Un llamado a la paz en medio de la pandemia del coronavirus puso de nuevo en escena a Haya de Jordania, la mujer que está logrando lo impensable: ganarle la partida a un poderoso emir árabe.

Esta complicada historia de royals aún no termina, pero afortunadamente parece que está tomando un buen rumbo.

Como en todo cuento, hay una especie de villano que, en este caso, se sabe que al menos a hecho infelices a tres princesas. Él es el poderoso y multimillonario emir de Dubái, Mohamed Bin Rashid al Maktum, de casi 71 años. Ellas son dos de sus hijas, Latifa y Shamsa, así como su sexta, joven y guapa esposa, Haya de Jordania, de 45 años, quien es la heroína de nuestra historia.

Hace poco más de un año, ella se volvió noticia por su desaparición del foco público, tras una aparente vida perfecta al lado del jeque, con quien se casó en 2004.

¿Qué había pasado?

Las teorías surgieron, sobre todo cuando se recordaron las huidas del emirato de Latifa (la primera en 2002 y la más reciente en 2018) y de Shamsa en el año 2000. Hace un par de años, Latifa denunció en un video que temía por su vida y narró cómo, al igual que su hermana, escaparon pero fueron detenidas pronto, devueltas a su país, torturadas y encerradas en prisión algunos años. 

Como si fuera un cuento de Las mil y una noches, tanto Haya como las hijas de su esposo planearon la huida, con cómplices, amigos y hasta agente secreto en el caso de Latifa, quien “misteriosamente” está de nuevo en su país desde diciembre de 2018, situación de la que el gobierno de Dubái solamente declaró que ella “se encuentra bien y con su familia”. ¿Y Shamsa? Tras su escape de 2000 jamás ha vuelto a intentarlo o al menos no se ha sabido al respecto, vamos, ni de ella misma se sabe algo.

Al parecer, enterarse de los detalles sobre lo que vivieron sus hijastras, detonó la decisión de Haya, quien pidió asilo para ella y sus dos hijos (Jalila de 12 años y Zayed, de 8) en Inglaterra, cuyo gobierno se lo negó. Se hablaba de maltrato, amenazas y violencia machista del jeque hacia ella, algo de lo que se fue informando más conforme 2019 avanzaba, pues la princesa (hija del fallecido rey Hussein I de Jordania y hermanastra del actual, Abdalá) hizo lo impensable, pedir el divorcio, pelear la custodia de sus hijos y denunciar a su esposo ante las autoridades.

Todo parecía estar en su contra, entre otras cosas por la negativa del gobierno británico a darle asilo pero, como en un buen cuento de princesas, apareció una espacie de hada salvadora en la figura de su hermano, el rey Abdalá de Jordania, quien, muy probablemente debido a su investidura, se había mantenido públicamente al margen de tan desesperada historia. 

Pues bien, en septiembre, Abdalá, esposo de la carismática reina Rania, nombró a Haya como jefa adjunta de la misión de la embajada jordana en Reino Unido, así ella puede permanecer en el país, además cuenta con la inmunidad y la protección que la Convención de Ginebra otorga a los diplomáticos. 

Poco antes, Haya había contratado a la efectiva abogada que llevó los divorcios nada menos que de Diana y Carlos de Inglaterra, así como el de Fergie y Andrés, un gasto del que puede hacerse cargo gracias a la fortuna de casi 37 millones de euros que medios británicos dicen que la princesa logró resguardar antes de huir de Dubái. Además, ella tiene una residencia en Londres valorada en 90 millones de euros, cercana al palacio de Kensington. Es evidente que para cualquier mujer que busca huir de su maltratador, tener los recursos financieros es básico, no sólo su legítimo deseo y búsqueda de una vida mejor para ella y sus hijos.

Y justo eso es lo impensable en una mujer de Medio Oriente como Haya, que se atrevió a poner un alto a su esposo de quien, apenas el mes pasado, las autoridades británicas validaron las acusaciones de ella en su contra por secuestro, tortura e intimidación a mujeres de la familia, y por tanto la huida de ella de Dubái estuvo más que justificada. El juicio, cuyas conclusiones el jeque quería evitar que se difundieran, reveló que él repudió a Haya de acuerdo con las leyes de su país (quizá por la relación extramarital de ella con su guardaespaldas, aunque eso no se informó) y no se lo dijo. Además de que el emir la amenazó en varias ocasiones de diferentes maneras.

Este es el primer gran paso de la princesa; aún queda por definir la custodia de sus hijos para evitar que, por ejemplo, el jeque pueda comprometerlos en matrimonio contra su voluntad y/o siendo menores de edad.

En estos meses de apariciones públicas por el juicio, Haya no había hecho declaraciones, sin embargo hace unas semanas no calló más pero de la manera menos esperada a través de su Instagram, donde hizo un llamado a la paz en medio de la grave situación mundial por el coronavirus. “Mientras nos enfrentamos a una crisis global como ninguna otra que hayamos visto antes, los conflictos armados continúan en todo el mundo y los más vulnerables pagan el precio más alto”, dijo Haya, quien ha colaborado con diferentes ONG y con la ONU, como mensajera de la paz, desde 2007.

Así, esta princesa de la vida real, educada en Inglaterra de manera liberal y dispuesta a luchar no solo por ella sino por otras mujeres violentadas en la cultura machista de Medio Oriente (como Latifa y Shamsa), vuelve a escena como un ejemplo de que aunque alguna vez estuvo enamorada de su esposo (como reveló una amiga de ella a Vanity Fair), fue capaz de dejarlo a pesar de tener muchísimas cosas en contra.

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