“La victoria más bella es siempre la próxima”

  -Enzo Ferrari

El fin de semana pasado se llevó a cabo uno de los eventos tanto en lo deportivo como en lo social más importantes de año para la CDMX: la Formula 1 en el autódromo Hermanos Rodriguez. Debido a la amenaza proveniente de la 4T y de sus autoridades de que este iba a ser el último año que se celebraría tan emotivo evento fifí en esta ciudad, la gente se volcó despavorida a comprar todas las entradas disponibles; tanto los que ya habían asistido con anterioridad y no querían perderse el último Gran Premio de México, como los que nunca habían asistido al gran circo de la velocidad.

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La fiesta de la F1 es precisamente eso, una gran fiesta para todo público, independientemente de la edad, sexo, afición o estatus social. Hay algunos que llegan en helicóptero, otros más con llamativas escoltas y algunos más en sus autos deportivos, los habemos otros que lo hacemos por medio del transporte colectivo Metro y tengo que admitir que fue una gran opción para todo el fin de semana. Este año como los anteriores fui con mi hijo y varios amigos entusiastas del deporte motor, como el trayecto era largo decidimos empezar el día con una dosis importante de vitamina T, por lo que pasamos a una fonda de cazuelas ubicada cerca de la Marquesa.

Este desayuno, para los que nunca lo han intentado, consiste en un buffet de alrededor de 25 cazuelas con guisos mexicanos de todo tipo. Los favoritos del pueblo sabio y conocedor son el mole rojo, las verdolagas con cerdo, el huevo con ejotes, rajas con crema, chicharrón en salsa verde, papa con chorizo y carne en chile morita, sin embargo la lista es larga y siempre hay alguna novedad, también podrán ser acompañados con una generosa dosis de frijoles y arroz a la mexicana. Mis compañeros menos atrevidos (fifís) optaron por la opción más conservadora de concha y café de olla, más una quesadilla de queso,  valga la redundancia.

Ya con el tanque lleno y una vez llegados al autódromo, surgió la necesidad generada por el entusiasmo que se vivía en las tribunas y un sol que pegaba más duro que mi vieja, de pedir nuestra primera cerveza del día. Mis compañeros se volcaron por una Heineken, la cerveza patrocinadora del evento, sin embargo yours truly prefirió quedarse con la opción nacional que por cierto es una de mis favoritas, una cerveza Indio bien fría que maridaba perfecto con tan emotivo evento.

El ánimo no podía ser mejor y tuvimos una prueba de calificaciones llena de emociones donde incluso hubo un accidente bastante fuerte por parte de Valtteri Bottas. La oferta gastronómica dentro del autódromo, aunque abundante en opciones y cantidad era bastante precaria en cuanto a calidad, muy cara y con filas más largas que la cuaresma. Tacos, sushi y tortas con calidad de medio pelo a un costo que hubiera sugerido que un par de estrellas Michelin debían estar involucradas.

Fue por eso que se debía de tomar una decisión ejecutiva y me vi en la necesidad de ejecutarla. El convoy salió de las instalaciones de la Magdalena Mixhuca y se dirigió de regreso, por la misma vía en que llegamos, hasta la estación del metro Auditorio. Ya con un nivel de hambre importante que clasificaría en un 8.8 en la escala de Richter y con un tráfico de terror austriaco, por fin llegamos a la famosa Cantina El Mirador, la cual desde 1904 ha dado servicio tanto a caudillos revolucionarios como a presidentes de la república, charros a caballo, distinguidos artistas y gente de sociedad.

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Para quien no conoce este lugar, se podría decir que es uno de los últimos reductos varoniles de la ciudad, el cual se ha conservado inalterado desde hace ya varias décadas. En esta típica cantina, sus clientes habituales todos caballeros, tratan de defender su pequeño bastión a capa y silbido. Si bien es cierto que desde hace aproximadamente una década se permite oficialmente en la ciudad el ingreso a mujeres a las cantinas, este sigue siendo considerado unos de los últimos reductos inquebrantables en la capital y es que no es que el establecimiento no acate las disposiciones de igualdad de género, sino que son los mismos clientes los que reaccionan con chiflidos, aplausos y gritos ante la presencia de cualquier fémina que se atreva a cruzar la puerta de la cantina, los cuales duran varios minutos y es entonces cuando la susodicha opta por pasar a la zona del restaurante.

