El mundo está viviendo una era de deshumanización y así como el cuerpo enferma cuando no lo atendemos, el mundo de igual manera nos ha puesto un alto. Nos ha frenado en seco para retomar nuestras raíces y regresar a lo básico, a la sencillez de vernos cara a cara y reconocernos como seres capaces de hacer un cambio.

Que buen tiempo para hacer una pausa en nuestras vidas y ver en donde estamos parados. Desconectarnos de todo lo externo y hacer una conexión profunda en casa con nuestros hijos. Tenemos un regalo tan grande frente a nosotros y ahora es cuando podemos hacer uso de él.

Usemos este tiempo para ver que está pasando en la vida de nuestros hijos, darnos cuenta de que están sintiendo y que están viviendo.

Como mamá de 3 hijos pequeños, puedo entender que el primer pensamiento de esta cuarentena es abrumador y lo vemos como una bola de estambre eterna, sin saber por donde empezar a desenredarla.

Mi consejo es:

Empecemos por lo básico. Retomemos los valores perdidos. Enseñemos a nuestros hijos a convivir, desconectemos dispositivos y juntémonos a cocinar juntos, platicar, jugar, ayudar en el cuidado de la casa y así estaremos practicando automáticamente la solidaridad, la empatía, la gratitud, el compañerismo, el amor y muchos otros valores.

Entonces cuando haya pasado todo esto y regresemos a nuestra vida normal, regresaremos con otra visión de la vida, con una nueva realidad y entonces al igual que el mundo habrá sanado, nosotros nos habremos transformado para crear una nueva era.

Acuérdate de hacer una pausa de vez en cuando y recordar la sencillez que hace maravillosa a esta vida. Abraza a tu gente, abrázate tú, ama la vida y que la gente que pase por tu camino se contagie de ese mismo amor tan puro y poderoso.

Sigue pasando tiempo de calidad con tu familia. Dicho esto, creo que como padres de familia y educadores tenemos un gran reto.

Por último quiero compartir unas actividades que pueden ser de ayuda para empezar a conectar con nuestros hijos.

 

Círculo de control

Empiezo con esta actividad porque me parece importante cambiar el chip de nuestros hijos.

La actividad consiste en dibujar en una hoja de papel un círculo. Adentro vamos a poner “Cosas que puedo controlar” y afuera del círculo “Cosas que no puedo controlar”. La idea es preguntarles primero a sus hijos que ejemplos se les ocurren para las cosas que no pueden controlar. Podemos dar ejemplos como: el clima, los cambios de estación y luego irnos a ejemplos más profundos como: la forma en que otros piensan, lo que otras personas me dicen, el color de mi piel, una enfermedad, un virus (coronavirus), un accidente. Y después pasamos a las cosas que si puedo controlar como: cuidar mi cuerpo, hacer mis tareas, respetar a los demás, mis decisiones, perdonar y mi favorita: como respondo yo a lo que los demás me dicen, como actúo ante una dificultad.

La actividad no se queda ahí. El chiste es recordarnos esta idea tan importante en nuestra vida diaria que está llena de retos. Siempre habrá cosas externas que no voy a poder controlar pero lo que si puedo es controlar como actúo yo al respecto.

 

Caja para encontrarnos

Para esta actividad necesitamos una caja. Puede ser una caja de zapatos o alguna otra. En esta caja vamos a guardar fotos y anotaciones de las cosas que nos hacen feliz. Las pequeñas chispas de felicidad. Puede ser una carta, una canción, una película, una frase, un encuentro, un aroma, etc. Esta será una caja para esos días que nos sentimos perdidos, poder abrirla y volvernos a encontrar.

Meditación

Todos tenemos días buenos y días malos, momentos tranquilos y momentos de estrés. Sobre todo ahora que nos hemos salido de nuestra rutina y estamos en casa todos juntos.

Muchas veces cuando nuestros hijos empiezan a hacer “berrinches”, nosotros como adultos lo primero que hacemos es querer que paren, que guarden silencio y se controlen. Pero cuántas veces te pasa como adulto que también te ves envuelto en una tormenta de corajes y malhumor y parece que no puedes salir de ahí?

Esta actividad familiar empezó principalmente porque yo necesitaba algo para no engancharme y perder la calma.

Nosotros hacemos “meditación”.

Cómo funciona:

  1. Me llevo a los niños a su cama, un sillón o algún lugar cómodo.
  2. Cierro las persianas (no todas las veces).
  3. Es algo que les emociona, así que cuando empezamos a hacer este ejercicio, tomaban a su peluche favorito y una cobija.
  4. Les pido que cierren los ojos.
  5. Busco música para meditar.
  6. Les digo que se pongan en la posición que sientan más cómoda.
  7. Ahora les pido que suelten su cuerpo y lo dejen como si estuviera flotando.
  8. Les pido que imaginen un lugar fantástico (Al principio querían compartir lo que iban imaginando, les pedía que guardaran silencio para dejar que todos imagináramos nuestro propio lugar).
  9. En este lugar, el clima es perfecto, huele a un olor que te gusta, puedes estar acompañado o sólo.
  10. Después les pido que se vean a si mismos y que agradezcan a cada parte de su cuerpo por funcionar perfectamente (aquí iba parte por parte agradeciendo: a las manos, los pies, el corazón, etc) mientras agradecen, van moviendo cada parte de su cuerpo para sentirlo.
  11. Les pido que respiren haciendo consciencia del aire que está entrando por su nariz y va recorriendo cada parte de su cuerpo hasta llegar a la punta de los pies, llenándolos de amor y luz y luego sale el aire barriendo todo aquello que les preocupa.
  12. Ahora sí: “cuando se sientan listos pueden abrir los ojos y cuando quieran, pueden levantarse”.

Su atención se enfoca tanto en este ejercicio que cuando terminan es como si los hubiera reseteado.

Ahora ellos piden ese momento a solas cuando se sienten abrumados. Solo me piden que les ponga la música. Lo demás, lo hacen solos.

Por: Giovanna Schiavón

IG: @living_home

#ReginaTeLoCuentaMejor