Hola, soy Paulina y les voy a contar un poco sobre el cambio que he tenido últimamente y lo que más me ayudó a lograr mis metas.

Siendo bien honesta, toda mi vida estuve metida en dietas. Que si la de proteína, la de puntos, la de equivalentes, la del metabolismo acelerado, etc, etc, etc y nunca nada me funcionaba. Sí bajaba y todo, pero en cuanto dejaba de hacerla, PUM, recuperaba todo lo perdido.

Con el tiempo, el peso se convirtió en un tema y un factor que me causaba mucha inseguridad. Solía tener muchísimos carvings dulces, que hoy entiendo el trasfondo de eso pues es falta de dulzura con uno mismo, y los atracones de ansiedad eran mi día a día. La verdad es que así crecí y no conocía nada nuevo hasta hace, prácticamente un año.

No sé si fueron mis ángeles, el Universo, la vida, Dios o qué, que me empezó a poner el famoso “amor propio” a la vuelta de la esquina. A donde volteara, ahí estaba y era un constante reminder, o mejor dicho, señal de que me urgía incorporarlo en mi vida.

La verdad, no les voy a mentir, fue un proceso súper gradual y ni cuenta me di, pero puedo decir que todo comenzó cuando empecé a ir hacia dentro de mi. Empecé a cuestionarme, a voltearme a ver y bastó con que tuviera la intención de hacerlo para que todo lo demás se me fuera acomodando.

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A veces me gusta escribirle cartas a mis hijos del futuro y hoy les conté una de las historias que más me gusta contarme: la de mis lunares. – “Amo las marcas en el cuerpo, sobretodo si son pecas, estrías o lunares pues siento que es el Universo plasmado en la piel de los seres humanos. En mi caso, siempre he tenido más lunares que pecas, pero amo imaginarlos parecidos a los puntos que unen las constelaciones y que, de alguna manera, nos dejan un mapa en el cuerpo que, quizás algún día, si los unimos, nos lleven a un lugar. Para mi, los lunares son una especie de marca registrada en la familia. Mi mamá, alias su abuela, tiene tres que son básicos (uno ya se lo quitó un día que estábamos en el pediatra me acuerdo perfecto jajaja le dolió en el alma) y mi hermano y yo compartimos un lunar “transparente” que podría describirse más como un mini hoyo, en donde empieza la parte superior de la oreja izquierda. En mi caso, es chistoso pero la mayor parte de los lunares que tengo en el cuerpo van de tres en tres. No importa si están en la cara, el brazo, la espada o las piernas, por lo general, van acompañados. Por alguna razón, cuando me di cuenta de esto, siempre me gustó relacionarlos con el número de hijos que tendría pues, aunque sé que el presente es lo único que tenemos y que solo la vida sabe lo que nos depara mañana, no sé si fue el juego que muchas mujeres hacemos de niñas para saber cuántos hijos tendremos, las cartas que me leyeron cuando era más joven o la simple intuición lo que siempre me dejó saber que algún día llegarían a mi vida. Mis favoritos son los que tengo en el hombro derecho pues, además de tener la forma de la constelación Orion o de los famosos ‘3 Reyes Magos’ que es fácil ver cuando el cielo está despejado en plena luna nueva, recuerdo que cada vez que los volteaba a ver me imaginaba cómo serían o si esta historia sería completamente guajira. Hoy entiendo que la vida nos sorprende de maneras que jamás imaginamos pero que si te fijas bien, constantemente nos manda pequeñas señales que nos hacen soñar con lo que algún día podría ser y que solo el futuro sabe sí será”. 🌖

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Regresé a terapia, actividad que tenía pausada desde hace algunos años, y todo empezó a fluir mucho más. Quiero aclarar que esto no es fácil pues ir a enfrentar tus demonios o hablar de cosas que duelen no es padre, pero vale completamente la pena. Paralelo a esto, comencé a ir con una nutrióloga que, más que ponerme a dieta, me enseñó a comer, cosa que ya sabía hace siglos pero preferí comprometerme con algo para poder notar diferencia. Ojo, la dieta fue sin restricciones, como de todo, no dejé de tomar y los antojos siguen siendo el amor de mi vida.

Pasaron los meses y poco a poco empezaron los cambios físicos. La gente, como siempre,  empezó a notarlo primero, eran cada vez más comunes los “qué estás haciendo te ves guapísima”, “¿enflacaste?”, “Te ves espectacular, ¡que flaca”, entre muchos halagos más. Obvio, yo feliz de la vida empecé a notarlos.

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Mi ropa empezó a quedarme más grande y esto para mi fue el GO! para comprometerme a la vida fit. Empecé con Siclo, Commando y ahora estoy comprometida con la vida runner, amo y jamás pensé hacerlo.

Como conclusión, puedo decir que hice las paces conmigo.

Deje de criticarme cada vez que me veía al espejo y comencé a agradecer que tengo un cuerpo sano que me permite hacer todo lo que quiero. Puse límites, tanto en el trabajo, como en el amor, como con mis amistades, como conmigo misma.

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(@pantenemexico páguenme) 🧬💓 – Ando cursilona así que aquí les va una breve reflexión de mi aislamiento #covid_19 Me costó mucho trabajo bajarle a mi ritmo diario. A mis prisas, a la inmediatez, a regresar a mi centro, a mi calma. Los que me conocen saben que por naturaleza soy preocupona (y si no ps ya lo saben) y obviamente el tema Covid me dio angustia, más en el sentido económico, no tanto en el tema de contagio. Sin embargo, hoy, día no sé cual de estar lejos de la vida diaria, puedo decir que, personalmente, hacer una pausa era lo que más necesitaba. El mensaje que aprendí estos días es simple: amor. Amor sin importar tiempo, distancia, espacio y dimensión. Es lo que es, sin juicio, sin control. Estar. Presente ante cualquier precedente. Cultivar lo que quieres crecer y sanar cada que según tú no sientes nada. Ve, de ir y observar, siempre a todo y a todos. Disfruta, todo pasa y no regresa. Nada se olvida, se supera y los sentimientos cambian pero siempre queda el recuerdo de lo que sea que piensas. Habla, vive y siente porque aunque la vida es corta, es muy ancha 🖤

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Claro que sigo teniendo miedos, inseguridades, dudas, etc. pero hoy, amo ser quien soy. Sé que soy única y eso me hace merecedora de todo lo que deseo. Dejé de compararme, punto muy importante del journey, pues cada quien tiene sus cosas y entendí que hacer esto me quitaba todo el poder que tenía de sentirme plena y feliz conmigo misma. (Sí llegaron a leer hasta aquí, no quiero que el párrafo anterior lo lean super cliché pues en algún punto de mi vida yo tampoco creía todo eso, más bien les digo que lo pongan en práctica y ven la magia que traerán a su vida).

Hoy, me doy cuenta que el peso es cosa de las emociones 100% y que el soltar y ver qué nos limita ayudará a liberar toda esa grasita de más que por una u otra razón generamos para protegernos en algún punto de nuestras vidas.

Así que sí estás en ese journey de no querer te cuerpo, puedo decir que el paso más importante para lograr hacerlo es con las 3 A’s: amar, aceptar y agradecer el que ya tienes.

@pauespinosaw
#ReginaTeLoCuentaMejor