Te fuiste sin decir nada, una mirada perdida y un suspiro fue tu adiós y todo cambió.

La alegría se borró con las lágrimas del dolor, comenzaron las preguntas, ¿por qué? ¿qué pasó? De un segundo a otro te perdí, parecía que me habían arrancado el corazón, el coraje llegó como una ola, pero el miedo era aún peor, sin ti no tenía nada ni a nadie.

Esa experiencia de entrar a tu cuarto y verlo físicamente tan vacío, pero tan lleno de ti aún me causa escalofríos, tu olor, tus cosas, tu.

No sabía si el tiempo iba a poder curar una herida tan profunda, sólo quería que volara.

Esa sensación de amanecer y darme cuenta de que no era una pesadilla sino la terrible realidad era abrumadora. Cerrar los ojos y seguir viendo esa última expresión en tu cara era aterrador.

Traté de no derrumbarme, de encontrar algo positivo, un aprendizaje, algo, lo que fuera que me ayudara a no quedarme en una esquina llorando, sabía que por más que llorara no ibas a volver y esa era mi nueva realidad, mi vida sin ti.

Pasaban los días y yo estaba anestesiada, tal vez como mecanismo de defensa, pasaron semanas, meses y esa tormenta que me despertó de una vida color de rosa empezó a cesar poco a poco.

Aferrándome a lo poco que en ese momento tenía comencé a caminar tratando de ignorar la tristeza, sentía que al hacerlo eventualmente se iría, pero no, solamente la guardé en lo más profundo y después de mucho luchar, un día me dio una bofetada. Ahí es cuando entendí que necesitaba enfrentar ese dolor que se sentía como un puñetazo en el estómago, de esos que te dejan sin aire.

Me limpié las lágrimas, me armé de valor y con todo el miedo, sintiéndome desprotegida y completamente drenada, levanté la cara y sonreí a lo que la vida tenía planeado para mí. Fue entonces, cuando las lágrimas dejaron de opacar mi mirada que entendí que después de algo terrible, siempre, siempre, viene algo bueno y estoy segura que tu tuviste mucho que ver en eso.

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Hoy a 12 años de haberte perdido, en los que ni un sólo día dejo de recodarte, puedo decir que el dolor se fue pero que jamás voy a dejar de extrañarte, que tu recuerdo es un tanto reconfortante y tu ejemplo ha sido mi brújula en el camino.

No ha sido fácil y no voy a negar que me haces mucha falta, pero hoy he aceptado que, como todo, la vida también tiene un principio y un fin.

Me hubiera gustado que tu final no hubiera sido tan pronto, sé que hoy estarías feliz de verme, estarías muy orgullosa de lo que he logrado y de la persona en la que me he convertido siguiendo tus pasos, aunque aún me quedan muy grandes.

Solo me queda agradecerte, por tanto, por haber dejado una huella tan profunda en cada persona que te conoció y que cada vez que te recordamos, hoy lo que se dibuja es una gran sonrisa en cada uno.

Tu generosidad, tu autenticidad, valentía, tu bondad. Siempre fuerte pero sensible, chistosa y divertida, siempre fuiste tan tú.

Sé que algún día te volveré a ver, de eso estoy segura, mientras tanto, hoy te recuerdo como la mujer más increíble que me pudo tocar como mamá.

12 años sin ti, pero tú, siempre conmigo.

 

#ReginaTeLoCuentaMejor