Porque no todos los British Royals son los descendientes de la reina Isabel II, te presentamos el cuento de príncipe William de Gloucester que, a pesar de tener todo en contra, sí tiene final feliz.

Era guapo, encantador, culto, profesionista, cosmopolita, buen hijo, trabajador, todas las cualidades que amamos en los príncipes azules.

Nuestro protagonista es el príncipe William, pero no de Cambridge, sino de Gloucester, nieto del rey Jorge V e hijo de Enrique, el tercer vástago de este. Es por ello que nuestro William era primo hermano de la reina Isabel II; de hecho fue su pajecito de la boda de ella en 1947 y después tuvo una muy buena relación con su hijo Carlos, quien lo admiraba; al terminar de leer esta historia sabrás a qué grado.

William nació en 1941, fue el primogénito de sus padres, los duques de Gloucester, y por tanto  estaba “destinado” a heredar el título. Eso marcó la historia de amor que vivió años después.

En los años 60, el joven heredero era popular, guapísimo, deportista, atlético y estudioso. Asistió a Cambridge, donde cursó Historia e hizo un máster en Historia del Arte. Cosmopolita como era, hizo un posgrado en Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford, algo que le valió para hacer lo que pocos royals: trabajar. Es decir, los royals trabajan pero de modo muy diferente al resto de nosotros, lo que William logró fue que lo enviaran a la embajada de Reino Unido en Japón como diplomático, es decir, obtuvo el empleo de un ciudadano común.

Y en ese país, prácticamente llegando, conoció a la mujer de su vida. Genial, hasta este momento en nuestro cuento era lo único que le faltaba a William: una princesa. El detalle es que ella no podía serlo según los estrictos códigos reales de su país hasta ese momento, y eso que ya era el término de los años 60. Hoy sabemos que prácticamente pueden elegir a la pareja que quieran.

Ella era Zsuzsi Starkloff, una guapa exmodelo y azafata húngara. Y después de este “pero” por ser plebeya, vienen más: era judía, siete años mayor que el príncipe, divorciada en dos ocasiones (toda la familia real pensaba que podría ser la nueva versión de Wallis Simpson) y con dos hijos. Peor escenario, imposible.

Aun así, William siguió con ella

En 1970 se rumoraba que la relación iba tan en serio que podrían comprometerse. El príncipe vivió la presión de Palacio incluso a tantos kilómetros de distancia de Londres. El embajador, su jefe, habló con él de lo inconveniente de su relación para dar el siguiente paso porque, claro, como aventura no estaba mal. Así es, el machismo en toda su expresión.

El joven príncipe estaba muy bien educado, era correcto, gentil y sí, tenía un hondo sentido del deber familiar y de que era heredero de un título nobiliario, así que le dijo al embajador que lo pensaría aunque en el fondo él estaba seguro de su amor por Zsuzsi. Pero parece que en Buckingham no quedaron conformes con esta respuesta y con el pretexto de una misión oficial, en las que a veces la suplía, Isabel II envió a la princesa Margarita a Japón.

Básicamente, la hermana de la reina fue a conocer a Zsuzsi, quien en 2012 dijo a Daily Mail que en apariencia Margarita fue amigable y que le comentó a William: “No me sorprende que estés enamorado de ella”, mientras cenaban los tres.

Ni esa presión sirvió y aunque lo retiraron de Japón, él llevó a Zsuzsi un tiempo con él a Reino Unido y así ella conoció a su madre, lady Alice. “Recibí una maravillosa bienvenida de la duquesa. Ella era cálida y amigable, sentada con sus flores y su costura, y conversamos. Pero ella era muy reservada y era difícil saber lo que realmente estaba pensando”, contó al Daily.

Los medios, como siempre, estaban encima presionando con titulares como “La royal judía”.  William no podía acudir con su padre en busca de apoyo, en caso de que se lo hubiera dado, pues el duque estaba muy enfermo después de los derrames cerebrales que sufrió desde 1965. Estaba solo.

Y, de nuevo, aun así él siguió con Zsuzsi.

Era ya agosto 1972. Ella estaba en Nueva York, y a pesar de todo seguían viéndose, confesó ella años más tarde. En Reino Unido, William participaba en el Trofeo Aéreo Internacional Goodyear.

La aviación era una de sus pasiones, era un piloto experimentado que, sin embargo, ese día no pudo evitar que su nave fallara, se estrellara contra un árbol y se incendiara. Murieron él y su copiloto.

Así, inesperadamente terminó un nuevo capítulo de conflicto entre el deber y el amor en la vida de los Windsor durante el siglo XX.

El rey Eduardo VIII y la princesa Margarita habían sido los protagonistas de los anteriores; el del príncipe Carlos con Camilla comenzaba a gestarse. Esa vez había sido el turno del príncipe William de Gloucester y de la forma más triste porque en ninguna de las otras historias murió alguno de los miembros de la pareja.

¿Y cuál es el final feliz? Te preguntarás. Bueno, en realidad son dos, uno es que Carlos le puso William a su primogénito, el futuro rey de Inglaterra, vaya homenaje, ¿no?

El final más entrañable es que para Zsuzsi, su amada, él sigue siendo el amor de su vida, esto se nota al verla en el documental A Tragic Love Story, The Other Prince William (2015). Además, el anillo con su inicial que el príncipe le dio hace décadas sigue colgando de su cuello.

 

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