El nombre del perro Rocky es tendencia en redes sociales en México desde hace unos días debido a su lamentable muerte y las causas que la rodearon, miles de personas, famosos y activistas alzan la voz por el caso para reclamar justicia.
El can, de raza Gran Pirineo, que tenía 14 años, falleció el 22 de julio en un hospital veterinario de Saltillo, Coahuila, cuatro días después de que su dueña, identificada como Liliana “N” lo arrastrara con su camioneta y luego lo atropellara en las calles del fraccionamiento Villas de San Miguel, en el estado del norte de México.
Los videos que muestran la barbarie cometida contra Rocky han causado indignación y motivado a un movimiento de conciencia social en el que famosos, activistas, amantes de los animales y la opinión pública en general exigen un castigo penal ejemplar para la autora y que se siente un precedente en la lucha contra el maltrato animal en México.
¡Todos somos Rocky! Personalidades piden justicia para el perrito
La muerte del perro Rocky detonó una ola de pronunciamientos en redes sociales.
La Miss Universo, Fátima Bosch, publicó un mensaje en su cuenta oficial de Instagram en el que pide perdón a los animales por conocer la crueldad del ser humano y pide recuperar la empatía y el respeto por la vida en cualquiera de sus formas.


“Perdón a todos los animalitos que han conocido el miedo, el dolor y la crueldad por culpa de los seres humanos, sin tener voz para pedir ayuda ni poder defenderse. Estas cosas nos rompen el corazón y nos recuerdan la decadencia de una sociedad que necesita urgentemente recuperar la empatía y el respeto por la vida”, escribió.
También, Lupita Jones habló del caso y exigió un castigo ejemplar para Liliana “N”.
“Me llena de una gran tristeza y dolor ver la ruindad que existe en el ser humano. No solo por él, sino por miles, millones de animalitos que todos los días sufren en este país. A las autoridades de Coahuila, de verdad, un castigo ejemplar. Que no valgan influencias, que no valgan compadrazgos y amiguismos”.
El cantante Héctor “Apio” Quijano lamentó lo sucedido con Rocky y señaló que es un reflejo de la sociedad, razón por la que hizo un llamado: alzar la voz por los que no la tienen y exigir justicia.


La prensa retoma el caso de Rocky y sociedades protectoras de animales se manifiestan
Medios y periodistas como Latinus y Paola Rojas han dado eco a la lamentable noticia.
“Murió Rocky, el perro que presuntamente fue arrastrado y atropellado por su dueña en Saltillo, Coahuila. El animal no superó las graves lesiones. Liliana “N” fue vinculada a proceso y permanece en prisión preventiva“, compartió la periodista.
Sociedades protectoras de animales como Amor sin Raza, de Erika Fernández, también se pronunciaron al respecto y pidieron todo el peso de la ley en contra de la autora del maltrato de Rocky.
La comunidad amante de la vida también se refirió al sensible tema de Rocky
Victoria García, rescatista y activista amiga de El mundo de Regina, quien se describe como “animalera de alma, cuerpo y corazón”, ofreció un sentido ensayo en el que invitó a tomar conciencia por el caso del perrito Rocky y la lección que deja para exigir justicia ante este tipo de situaciones en contra de seres vivos.
Rocky no fue “un caso más”
Escribo esto sin aliento, con horror, tristeza, coraje. Son demasiados los casos de crueldad extrema de los que nos hemos enterado en estos días. Quitan el aliento, ya lo dije y estrujan los ojos tanto como el corazón. Hierve la sangre y las lágrimas no cesan.
De verdad, hay historias que uno desearía no conocer jamás. Esta es una de ellas. Otra, desgraciadamente es la de Rocky. Nuestro Rocky, porque este adorable perrito ya es -fue- de todo el país.
No quisiera saberlas, no porque sea mejor vivir ignorando el horror, sino porque, una vez que las conocemos, ya no existe la posibilidad de volver a mirar a un perrito con la misma inocencia. Algo cambia para siempre.
Rocky era un perro de catorce años. Un anciano. Durante toda su vida hizo lo único que un perro sabe hacer: confiar. Confiar en las personas que alimentaban su cuerpo, acariciaban su cabeza y representaban su mundo entero. Esa confianza absoluta fue traicionada de la forma más brutal imaginable.
No quiero recordar a Rocky por la manera en que murió. Quiero recordarlo por todo lo que vivió antes de ese día. Por los años en los que seguramente esperó a su familia detrás de una puerta, movió la cola al escuchar unas llaves, buscó compañía cuando tenía miedo y ofreció ese amor silencioso e incondicional que solo un perro puede dar.


Una muerte que corre el riesgo de ser olvidada
Y, sin embargo, su historia terminó convirtiéndose en una noticia. Una noticia que indignó a miles de personas durante unos días. Una noticia que, como tantas otras, corre el riesgo de ser reemplazada por la siguiente tragedia. No debería ser así.
Cada vez que un caso de crueldad extrema ocupa los titulares, repetimos el mismo ritual colectivo: sentimos rabia, compartimos fotografías, exigimos justicia y, poco a poco, el país sigue adelante. Pero Rocky ya no. Él no tiene una segunda oportunidad. Lo verdaderamente doloroso es que Rocky no fue una excepción. Tampoco será el último, a menos que decidamos dejar de tratar la crueldad animal como un problema menor.
México ha avanzado en materia de protección animal. Cada vez más estados tipifican el maltrato como delito y contemplan penas de prisión y multas. Sin embargo, la existencia de una ley no garantiza su cumplimiento.
Entre la denuncia y la sentencia existe un abismo. Denuncias que nunca prosperan, investigaciones deficientes, pruebas que se pierden, autoridades que consideran estos delitos poco importantes. Procesos que se prolongan durante años y víctimas que jamás obtienen justicia.
Nos gusta pensar que el problema se resuelve aumentando las penas. Tal vez sea parte de la respuesta, pero no es suficiente. Las leyes necesitan instituciones capaces de aplicarlas. Necesitamos fiscalías que cuenten con personal especializado. Peritos veterinarios forenses, policías capacitados para intervenir, protocolos claros para retirar animales de situaciones de riesgo antes de que sea demasiado tarde y jueces que comprendan que el sufrimiento de un animal no es un asunto menor.
Porque la pregunta nunca ha sido cuánto vale la vida de un perro. La verdadera pregunta es qué clase de sociedad acepta que un ser completamente indefenso pueda sufrir semejante violencia sin que exista una respuesta contundente.


