No todas las mujeres son víctimas

No todas las mujeres son víctimas
No todas las mujeres son víctimas
Sofia Aguilar

Sofia Aguilar

| 29 abril 2021

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En mi casa se habla de sexo, se habla de darse, se habla de anticonceptivos, se habla de prevención, se habla de violencia, se habla de todo.

Mis hijos tienen 15 ella, y 11 él. 

Ella apenas comienza con las agarradas de manos del cuate que le gusta, aún tiene dudas de lo que sigue, aún tiene nervios. 

Pero vive rodeada de historias de amigas que ya se dieron más de una vez, que ya tienen suprimer novio, y amigas menos cercanas que ya tuvieron sexo. Incluso, algunas conocidas que tuvieron necesidad de la pastilla del siguiente día”.

Aquí se habla de todo lo que nos ocurre y, cuando no se habla (que pasa poco), incluso el aire se siente pesado -y alguno de los tres tarde o temprano- abre la boca y cuenta algo.

Esto no sucedió por yo haberlo leído en algun libro de parenting, sino porque se dio, y esa puerta abierta con mis hijos es de lo mejor que tengo en la vida.

Ella (la de 15) sabe que puede contar conmigo en cualquier caso, pase lo que pase. También sabe que si se equivoca aquí estaré para sostenerla y, si toma la decisión – antes de tiempo – de tener relaciones sexuales, podrá contármelo y también veré cómo cuidarla.

Cuento todo esto porque si algo me tiene enojada (y un tanto obsesionada) es el tema de las niñas “que se posicionan como víctimas” y acusan falsamente a los chamacos de violación.

Necesitan urgentemente que sus mamás les expliquen “que es eso”. O, mejor aún, que dichas mamás primero aprendan qué conlleva una violación* antes de pensar en la “reputación de sus hijas” y correr a destrozar la vida de un niño.
*El delito de violación es el acto de cópula a través del uso de la violencia física o moral.

Pero si pudiéramos ser aún más precisos, ¿no estaría mejor tener una comunicación sexual abierta con los hijos, antes de asumir los hechos?

Así evitaríamos tanta confusión y no se hubiera dado este caso entre X y Y. De hecho, hubiera estado ideal contar con cuatro padres responsables, en vez de solo dos.

Llevo 3 artículos escritos (la misma historia dividida en 3) para otro medio – sobre este tema – y seguiré haciéndolo con quien me dé un foro. Porque han de saber que existen líderes de opinión con voces fuertes que no quieren mojarse con este tema, aunque les parece que es brutal; prefieren, como dicen ellas, “llevarla bien con las feministas”.

Y esto me enfurece aún más. Ese miedo de alborotar a las feministas, sobre todo porque yo me considero una. Entonces si las demás se alborotan -porque estoy defendiendo a un hombre inocente y acusado falsamente de violación- no soy yo la del problema. Vénganse encima. I can take it.

No me voy a quedar de brazos cruzados porque el porcentaje de hombres acusados falsamente sea tan bajo, es más, aunque solo fuese éste.

Salvar a las mujeres no significa condenar a todos los hombres. 

Por si alguien que me lee no sabe esto. Cada diciembre las niñas de las escuelas “bien” de esta ciudad organizan una cena donde ellas escogen a los niños que van invitados; cada una decide con qué pareja quiere asistir y ese día “se vale” atreverse a invitarlos.

X decidió que quería ir con Y y, como no lo conocía bien, una amiga suya lo invitó. En la fiesta estuvieron dándose y pasándola muy bien juntos, y también en algún momento fueron al baño y tuvieron relaciones sexuales.

De acuerdo a todos los testigos de la fiesta ya entrevistados (de ambos géneros), X y Y salieron riéndose del baño en cuestión. Y siguieron los besos y las caricias el resto de la noche.

Al siguiente día, Y le preguntó a X si ya se había “hecho cargo” y ella le respondió que sí, que ya se había tomado la pastilla del siguiente día.

Después X le preguntó a Y (por Snapchat) si quería un second round, y él le respondió que tenía algo más que hacer. Él sin saber que iba a caer enfermo al siguiente día y tener que pasar unos días en el hospital, ante lo cual dejó de responder mensajes. Los de ella y los de todos.

Transcurrió diciembre, y X estuvo en la playa con varias amigas, subió muchas fotos y stories a su IG, mismas donde se le veía bailando y pasándola genial. Un día, durante esa misma vacación, subió una foto de ella junto a Y* (el día de la cena) y ahí comenzaron los comentarios de sus amigas y los chismes de esa sociedad pequeña, de la que forma parte.

*(eventualmente X quitó la foto de sus redes)

En enero X regresó y volvió a buscar a Y, él no respondió, y en febrero lo acusó de violación.

Este micro-resumen que les hago evidentemente no es ni un ápice de la historia completa, pero no pretendo dar detalles innecesarios que hieran a ninguna de las partes, y lo que les puedo garantizar es que todo lo que yo sé está basado en una carpeta de investigación, misma que está en manos del Ministerio Público, y contiene evidencias contundentes en forma de fotos, mensajes de WhatsApp, mensajes capturados de Snapchat, y voice notes.

Pero nuestro sistema de justicia, además de ser un sistema lleno de errores donde han pasado inadvertidos miles de crímenes, en materia de violencia contra las mujeres, tiene hoy (por lo mismo) una visión totalmente sesgada ante la ley de igualdad de género -donde la mujer ya es víctima de facto- y aunque yo soy la parte de las mujeres enfurecidas, -por la impunidad de nuestro país– repito, eso no me da derecho a sacrificar a ningún hombre.

