El silencio me envuelve el día de hoy y de alguna manera estoy agradecida, pocas veces existe la oportunidad de sentir esta soledad, palabra que a mucha gente le asusta y no saben cómo lidiar con ella, la confunden con desolación, con abandono o con tristeza.

La soledad bien manejada es de las cosas más grandes que el tiempo nos puede regalar, un momento con nosotros mismos, un rato donde lo único que se escucha es la respiración, el viento, el corazón y por supuesto, la que para algunos puede ser una muy escandalosa conciencia.

La gente oye, pero no escucha, hablan sin decir nada y esos momentos de soledad y de silencio absoluto son perfectos para escuchar, para escucharnos, ensimismarnos, para pensar, resolver, cuestionar.

Cuando el silencio es ensordecedor no queda nada más que la mente, llena de pensamientos, deseos, añoranzas y sueños, tal vez acompañados de algunos arrepentimientos y culpas.

Cuando el silencio es el único compañero, el corazón habla, habla de sus amores, desamores, de los dolores y alegrías, de tristezas, pérdidas, logros y silenciosos fracasos.

Una conversación con el silencio es una conversación con nosotros mismos, se dicen muchas cosas, se aceptan otras más, pero siempre son conversaciones llenas de honestidad.

El silencio siempre nos dice la verdad, en ocasiones son verdades incómodas, verdades difíciles de aceptar, somos vulnerados hasta el alma, el silencio nos desnuda, el silencio es enfrentarnos a nosotros mismos.

El silencio es un gran amigo, un gran maestro de vida, es nuestro más confiable confidente, pero también es un juez implacable al que no se le puede mentir.

Cuando el silencio toca la puerta nuestra historia viene con él,

Con todos sus bemoles, con sabores agrios y dulces. Es un momento de inspiración, de sanación, un momento de amor propio, saber aprovecharlo es una virtud.

El silencio somos nosotros ante nosotros mismos, somos nosotros diciéndonos, confesándonos sin juicio, sin penitencia. El silencio somos nosotros escuchándonos sin muros o corazas que de pronto construimos por protección y que en tan valioso momento son innecesarios.

El sonido del silencio somos nosotros mismos desnudando nuestra propia alma.

 

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