Retomemos el asunto de Plácido Domingo. Ayer, miércoles 3 de octubre, anunció que renuncia a su papel de director general de la Ópera de Los Ángeles, cargo que desempeñaba desde el año 2003. Esto es el efecto dominó tras abandonar sus presentaciones en el Met de Nueva York y después de que tanto la Ópera de San Francisco como la Filarmónica de Filadelfia, a su vez, cancelaran las actuaciones del tenor, como consecuencia de las acusaciones por acoso sexual en su contra. Con esta dimisión, el maestro queda fuera de cualquier cartelera operística en Estados Unidos, aunque mantiene su carrera en Europa, donde además de recibir ovaciones y apoyo, las casas de ópera se muestran reacias a dar cabida a las acusaciones hasta que se demuestre su validez legal.

En México, país en el que Plácido Domingo es muy querido y donde siempre ha sido bienvenido, el maestro recibirá este 5 de octubre en el Centro Cultural Roberto Cantoral el Premio Batuta, junto a otros 16 artistas, como reconocimiento a su trayectoria y a su gran aportación a la música clásica.

Esto me lleva a pensar: ¿Cuál es la verdad en este asunto? ¿Quién tiene la razón? ¿Fue realmente acoso o una manera torpe de acercarse a las mujeres de un hombre con un ego enorme y un afán de saberse deseado? ¿Es válido quemar en la hoguera a alguien por un enfrentamiento de “tu palabra contra la mía”? ¿No deberían, en todo caso, esperar los resultados de las investigaciones y el fallo de los jueces en un tribunal? Probablemente nunca sabremos la verdad. Sin embargo, por desgracia, independientemente de si las acusaciones resultan ser válidas o no, debido a estas declaraciones (en su mayoría hechas por mujeres que mantienen su anonimato), las implicadas ya están logrando su cometido inicial: desprestigiar a un gran artista. Y esto significa una gran pérdida para el mundo de la ópera mundial.

#reginatelocuentamejor