El MP tendría la obligación de ser imparcial y determinar todas las carpetas de investigación.

Nadie quiere quemar viva a X (la acusante), pero debemos ser objetivos, en vez de ignora los elementos verídicos, que existen en dicha carpeta.

El abogado de Y (Lic. Katz), me concedió una entrevista y con él pude aclarar todas mis dudas, sin el componente emocional.

Después, entreviste a ambos padres de Y y, finalmente, hable con la Dra. Julia Borbolla, quien es una de las autoridades máximas de nuestro país en temas de psicología infantil y adolescente.

Todas estas entrevistas, grabadas y escritas en mi cuaderno, quisiera compartírselas, pero sería imposible.

Lo que sí tienen que saber es que cuando X llegó al ministerio público, con su madre, en febrero (tres meses después de la fiesta), a hacer una acusación de violación, donde explica que la agredió sexualmente en un baño, en ningún momento de su narrativa describe la forma en que se produjo dicha violencia.

Una psicóloga que no la vio en persona, dictaminó que fue violada tras escucharla y leer su declaración.

El dictamen ginecológico habla de un desgarre de himen (sabemos cuántas cosas pueden causar esto), y se presentó la foto de una ingle con un moretón, no consistente con la declaración (nunca se dijo hubiese golpes ni maltrato), misma foto que no sabemos de dónde proviene, ni cómo apareció meses más tarde; y sobre todo después de todos los mensajes que X le mando a Y.

Mensajes que no tendrían nada malo, ni serían de sorprenderse, mensajes normales* tras un encuentro sexual consensuado.

*(Al siguiente día – horas después de la supuesta violación – X pide el Snapchat de Y para escribirle, y comenta con sus amigas en un voice note, que se dio tres veces con él” la noche anterior).

El Lic. Katz me dijo:

“Nosotros presentamos dicho audio a los padres de X, les explicamos que se sustrajo del chat de las amigas, y les dijimos que su hija estaba mintiendo, les preguntamos ¿qué quieren hacer?, y aquí es donde se pone interesante, los papás lejos de entrar en razón, consultan a una psicóloga, y ésta dice que si dijo lo que dijo, pero que fue el efecto de la negación tras la violación.

Esta fiscalía si algo ve seguido, son víctimas de violencia sexual, y no pueden hacerse los tontos, una mujer que ha sido violada tiene ciertas conductas muy claras; una víctima no le pone en un chat 10 horas después – a su violador – que lo quiere volver a ver y le propone un second round”.

Pero pasaron las vacaciones de diciembre y, habiendo confiado en las amigas, algunas fueron poco solidarias con ella, la hicieron sentir sola y juzgada, lo cual no ayudó. Y una madre que estuvo ausente hasta febrero, cuando X ya no pudo más (le pidió que la sacaran de esa escuela), lee una narración de su hija en el iPad, donde le cuenta lo que sucedió con Y; y ella decide (20 minutos después, según el expediente), que fue violación, y la lleva a declarar al MP. 

Un papá aún más ausente y desinformado, va y se tatúa un símbolo de #metoo con su hija, para declararse feminista. Es de no creerse. Yo sigo queriendo saber:

¿Tendrán hijos varones?

¿Quién manipula a quién?

¿Son ellos los que le piden a la hija que acuse falsamente?

Estas preguntas desesperadas, se las hago al Lic. Katz, y él me responde que lo único que les importa es que su hija no quede mal, y que ya se creyeron su mentira porque, encima, los ayudó a convertirse en una especie de rock stars.

Lo mismo me dijo la Dra. Borbolla, que estas niñas “víctimas falsas”,

agarran un rol de estrellato y reciben tanta atención, que al final se convencen. Y no solo eso, los padres que de pronto salen “al rescate”, la sacan de la escuela, la llevan de shopping y de pronto, logran unir a su familia de nuevo, se sienten como de película, se sienten héroes, ¿cómo van ahora a soltar esa mentira? 

X se refiere a Y como “mi violador”, una manera muy íntima y a la vez aterradora de referirte a un niño, así lo maneja en las redes y en todos lados.

Este tema lleva más de un año y no se acaba de resolver, la familia de X no quiere parar, hasta que Y se declare violador, públicamente.

Y obviamente dice que de ninguna manera hará eso, pues es mentira.

Se ha intentado todo, por la vía de la decencia, dialogar y arreglar las cosas en corto, entre ambas familias.

Pero no hay acuerdo todavía.

Lo que sí hay es un abogado torcido que vive amenazando a un chavo, de 18 años, de mandarlo a la cárcel. A que lo violen, a que le destrocen la vida, a que nada vuelva a ser igual, solo por una pendeja mentira.

Así que no,

No pienso parar.

Por Y, 

por mis hijos, 

y por todos los hombres inocentes más que le sigan.

Lee también: Científicos descubren la proteína que provoca los contagios de COVID-19

#ReginaTeLoCuentaMejor

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Sofia Aguilar

Sofia Aguilar

Es publicista, bloguera, tortera, y mamá de Juliana y Diego. Publicista es su full-time-job desde siempre. Pasó 18 años trabajando en agencias en NY y cuando regresó a México en 2014, fundo LA COLECTIVA, junto con Alfredo Couturier. Hace un año y medio abrió Tortas Atlixco. Después de muchos años trabajando para distintas marcas, pensó que era momento de tener la suya; un lugar de buenas tortas en la Condesa, con la misión de traer la mejor torta al barrio. Escribir es lo que más disfruta, además de ser directora creativa, fue bloggera para Huff Post (en NY y luego en México), y ahora escribe para Vogue México y El mundo de Regina.

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