Mi amor por los hoteles comenzó cuando veraneaba en el condominio de mis abuelos en Cancún, pues, aunque fuera un departamento, éste contaba con todos los servicios de los hoteles. Recuerdo que mi hermano y yo solíamos ir al back of the house, es decir, la zona habitualmente reservada para los empleados. A pesar de ello, siempre íbamos, nos llamaban la atención las lavanderías, las cocinas, el mantenimiento, el área de seguridad, etcétera, y ahí podíamos pasarnos horas y horas platicando con todos. Y así, mi hermano y yo nos hicimos amigos de todas las personas que trabajaban en el condominio y, poco a poco, se fueron convirtiendo en parte de nuestra familia.

Este hecho hizo que comenzara a apasionarme por los hoteles, tanto fue así que tuve la fortuna de poder estudiar y dedicarme a la hotelería. Mi primer trabajo fue la apertura del CONDESA DF, un pequeño hotel ubicado en la Colonia Condesa que mezcla el diseño contemporáneo en un edificio de estilo neoclásico francés de 1928. La apertura y la experiencia de poder trabajar en este hotel fueron únicas, y gran parte de esta singularidad se debe al increíble equipo que tuvimos, desde los chefs, la gerente, y los demás empleados. De nuevo, gracias al espacio tan ameno generado por todos, volví a encontrar en mis compañeros una verdadera familia que hizo que trabajáramos apasionadamente para que todos los huéspedes se sintieran únicos y especiales. Esto ha seguido pasando en todos mis trabajos, de tal manera que siento que mi familia sigue creciendo día con día.

A lo largo de estos años de trabajar en la industria hotelera, he podido darme cuenta de que es fundamental fomentar el turismo nacional, y más en este momento, pues el turismo es una industria que ayuda sobremanera a la economía del país, sin embargo, éste tiene que hacerse de manera consciente y responsable. El turismo, y en especial los hoteles, se sostienen, en gran parte, gracias a una parte “invisible”, esa que nunca -o pocas veces- vemos y que, a pesar de todo, es la que lo vuelve posible. Esa parte invisible es la que hace que el cuarto esté recogido y limpio, que nunca nos falten las toallas, ni las sábanas limpias, ni cualquier otro servicio básico.

Desde mi experiencia en el condominio de mis abuelos, aprendí a apreciar, pero sobre todo a respetar esa parte oculta, es decir, a toda esa gente que trabaja para que uno como huésped se sienta atendido y escuchado. Como lo relaté, yo mismo pertenecí a esa parte oculta en mi primer trabajo. Por eso creo que es necesario, de alguna forma, desinvisibilizarlos, y que como huéspedes, cuando viajemos, lo hagamos de manera consciente, es decir, volteando a ver a todas esas personas que hacen posible nuestra estancia. Con ello me refiero también a todos los que hacen posible el turismo en general, desde el agente de viajes con el que agendamos una cita; el personal que nos ayuda con nuestro equipaje; hasta el chofer del taxi que nos lleva de nuestro punto de llegada al hotel, y de regreso. Como podemos ver, la industria hotelera es una gran fuente de empleos, y somos muchos los involucrados en ella.

Entonces, generemos conciencia, entre nuestros conocidos, y entre nosotros mismos, de ser responsables y un poco más conscientes de esa gente a nuestro alrededor sin la cual no se sostendrían el turismo. En este sentido, es importante cuidar de su salud, pues es gente que se levanta todos los días para que, nosotros como huéspedes, podamos seguir creando recuerdos que nos llevaremos y reviviremos cada que queramos. Está bien que viajemos, y más en este momento, pero debemos hacerlo de manera responsable: apoyemos a nuestro país, a nuestros hoteles nacionales, y a nuestro turismo, pero aprendamos a ser respetuosos y educados con las personas que los sostienen día con día.  Viajemos responsable y conscientemente, y recuerda que: mi cubre bocas te protege, así como tú cubre bocas me protege.

#ReginaTeLoCuentaMejor