Por: Fanny Carrillo
Estamos viviendo tiempos que nunca nos imaginamos y el egoísmo nos está ganando. Como en una película de ciencia ficción, desde principios de 2020 la humanidad dio un giro de 180 grados y dejó de ser lo que antes era: libre, globalizada, conectada. Lo que antes nos parecía fácil, como viajar a cualquier lugar del mundo, ahora se ha vuelto un verdadero reto, además de un riesgo que algunos no están dispuestos todavía a correr. Nos hemos cerrado como almejas a los demás.
¿Y la globalización, apá?
Creíamos que lo teníamos todo al alcance de un clic: conexión con gente de cualquier extremo del mundo, facilidad de conseguir lo que quisiéramos, de comprar boletos para ir por el mundo, de vernos unos a otros y llegar a los lugares más remotos en un máximo de 48 horas. Todo eso se acabó. Lo que es más, la globalización en muchos casos ha contribuido a esparcir más el miedo con información falsa que llega de las fuentes menos fidedignas, pero sí muy dañinas.
Es debido a esta maldita pandemia que el mundo se vuelve a dividir y a aislar cada vez más. Según leo en el periódico, los viajes internacionales disminuyeron en un 63% desde el año pasado. ¿Cuándo habrá un repunte o un regreso a la normalidad? De la manera en la que estamos todos manejando el asunto, eso se ve todavía muy lejano.
¿El egoísmo nos gana? ¿Qué estamos haciendo mal?
Eso deberíamos preguntarnos. No solamente al nivel de países ricos frente a pobres –en donde los primeros comenzaron a acumular más vacunas de las necesarias, dejando a los segundos con pocas posibilidades de obtenerlas desde un inicio–, sino también a nivel gobierno, con buenas, malas y pésimas estrategias para combatir el virus (ya pudimos comprobar que el “Detente”, la fuerza moral, el dióxido de cloro, las gotitas de quiensabequé y otras soluciones literalmente bananeras como comer plátano no sirven de nada), e incluso a nivel personal, con teorías conspiratorias y personas que se niegan al uso básico de un cubrebocas porque es “mi derecho el contagiarme” y que nos freguemos los demás.
El problema radica en el hecho de que todos queremos “jalar la cobija para nuestro lado”, es decir, todos creemos que tenemos la razón y que la salida está en lo que cada quién haga por su propio bien. El egoísmo empieza a tomar un nuevo aire. Eso es un gravísimo error.
Si hay algo que nos está enseñando el virus es que debemos dejar de lado el egoísmo y buscar una solución conjunta. Así lo han entendido ya países como EUA que están vacunando a los estados fronterizos con México y que ha permitido que una gran cantidad de nuestros paisanos haga lo mismo en sus ciudades. Sin embargo, mientras que haya quienes no se quieran vacunar porque “me van a cambiar el ADN, o me van a poner el chip del 5G, o peor aún, porque el virus no existe, es un invento para someternos y convertirnos en zombies”, esto no va a llegar nunca a su fin.
Mi libertad, tú libertad, nuestra libertad
Ahora que las restricciones en países como Francia se están volviendo cada vez más severas debido a la terrible variante Delta y las que muten a partir de esta, la gente sale a las calles para manifestarse a favor de su “libertad” para no inocularse y poder seguir viviendo como si nada pasara. ¿Su pretexto? Que después de la imposición de ese permiso especial para los vacunados, lo que seguiría es una dictadura.
Lo que no están viendo todos esos personajes, es que esto no es un asunto de SU propia libertad. Se trata de la libertad de TODOS para seguir viviendo en este planeta. Mientras ellos egoístamente crean que pueden tomar la decisión de vacunarse o no, pasan por alto que a través suyo el bicho nos puede infectar a los demás. Y aquí es donde se termina su libertad.
Si la situación fuera diferente, es decir, si sólo se infectaran quienes no se vacunan, pues por los demás estaría perfecto. Muy su decisión si quieren arriesgar su vida. Pero aquí no se trata de eso, sino de que mientras no logremos todos tener las suficientes defensas para que la COVID-19 no tenga dónde alojarse, el bicho seguirá infectando a quienes se encuentre a su paso y mutando a cepas cada vez más rudas y mortíferas. En otras palabras, y como bien se sabe, TU libertad termina donde comienza la MÍA y la MÍA se acaba en donde empieza la TUYA. No es la libertad de cada quién, es la de TODOS contra una misma plaga la única que nos puede salvar. Debemos dejar el egoísmo de lado.
Una reflexión final
Si después de casi dos años de que empezó esta crisis seguimos con las mismas ideas que en un principio y no nos unimos como especie, como humanidad, realmente estamos destinados y nos merecemos la extinción.
Ojalá nos demos cuenta más temprano que tarde.







