Por Suraya Lotfe

Afortunadamente cada día son menos las personas que piensan que solo los que “están mal” acuden a una psicoterapia. En muchos países hablar de tu psicólogo o de tu psiquiatra es sinónimo de status. Cada vez es más frecuente ver en películas y series como acuden a una terapia psicológica para poder resolver alguna situación que están viviendo. En el área académica la importancia que tiene la salud mental y psicológica de una persona es considerada desde muy temprana edad de vital importancia. 

Existen varias corrientes psicológicas, la terapia GESTALT se encuentra dentro de la del Humanismo; que es básicamente un trabajo de desarrollo personal.    Es un apasionante viaje de autodescubrimiento que favorece el crecimiento del ser humano basado en remarcar la importancia de lo que ocurre en el presente. En nuestro día a día.  Aquí y Ahora. 

¿Cómo podemos saber cuándo recurrir a una Psicoterapia?

Podría decir, sin temor a equivocarme, que en cualquier momento de nuestra vida podríamos o deberíamos hacerlo. Encontrar un espacio en nuestro “Twenty-four-seven” sólo para nosotros, para comprender el origen de nuestros comportamientos, de nuestras relaciones afectivas y sociales. Escucharnos, dejarnos sentir, explorar miedos y confrontar todos nuestros demonios (en mi artículo anterior escribí sobre uno de los tres demonios que no nos dejan avanzar en la vida: Asuntos Inconclusos, Introyectos y experiencias obsoletas) y que lo más seguro es que nos pueden hasta sorprender al reconocerlos. La creencia en un desarrollo ideal que no requiere de un esfuerzo ni atención es una encantadora fantasía. Dar un paso terapéutico requiere de una dosis de valor y compromiso.   Nos beneficiaremos con el simple hecho de dedicarnos tiempo para nosotros mismos y darnos la importancia que nos merecemos.

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Uno de los objetivos de la Gestalt es que incrementemos nuestra capacidad de insight, de darnos cuenta, acerca   de lo que hacemos o estamos dejando de hacer y que nos conduce como resultado a experimentar lo que estamos viviendo. Dejar a un lado la razón, promover que tengamos más contacto con nuestros sentimientos, con nuestras emociones y con nuestras auténticas necesidades. Nos hagamos responsables de nuestros actos y que tengamos un buen nivel de autoapoyo, recursos y herramientas entre otras muchas cosas más para ir resolviendo lo que se nos vaya presentando.   

Abrirnos a la novedad, a las nuevas experiencias que nos ofrece la vida. Dejar de aferrarnos a ideas y acciones inútiles que solo nos llevan a ir muriendo lentamente, a la involución más que a la evolución.  Adaptarnos   al cambio y dar nuestra mejor respuesta.  A vivir el presente, aceptarlo y si es posible disfrutarlo al máximo. 

Solo si tenemos claro lo que deseamos, si podemos distinguir entre lo que nos gusta y lo que no, si perseguimos nuestros sueños, nuestros anhelos y si podemos definir claramente   nuestras prioridades, entonces y solo entonces todo tendrá sentido y será más fácil encaminarnos hacia nuestro objetivo.  La psicoterapia nos puede ayudar a reconciliarnos con nuestra historia personal y lograr obtener la mejor calidad de vida que tanto necesitamos.   La libertad de elegir, esa sensación de paz y tranquilidad que da el saber que estamos en el camino adecuado, creando constantemente nuestra propia existencia y descubrir el rumbo que hemos decidido seguir. 

Del libro ” Desde el Diván” escrito por Irvin D. Yalom, uno de mis autores favoritos, rescato este pensamiento: “Si quieres sentirte orgulloso de ti mismo, haz entonces cosas de las que puedas enorgullecerte”.

#ReginaTeLoCuentaMejor