El rey emérito nació lejos de España hace 82 años. Hoy, gracias a sus escándalos descomunales podría pasar la última etapa de su vida otra vez lejos de su país.

Parece que el ciclo se cierra para el rey emérito Juan Carlos I. El desprestigio que tiene tras de sí desde hace años arrastró a la corona española a una situación insostenible y tan delicada que la imagen de la actual familia real (el rey Felipe VI, la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía) no ha podido contrarrestar por más que el rey se ha conducido correctamente en lo público (que es lo que todos conocemos y de lo que podemos hablar).

“Guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones y a ti como rey, te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España”, se lee en el comunicado que la casa real española publicó este 3 de agosto. Con esta declaración, Juan Carlos I cierra un círculo que lo está llevando al lugar que tuvo al nacer: el exilio.

Recordemos que él nació en Roma en 1938 porque, desde el año 31, su abuelo (el rey Alfonso XIII) se vio obligado a dejar España, que se había convertido en una república.

Con la dictadura de Francisco Franco, se entreabrió la puerta al regreso de la monarquía (sin poder político en los hechos) algo que se concretó solo hasta 1975 con la muerte Franco.

El periodo que siguió en el país fue el de la Transición a la Democracia (a finales de los años 70), que derivó en el actual régimen político. Juan Carlos I fue una pieza importante para lograrlo y con ello, la Corona de España fue vista como una de las más avanzadas en ese momento.

La debacle

Sin embargo, los escándalos comenzaron a sucederse desde que empezó una especie de debacle para la monarquía de España. En 2010 el caso Nóos involucró a la entonces infanta Cristina y a su esposo, Iñaki Urdangarin, en malversación de fondos, y esto lo llevó a él a la cárcel. Siguió la ya famosa cacería de elefantes en la que estuvo involucrado Juan Carlos en 2012, y que fue financiada por el erario español. Estos factores fueron clave en la abdicación del rey en 2014.

El punto es que no paró en eso. Se difundieron más escándalos de corrupción por parte de Juan Carlos que hicieron ver insignificantes los rumores sobre su infidelidad de décadas. Esta situación, que aumentó conforme pasaron los años, provocó que en 2019 el rey emérito dejara sus actividades institucionales.

Pero sucedió algo más drástico, en marzo de este año, el rey Felipe renunció a toda herencia de su padre y le retiró la asignación pública que recibía por casi 195 mil euros al año. Esto fue después de que se difundió que, sin su conocimiento, Felipe aparecía como beneficiario de una donación de 65 millones de euros hecha por Arabia Saudita a Juan Carlos.

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Además hay investigaciones abiertas por fiscales suizos que están indagando movimientos millonarios de dinero en paraísos fiscales y en los que se rumora que el rey emérito está involucrado.

En redes sociales, principalmente en España, a la par de las notas sobre las actividades de Felipe VI, Letizia y sus hijas, se leen comentarios en contra de la monarquía por las presuntas actividades ilícitas de Juan Carlos I. Muchas personas cuestionan con razón que no haya un castigo al emérito o que toda a familia (incluidas las hermanas de Felipe y su descendencia) goce de privilegios económicos a costa de los impuestos de los españoles sin hacer un aporte efectivo a mejorar la vida de todos, como de cierto modo sucede con los miembros de la casa real inglesa.

Era demasiado para una monarquía que se ha debilitado.

Hace unos días surgió el rumor de que el rey Felipe VI haría un anuncio importante.

Hoy fue ese día, y aunque en el comunicado, Juan Carlos I escribe que se va de España en afán de servir a su país, es decir que lo hace por su propia voluntad, es más probable que tanto su hijo como el gobierno lo hayan orillado a esto.

Felipe VI, como rey pero quizá más como hijo, manifestó en el comunicado de hoy “su sentido respeto y agradecimiento ante su decisión”, y remarcó “la importancia histórica que representa el reinado de su padre, como legado y obra política e
institucional de servicio a España y a la democracia”, posiblemente en un intento de limpiar un poco la imagen de su padre con el trabajo que ya mencionamos que realizó durante la Transición.

Aun así, el rey fue firme y tal como hizo al despojar a su hermana Cristina del ducado de Mallorca, este 3 de agosto publicó en el comunicado: “Al mismo tiempo (el rey) quiere reafirmar los principios y valores sobre los que (la democracia) se asienta, en el marco de nuestra Constitución y del resto del ordenamiento jurídico”.

Es decir, Felipe VI acabó de marcar distancia con su padre en concordancia con lo que dijo durante su discurso de proclamación en junio de 2014: “La Corona debe velar por la dignidad de la Institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente”.

Y aunque todo parece ser lo correcto y se entiende que como hijo Felipe (imaginemos su dilema familiar) busque preservar lo más posible el legado de su padre en la Transición, los reclamos de muchas personas no solo en redes sino durante su reciente gira por España muestran la molestia ante los excesos descomunales del emérito.

Por ejemplo, The Guardian reporta que Juan Carlos recibió una “donación”; de 100 millones de euros del rey de Arabia Saudita y que los depositó en una cuenta en el extranjero en 2008. También que, en 2012, aparentemente “regaló” 65 millones de esa cuenta a Corinna Larsen, quien fue su amante durante años.

La pregunta es si el hecho de que Juan Carlos se quedara sin paga por parte del Estado (¿en realidad le hará falta?) y hoy esté exiliado puede dar cierta satisfacción a los españoles que se sienten agraviados (con razón) ante el manejo de las cantidades enormes de dinero que se investiga que recibió Juan Carlos. Y es que la actual Constitución de España dice que “la persona del rey es inviolable y no debe rendir cuentas”

Por lo pronto, Juan Carlos está volviendo al origen de su vida, el exilio y el desdén de una parte del pueblo español a la monarquía.

 

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