reales que le han asignado o que ella ha tomado, como ser patrona de Save Children desde hace 50 años, mucho antes de que ser un embajador de esa ONG y otras más fuera algo común. ¿Un dato más? Claro, por ese trabajo, en 1990 estuvo entre los candidatos a ser nominado para el Premio Nobel de la Paz. ¿Qué tal, fans de Diana, Kate y Meghan?

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Y todo esto lo hizo con un relativo bajo perfil. Ana es de las que van, trabajan (tiene hasta tres eventos al día) y regresa a casa. Es obvio que no tiene la cobertura de los descendientes directos de Carlos (el heredero al trono), pero justo por no tener el reflector encima, ella quizá podría disminuir su labor, pero no lo hace.

Este sábado, Ana cumplirá 70 años, y quiero celebrarla contándote por qué es una princesa moderna y fuera de serie.

Un carácter decidido

A diferencia de Carlos, Ana es intrépida y se dice que heredó el carácter de su padre, el príncipe Felipe, siempre directo e incisivo en sus comentarios públicos. La chica libre que descubrimos en la tercera temporada de The Crown también revela a una mujer de su tiempo: inteligente, independiente, segura de sí misma.

Y lo demostró hasta el día de su boda con un maravilloso traje que marcó un hito en los años 70 por original, como ella. El vestido que usó en su enlace con el teniente Mark Phillips es una unión de tendencias de la época con detalles del medievo y la era Tudor que revelaba la libertad de la década y de la propia Ana. El cuello chimenea, las mangas largas y amplias y la cintura marcada pero sin ceñir en extremo marcó diferencia con los trajes ajustados y muy elaborados de novias reales de años anteriores. Era digno de una princesa real y al mismo tiempo de una mujer moderna.

Y es justo este rasgo el que considero que ha hecho de Ana una princesa actual, de esas que Disney nos quiere vender ahora, pero desde hace solo unos años porque la mayoría de sus “princesas” anteriores son como muchas de las royals de hoy: rostros perfectos, chicas bondadosas que jamás dicen una mala palabra o cometen un error y que, claro, hacen labor social pero sin involucrarse del todo.

La hija de Isabel II no es “preciosa”, su belleza física radica en que sus rasgos son únicos y no nos remiten a la típica chica “bonita” que enamora a todos, como han sido Diana y Kate, con rostros hermosos, sin duda, pero bastante apegados a los estereotipos de la belleza en Occidente. 

Las personas que la conocen de cerca hablan de su forma de ser cordial, alejada de acartonamientos:

“La princesa real es cálida, atractiva y divertida, con una impresionante capacidad para desarmar a la gente. ‘¿Qué te gusta hacer aquí?’, le pregunta a una cuidadora. ‘Descansar’, responde la mujer, lo que hace que Ana se ría a carcajadas”, cuenta Katie Nicholl, especialista en realeza de Vanity Fair, quien la entrevistó para la portada de esta revista en mayo. 

Nicholl avala lo que dice con testimonios de personas que conocen a Ana, quien tampoco tiene a un batallón de personas a su alrededor para apoyarla. La reportera dice que solo la acompañan un guardia personal y su asistente, y que es la princesa quien elige su guardarropa y se maquilla (discretamente). En un día, Ana puede cambiarse de ropa hasta dos veces debido a su apretada agenda de trabajo.

La asistente de la princesa la acompaña desde hace 30 años, y dice que esta no se detiene “ni para tomar una taza de té”. También le comentó a Vanity Fair que el don de gentes de Ana y su curiosidad natural sobre los lugares que visita los meten en problemas porque se puede demorar siempre están al borde de la impuntualidad entre un evento y otro. La asistente contó que Ana “trabaja más de lo que sería necesario: visita varias veces al año los centros que preside o de los que es mecenas”.

Una royal única

Otra acción que también define a la hija de Isabel II como una royal poco convencional es que decidió que sus hijos no recibieran ningún título y por tanto el trato de “altezas reales”, a diferencia, por ejemplo, de Andrés, que de ningún modo renunció a esto para sus hijas y hasta hace muy poco peleaba para que ellas tuvieran protagonismo en la familia real y recibieran un sueldo, a cargo del erario inglés, por supuesto y no precisamente de su bolsa que, de hecho, era pagada por el Estado.

Pues Ana renunció a ello tanto para Peter como para Zara, sus hijos, de 42 y 38 años, respectivamente.

“Creo que era más cómodo para ellos, y también creo que la mayoría de la gente estará de acuerdo en que los títulos no conllevan solo ventajas. Así que creo que hice lo correcto”, dijo a Vanity Fair.

Y su vida privada es otro ejemplo de hacer lo correcto… para ella y no para la Corona. En 1989 decidió divorciarse de su primer esposo, quien tuvo un affair y una hija con otra mujer. Y aunque lo hizo en medio de los rumores de que tenía un nuevo amor (el vicealmirante Timothy Lawrence, su actual marido) rompió con un tabú respecto a los matrimonios eternos (e infelices) de la realeza. Su tía Margarita había hecho lo mismo años antes, y aunque su abuela, la reina madre, no estuvo de acuerdo con ambos divorcios, Ana decidió que lo primero era ella y su felicidad, ¡bien!

Nuestra princesa moderna también ha sido una buena atleta, es conocido su amor por los caballos y la equitación, participó en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 así como en otras competiciones internacionales. Y sí, muchas otras royals son jinetes expertas, el detalle es que son todo lo contrario a Ana en cuanto a su trabajo y forma de ser.

Y si pensábamos que por ser intrépida, original, trabajadora y no quedarse callada era una mujer sin estilo, pues vaya error porque la princesa real también se ha distinguido por su forma de vestir, sobre todo en su juventud. Además era la reina del reciclaje y apoyaba a diseñadores locales (su vestido de novia es un ejemplo) muchísimos años antes que Kate Middleton o la reina Letizia, por ejemplo.

¿Ves por qué pienso que Ana es el prototipo de lo que debe ser una royal en el siglo XXI?

Ser princesa de cuna no es todo, claro, pero ella supo usar ese título para trabajar, desde su trinchera, por varias causas sociales y no ser solo la niña de la reina de Inglaterra. Por eso es una de las Windsor más respetadas y queridas por el pueblo británico, y aunque la edad pudiera parecer un pase a irse a descansar, la princesa no piensa hacerlo porque dice que su mayor ejemplo son sus padres. Y vaya que tiene razón.

Este sábado 15 de agosto, Ana cumplirá 70 años. Su mamá tuvo que posponer un gran festejo en Buckingham por la pandemia por el coronavirus, sin embargo, a través de su cuenta oficial la reina está publicando fotos y recuerdos de su pequeña. 

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Por su parte, Vanity Fair reporta que la princesa real celebrará con su esposo en algo que ambos aman hacer, viajar en su barco por las bellísimas costas del oeste de Escocia que tanto disfruta ella. Una celebración como Ana, alejada de estereotipos absurdos. 

 

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