La debacle de la corona española empezó hace más de una década, pero actualmente la presión sobre sus miembros es tal, que cada vez más analistas no le ven futuro a largo plazo. 

La familia ideal que el rey Felipe VI ha formado poco ha influido para limpiar la imagen de una monarquía española deteriorada por dos de sus miembros: Iñaki Urdangarin (cuñado de Felipe) y principalmente su padre, el rey emérito Juan Carlos I.

Los escándalos de ambos no son “menores” porque van más allá de ser un marido infiel (en el caso de Juan Carlos) y tocan recursos públicos españoles, impuestos de ciudadanos que han visto cómo Iñaki (el esposo de la infanta Cristina) hizo negocio a costa del erario o cómo el rey Juan Carlos ha sido una especie de “gestor” entre personajes y gobiernos de Medio Oriente para obtener contratos públicos, situaciones por las que recibió millones de euros en pago o en “compensación” por sus “servicios”.

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Medios británicos retomaron este tema en marzo, a lo que el rey Felipe respondió de inmediato y de manera radical: se deslindó a sí mismo y a su hija mayor, Leonor, de cualquier herencia que pueda hacerle su padre que no provenga de medios legales. Además, retiró la asignación pública que Juan Carlos I recibía por casi 195 mil euros al año. Y es que, sin su conocimiento, Felipe aparecía como beneficiario de una donación de 65 millones de euros hecha por Arabia Saudita a su padre.

El principio ¿del fin?

Esta debacle tiene fecha. Inició en 2010 con el caso Nóos, que involucró a Cristina, hermana de Felipe, y a su esposo, Iñaki Urdangarin, por malversación de fondos, la cual tiene a este último en la cárcel. En su momento, Felipe VI no dudó en despojar a ambos del ducado de Mallorca. Siguió la cacería de elefantes en la que participó Juan Carlos I en 2012, financiada por el erario español. Ambos factores incidieron en la abdicación del hoy rey emérito el 19 de junio de 2014.

Otros escándalos por corrupción por parte de Juan Carlos (en los que se incluye su “intervención” para la venta de unos terrenos en Playa del Carmen, México, a la empresa OHL) así como sus infidelidades, provocaron el desprestigio de la corona española, algo que no se había visto y que parece opacar el trabajo que en su momento realizó en la transición de la dictadura de Francisco Franco a la democracia en 1977. 

Es en este hecho en el que analistas españoles y europeos ven las reticencias del Congreso de España para formar una comisión que investigue las irregularidades en las que está involucrado el rey emérito. Además hay otro factor importante, obviamente las nuevas generaciones de españoles no vivieron la transición a la democracia y en redes sociales se leen los comentarios negativos de jóvenes sobre las noticias de la familia real, diciendo lo obsoleta que resulta una monarquía, además señalada como corrupta, en esta época. 

Un aniversario amargo

Este viernes 19 se cumplieron seis años de la proclamación de Felipe como rey de España tras la abdicación de su padre, sin embargo, a los escándalos mencionados se agregó un artículo del prestigioso periódico británico de The Times publicado en portada tan solo un día antes. 

El texto “El rey caído” inicia así: “El desayuno en el Palacio de la Zarzuela, donde reside la familia real española… debe ser un asunto tenso en estos días”, en referencia a lo que el reportero Isambard Wilkinson interpreta como la probable preocupación de Felipe VI por los escándalos de su padre y la crisis que han provocado en su reinado.

El título del artículos en páginas interiores es el resumen perfecto de lo que ha sido este viacrucis para la corona española: “Sexo, mentiras y cuentas bancarias suizas: las acusaciones contra el ex rey de España que están sacudiendo el reinado de su hijo”. A partir de esto, el diario concluye que Felipe VI está “luchando” por preservar la monarquía.

Este diario no ha sido el único medio serio en señalar esta situación, apenas a finales de mayo, la portada de la revista francesa Point de Vue se llamó “La familia real está en peligro”, y el día 28, Le Monde dudó sobre la continuación de la monarquía en España y como The Times, enumeró los escándalos del emérito, al que describió con palabras duras: “es un viejo rey devorado por su pasión por las mujeres y el dinero” y una amenaza para la monarquía.

Le Monde cita al periodista español de la realeza por excelencia, Jaime Peñafiel, quien dice que mencionar a la princesa Leonor como la próxima reina de España “es muy aventurado… La monarquía es una institución medieval que ha llegado hasta nuestros días por milagro, y que solo puede mantenerse si es ejemplar. La monarquía española no lo ha sido”.

En su discurso de proclamación el 19 de junio de 2014, Felipe VI dijo que la corona “debe velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social”. Él, Letizia, Leonor y Sofía lo han intentado y hasta ahora no se les conoce escándalos públicos o privados como familia real de España, pero ni el trabajo de él ni la discreción de la reina Letizia sobre su vida privada o el encanto de sus dos hijas han logrado devolverle prestigio a la corona.

Si a esto agregamos que la monarquía española no genera ganancias relativamente tangibles para los contribuyentes españoles como la inglesa (aun con sus propios defectos y escándalos), las cosas empeoran para el rey de España, a quien le ha tocado lidiar con los delitos de su padre y con la tarea de tratar de conservar una institución que para muchos de sus compatriotas ya es obsoleta.

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