Dar voz a quienes no tienen
Los animales no tienen voz. No pueden llamar al 911, no pueden presentar una denuncia, no pueden contarle a un juez lo que vivieron. Dependen completamente de nosotros y esa dependencia convierte nuestra indiferencia en una forma de complicidad.
No escribo estas líneas únicamente por Rocky, las escribo por todos los animales cuyo nombre nunca conoceremos, por los que mueren lejos de una cámara, por los que jamás serán tendencia, por los que sufren en silencio mientras el resto del mundo continúa con su rutina.
Ojalá llegue el día en que recordemos a Rocky no solo como el perro cuya muerte estremeció al país, sino como el punto de inflexión que nos obligó a preguntarnos si nuestras leyes realmente protegen a quienes no pueden defenderse por sí mismos.
Porque la justicia nunca podrá devolverle la vida, pero todavía puede evitar que otro perro tenga que vivir -y morir- de la misma manera.
Que Rocky y todos los animales que han sufrido a manos de seres humanos nos perdonen. Yo no puedo. Yo, y el país entero, exigimos justicia. Y velaremos porque así sea. Eso, por lo menos, podemos prometerle a Rocky.
Que la muerte de Rocky ayude a erradicar el maltrato animal en México
Hay historias que nos rompen el corazón, pero también despiertan conciencias. La muerte de Rocky es una de ellas. Quiero creer que, aunque nunca debió ocurrir, su historia hará que cada vez más personas entiendan que un perro no es una mascota, es un miembro de la familia, un ser capaz de amar con una pureza que pocas veces encontramos entre los humanos.
Somos millones los que ya no estamos dispuestos a callar. Ojalá que este dolor marque un antes y un después y que México se convierta en un referente mundial en la protección y el respeto hacia los animales. Rocky merece que su historia cambie muchas otras.


Ojalá llegue el día en que México sea noticia por cómo protege a los animales y no por cómo los pierde”, compartió Almendra Rodríguez, activista, amante de todo ser vivo y fundadora de la marca mexicana LURICMX.
También, Catalina Buchanan ofreció su sentir ante el lamentable fallecimiento del perrito Rocky.
Un país que normaliza el sufrimiento de los animales pierde un poco de su humanidad. ¡Que la historia de Rocky nos duela lo suficiente como para no volver a repetirla! ¡Lo ocurrido con Rocky no puede quedar impune! Esa mujer merece cárcel.


El ambientalista Arturo Islas Allende viajó a Saltillo por el caso de Rocky
El influencer y ambientalista mexicano, Arturo Islas Allende, se sumó al llamamiento colectivo en contra de la persona que atentó en contra de la vida de Rocky y acudió a Saltillo para organizar una marcha pacífica debido a que circulaban versiones de que la agresora habría llegado a un acuerdo con un juez.
Cientos de personas acudieron a la cita en el municipio para expresar su repudio al crimen cometido a Rocky.
“Para todos los que quieren saber si realmente está detenida Liliana (N) quien arrastró y atropelló a Rocky hoy entró una comitiva de 12 personas a comprobarlo”, compartió Arturo en sus redes sociales.
Vinculan a proceso a Lilana ‘N’ por el caso del perro Rocky
Liliana “N”, la mujer señalada de arrastrar con su camioneta al perro Rocky en el fraccionamiento Villas de San Miguel de Saltillo, fue vinculada a proceso bajo prisión preventiva y enviada al centro para mujeres en Coahuila, confirmó la Fiscalía General del Estado.
“Iniciamos la investigación, recabamos todas las pruebas, formalizamos los videos que circularon en redes sociales, acudimos al domicilio a realizar una inspección mediante la autorización, obviamente, de un juez de control, derivado de la delicadeza del tema y cuidando siempre el debido proceso”, señaló la FGE.
Esposo de Liliana ‘N’ detenido por obstruir el cateo
Antes de la aprehensión de Liliana, la noche del lunes 20 de julio fue detenido su esposo, Jorge “N”, por el delito de obstrucción a la justicia.
Según la Fiscalía, el hombre obstaculizó el trabajo de elementos de la Agencia de Investigación Criminal durante el cateo al domicilio familiar en Villas de San Miguel.
Rocky murió la mañana del 22 de julio, en el hospital veterinario Pets Care Saltillo, a consecuencia del trauma medular agudo que le provocó ser arrastrado con una cadena atada a la camioneta de su dueña, el sábado 18 de julio.
La presidencia municipal de Saltillo y el alcalde Javier Díaz González emitieron un comunicado en el que niegan cualquier vínculo con los implicados y rechazan que la corporación policiaca los haya protegido.
El caso de Rocky ha generado gran indignación y la mayoría de la opinión pública pide que su muerte no quede impune y marque un antes y un después en materia de protección y sanciones sobre aquellos que atenten contra animales.