La realidad es que son dos restaurantes en uno; por un lado se encuentra el restaurante familiar que atrae un público multigeneracional de todas partes de la ciudad y por otro se encuentra esta tradicional  cantina. Los dos cuentan con el mismo menú y vale la pena mencionar que los fines de semana el área  de la cantina se vuelve un lugar familiar, donde pueden entrar niños y mujeres sin temor a una rechifla.

La cocina de este lugar es espectacular y esa es la razón principal por la cual sigue vigente después de tantos años. Los platillos que no te puedes perder son:

  • Tribilín: Porción generosa de filete de res, filete de pescado y camarón, marinado con jugo de limón, especias de la casa, aceite de olivo y amontillado.
  • Milanesa manchega (oreja de elefante): Filete de res con queso manchego y jamón de pierna  aplanado y empanizado.
  • Tacos sudados de chamorro y /o  lengua  8 piezas acompañado de tres salsas.

Las cantinas no son lugares para fancy drinks o gran coctelería, por lo que lo más recomendable es pedir un buen tequila o mezcal. Sin embargo, la bebida de la casa  es el Mint Julep, el cual se le conoce mejor como Menjul y es considerado ya un clásico de siempre.

Ingredientes para preparar un Menjul:

  • Hojas de yerbabuena
  • Cucharada de azúcar
  • Hielo frappe
  • Dos onzas de amontillado
  • Dos onzas de ron añejo
  • Licor de menta verde
  • Angostura

En un vaso old fashion se colocan las hojas de yerbabuena y una cucharada de azúcar, se machacan y luego se agrega el hielo frappe hasta rellenar el vaso. Se agregan el amontillado, el ron y unas gotas de licor de menta verde y otras más de angostura. Vierta todo en una coctelera y agite antes de regresar al vaso y tan tan, tienes listo tu Menjul.

La tarde llego a su fin y simplemente para cerrar con broche de oro el día, nos vimos en la necesidad de pedir varias órdenes de ate con queso y crepas con cajeta para nivelar nuestro nivel de azúcar y ya de puro coraje me despedí con un café irlandés, el cual me transportó a las épocas de cuando mi papá me llevaba al Gran Premio de México en 1986 y pasábamos de regreso a la casa a comer al Mirador. La historia se repetiría treinta y tantos años después.

Sin lugar a duda el ganador absoluto del fin de semana fue el público Mexicano. Cualquier Gran Premio hubiera estado feliz de recibir 92,342 personas para la carrera del domingo, lo sorprendente aquí es que ese fue el número de personas que asistió solamente el viernes a las prácticas libres. Los números de asistencia subieron hacia el fin de semana y al final el número total por los 3 días fue de 345,694 personas, lo cual lo coloca como la mejor fecha de todo el calendario mundial. “Checo” Perez hizo que los fans mexicanos vibraran con su soberbia actuación vuelta tras vuelta, pero sobre todo hacia el final de la carrera en su batalla por mantener el 7mo. lugar en contra de Daniel Ricciardo.

Tal como lo han hecho año tras año, los organizadores lograron armar un evento de talla internacional que tiene como resultado que la FIA lo califique como la mejor fecha del calendario y una de las favoritas de los pilotos y sus equipos. Para los más dedicados, la carrera de este año ha sido una de las mejores que se ha vivido en tierras Aztecas,  no solo por el buen resultado de “Checo”, sino también por la batalla que se vivió dentro de los primeros lugares, donde desafortunadamente Ferrari no pudo afianzar el lugar de privilegio ya que el pódium se lo llevo el cuasi campeón del 2019, Lewis Hamilton.

Salud

@huey_tlacuali