Por: Cris Aubry

Cuando un niño nace, lo único seguro que tiene en la vida es que va a morir. Pero aunque seamos conscientes de esto y de que solo venimos a esta vida de paso. Que difícil se hace dejar ir.

Creo que si a un niño en el vientre de su madre se le preguntara si quiere nacer. Diría que no. ¿Para qué? No le falta nada, tiene todo.

Pero al nacer, este mundo nos enamora.  Son las personas y tantas cosas que es difícil no tener apegos del todo. Se nos hace difícil volar ligero y soltar.

Y es por lo mismo que esta celebración es sin duda la tradición mexicana que más me gusta.

Porque nos habla de una vida más allá de la muerte. Y un día especial dónde regresan de una forma mágica y vuelven a convivir nuevamente con nosotros; aunque sea por una sola noche.

Un día especial para recordarlos y honrarlos.

Dice la leyenda: que solo mueres realmente en el momento en que tu nombre no se pronuncia más.

Y me gusta pensar que eso es cierto.  Que a pesar de que nunca es fácil decir adiós. Y aceptar que por un tiempo nos vamos a separar físicamente; si los nombramos, si los recordamos  y mantenemos presentes, su espíritu vive entre nosotros.

Un día en especial en donde se les apapacha.

(Apapachar: abrazo al alma en Náhuatl)

Y es  justamente lo que esta fiesta hace. Abrazamos a nuestros seres queridos de una forma diferente. Y es con una ofrenda con  todo lo que tanto les gustaba honramos su paso por esta vida y por la nuestra.

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Festejándolos y a la vez extrañándolos un poquito menos. Porque por esa  noche están presentes.

Esta fiesta también nos habla de que no todo termina.  Nos da esperanza y consuelo en que nunca es un: “hasta nunca” si, no, un “Hasta luego”.

Hasta volvernos a encontrar. Hasta que sea un por siempre.

Y aun así puedo sentirlos a momentos. Pero de una forma más especial.

Yo por mi parte solo puedo sentirme agradecida y bendecida por todas esas grandes personas que me acompañaron por un tiempo en esta vida. Un tiempo que me pareció muy corto. Y aunque los extraño y los pienso constantemente, sé que están a mi lado.

Les agradezco lo que me aportaron y honro su memoria hasta volvernos a ver.

Por mi parte les digo: caminen a esa gran luz que tanto merecen. Ya que a mi vida la llenaron de lo mismo. No se aten, descansen que esto no acaba aquí.

Pero hasta entonces: GRACIAS Y LOS QUIERO POR SIEMPRE.