Realeza

De luto en la Provence, así fue como Carolina de Mónaco sobrevivió su duelo de 10 años por la muerte de su esposo Stefano Casiraghi

De luto en la Provence, así fue como Carolina de Mónaco sobrevivió su duelo de 10 años por la muerte de su esposo Stefano Casiraghi
Carolina de Mónaco dejó el Principado para refugiarse con sus hijos en Saint-Remy de la Provence, tras la muerte de Stefano Casiraghi. (Foto: palais.mc)

El próximo 3 de octubre está por cumplirse 35 años de aquel trágico accidente que le arrebató la vida a Stefano Casiraghi, dejando viuda a la princesa Carolina de Mónaco, quien vivió su duelo por 10 años.

El empresario italiano participaba de una competencia marítima cuando su embarcación, la Pinot de Pinot, volcó contra una ola, provocándole de manera instantánea la muerte.

Afligida por el dolor y con apenas 33 años, la princesa comenzó a vivir un episodio sombrío en su vida, que estuvo marcado por la tristeza, las penas y hasta la enfermedad.

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Carolina de Mónaco se refugió en Saint-Rémy para vivir su duelo

Devastada por la pérdida del gran amor de su vida, Carolina de Mónaco hizo maletas, canceló compromisos y junto a sus tres hijos, Andrea, Charlotte y Pierre, se refugió en la lejanía de las montañas.

Tras abandonar el Principado, la princesa y sus hijos se establecieron en un aprisco provenzal, una especie de granja, en Saint-Remy de la Provence, en la región de Les Alpilles, llamado Mas de la Source.

Rodeada de campo, la construcción del siglo XVII fue el hogar donde Carolina, alejada del escrutinio público, quiso hacerle frente al luto por la partida de Stefano, pero también para educar y estar más cerca de sus hijos.

El duelo de diez años que vivió Carolina en Les Alpilles

A la muerte de Stefano Casiraghi, sus hijos eran muy pequeños; simplemente, Andrea, el mayor, apenas tenía cinco años.

Tras mudarse a Saint-Remy, se desconocía cuánto tiempo le tomaría a Carolina regresar a la ‘normalidad’ y con ella su regreso al Principado. Pero la princesa tenía otros planes, pues su estancia en el aprisco provenzal se extendió por diez años.

Fue durante este tiempo que sus hijos crecieron y hasta iniciaron con su formación escolar, siendo la escuela pública del pueblo la elegida por la princesa para que sus hijos acudieran a la primaria.

“Enseguida nos adaptamos al colegio público local y fue muy enriquecedor relacionarse con todo tipo de gente desde el punto de visto humano y social”, llegó a declarar Charlotte a Madame Figaro, en 2020 sobre los recuerdos de su infancia.

Gracias a la lejanía del Principado, tres horas en auto de Montecarlo, Carolina vivió una vida normal para ella y sus hijos, lejos de los paparazzi.

Al inicio de los diez años de su luto a Stefano, Carolina enfrentó otro problema: la calvicie. Como resultado del mal estado en el que se encontraba anímicamente, la princesa comenzó a perder su pelo.

Aunque nunca hubo confirmación oficial, todo apuntaba a que la calvicie se debía al estrés emocional por la pérdida de su marido.

Pese a estar fuera del foco, la revista italiana Oggi reveló la noticia al llevarla en portada luciendo la cabeza afeitada.

La revista italiana Oggi reveló la imagen de la princesa Carolina con la cabeza rapada.
La revista italiana Oggi reveló la imagen de la princesa Carolina con la cabeza rapada. (Foto: Especial)
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La nueva vida de la princesa Carolina

Conforme pasaron los años, la hija mayor de Rainiero y Grace Kelly retomó paulatinamente su agenda de actividades. Fue así como poco a poco se dejó ver en algunos eventos en Palacio, viajando en carretera y regresando a casa por la noche para reencontrase con sus hijos.

Pese a ello, Carolina se acostumbró a la vida rural y la tranquila dinámica que se vivía en Mas de la Source. Fue así como se volvió una lugareña más, dejando atrás los vestidos de lujo que cambió por ropa cómoda, jeans, sandalias de piso y pañoletas anudadas a la cabeza, que le sirvieron para ocultar su cabeza rapada y después como un mero accesorios.

Una vida lejos de los protocolos

Su estancia en Saint-Remy de la Provence, no sólo despojó a Carolina de los vestidos y las tiaras, sino que también le permitió disfrutar de una década para consentirse en todos los sentidos.

Gracias a su ubicación, retomó sus clases de equitación, mismas que inculcó a sus hijos, siendo Charlotte la que abrazó con más cariño dicho pasatiempo hasta convertirse en la gran amazonas que es hoy en día. Además, era común verla caminando por las tiendas locales y mercados, surtiéndose de insumos para llevar y cocinar en casa. Carolina, también recibió lecciones de piano por parte de una profesora en Arles.

Poco a poco, la princesa fue recuperando su vida y con ello también se dio una oportunidad en el amor. La hermana mayor de los Grimaldi comenzó a salir con el actor francés Vincent Lindon; incluso se lo llevó a vivir con ella y sus hijos.

Su debut como pareja llegó cuando ambos acudieron al Gran Prix de Mónaco. Sin embargo, seis meses después dieron por terminada su relación, aún cuando él seguía enamorado de la princesa.

En plena adolescencia de sus hijos y sanada en todos los sentidos, Carolina volvió hacer maletas, esta vez para regresar a cumplir cabalmente con sus funciones de princesa.

Nuevamente se instaló en Clos Saint-Pierre, la propiedad que su papá le regaló cuando contrajo nupcias con Phillipe Junot, mientras que Le Mas de la Source lo conserva aún como destino vacacional.

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