Nuestra columnista, Sofia Aguilar, tuvo la idea de dar a conocer las opiniones de todas las contribuyentes de El Mundo de Regina pues somos mujeres unidas con una preocupación común, nos damos la tarea de expresar lo que sentimos buscando justicia para la mujer no solo en México, sino en el mundo.

Que no se hagan pendejos.
Ni pendejas.

Les pedí a mis compañeras de “El Mundo de Regina”, que compartieran lo que están sintiendo, tras los continuos feminicidios en nuestro país. Pues en lo que va del 2020 ya han muerto demasiadas mujeres y quién sabe cuantas sigan.

Mañana podría ser una de nosotras.
Y nadie, pero de verdad nadie, nos está cuidando.

El otro día mi pareja, que es junto con mis hijos, mi persona más cercana; me dijo,

     “Estoy harto feminicidio, no lo entiendo, nomás no lo entiendo, no tiene sentido”…

Se lo trate de explicar y de milagro no se tapo los oídos,

     “No me expliques por favor, es hominicidio, no sé porque lo llaman feminicidio…”

Estamos hablando de un hombre educado, un hombre bueno, con principios y valores, estamos hablando de la persona que yo amo, pero no tiene ni puta idea de este tema, porque como muchos de los hombres en este país, no les
parece tan relevante, no les parece tan brutal, de hecho no les parece “tema”; y yo pienso que es porque no los están matando a ellos. No fuera al revés, porque ya tendríamos acá de vuelta a Giuliani.Algunos hombres fingen que les importa, que son sensibles ante lo que está sucediendo, y sí habrá unos cuantos, pero en su mayoría son una bola de mal-
informados.
No nos hagamos güeyes.
Sobre todo nosotras.

La mayoría de los machitos de este país, de todos los estratos sociales, desde el Mirrey máximo, hasta el que no tiene que comer, piensa que la mujer es menos que el hombre, piensa que estamos hechas para servir y complacer,
piensa que debemos cuidar a los niños, y encima piensa que estamos “haciéndola de pedo” con el tema.

¿Acaso no se pusieron todos como unas nenas con el grafiti del ángel de la independencia? Ahora sí se están echando para atrás, pero hace unos meses, uta, son unas violentas, callejeras, vulgares y perras. Parecía que habían rayado las paredes de sus mendigas casas de las Lomas. Entonces para comenzar a cerrar filas, dejemos claro que el feminicidio no
es un hominicidio. Porque se trata de privar de la vida – a la mujer – sólo por el hecho de ser mujer. Es la manifestación más espantosa y miserable, de la inminente desigualdad que existe entre hombres y mujeres.

El feminicidio se define como el asesinato de mujeres debido a su condición de género y desde diciembre de 2018 el Diccionario de la lengua española define «feminicidio» como el «asesinato de una mujer a manos de un hombre por
machismo o misoginia»

Cada día un promedio de 137 mujeres alrededor del mundo muere asesinada por su pareja o algún miembro
de su familia (según información dada a conocer por Naciones Unidas). Mismo organismo que concluye que “el
hogar es el lugar más probable” donde las mujeres sean asesinadas. El mayor índice de feminicidios se concentra en Latinoamérica, y México está compitiendo fuertemente por llegar a los primeros lugares.

Y ¿qué esta haciendo el gobierno, las entidades de seguridad, la sociedad civil,
que están haciendo los que pueden hacer algo?
NADA,
No están haciendo nada.
El problema que es ya muy grave, no ha logrado ser erradicado – con los
esfuerzos sumados – de quienes llevan un rato en la lucha. Hace falta aún
mucho más.

Ese odio a las mujeres que no se puede negar, es el que aprendieron desde chicos – los varones – de nuestro país.
Y muchísimas mujeres no ayudan.

Ellas están educando a sus Mirreyesitos o a sus chamaquitos, en la misma
modalidad estúpida donde ellas crecieron, donde logran que sus hijos piensen que dominan su casa, y dominan el mundo, por encima del sexo opuesto. No los enseñan a respetar a la mujer, los tratan distinto que a sus hijas. Mismas
que a su vez están siendo educadas para acabar con un machito nuevo, que en una de esas las mata.

Y ya no podemos seguir escuchando argumentos estúpidos, como el “de la idiosincrasia nacional” o el de los “neoliberales que estuvieron antes…”
Háganme el favor y paren ya con el discurso tibio, empezando por el trasnochado de nuestro Presidente.
¿Cómo que así somos los Mexicanos? Pues no. No somos. No podemos seguirlo siendo.

Yo hoy me uno a lo que sea, a quien sea, a quien nos ayude a que se acaben las muertas. A que no haya más Fátimas ni más Ingrids, y toda la lista de nombres que es interminable.
Hay que investigar más,
Educar más,
Observar más,
Y endurecer el puto castigo para esos HDP que creen que nos pueden tocar.

Hoy grito de coraje y les pido a todas las mujeres que hagan su parte, vestidas de morado o de naranja, no necesitamos pañuelos, ni sus posts en Instagram, necesitamos que enseñen a sus hijos acerca de la igualdad de género, que los
enseñen a cuidar, apreciar y respetar a todas las mujeres.
Porque sin ellas no existiríamos más,
Porque cada vez que matan a una,
nos matan a todas.

Y si alguien sigue sin verlo, que abra los ojos,
Porque nos están matando. – Sofia Aguilar 

 

 

 

Yo me encuentro sumamente consternada con los acontecimientos relacionados a violencia contra las mujeres.
Desde el atroz asesinato de la indefensa Fátima, quien iba de la mano y platicando con la mujer que la llevó a su muerte, hasta la periodista asesinada ya no sabemos si por pedir justicia o por el simple hecho de hablar.

La saxofonista a la cual el ex novio le echó ácido en la cara; la esposa que murió porque le dijo a su marido que ya no siguiera tomando y el se molestó y decidió matarla; la mujer que pidió ayuda y denunció a su ex esposo diciendo que la iba a matar y tristemente fue lo que sucedió pues a pesar de que fue arrestado con pruebas, salió libre a eso justamente: a matarla. ¿Cuántos casos mas?

Y algo que me da aun más tristeza: ¿cómo una mujer puede ser parte de esto?, ¿cómo una mujer pudo entregar a Fatima a su asesino? O la suegra que permite que su nuera sea golpeada o la madre que permite que su hija sea abusada…¿cómo entre mujeres no nos cuidamos?

Aquí ya no solamente es el policía malo, el novio loco, el pederasta, el taxista.. es la misma mujer en contra de otras. Y más triste: ¿Dónde quedan esos hechos? Porque suceden en primer lugar? ¿Qué hace pensar que se puede atacar, golpear, lastimar, violar, torturar, matar a una mujer? ¿A un ser humano? ¿Con qué derecho? Creo que este tema va mas allá de la cultura machista, mas allá de la educación. Es un tema de pensar que la vida no vale nada y que se puede acabar con ella sin consecuencias. Es un sentimiento de impunidad que genera a hacer estos actos atroces sin miedo.

Todos y no solo en México, merecemos vivir tranquilos. Sin temor a que se nos pueda privar de la vida en un segundo. Merecemos poder caminar en las calles, salir libremente con nuestras amigas, manejar solas sin riesgo, llegar a tu casa y oficina y saberte segura. Es derecho de cualquier ser humano tener esta paz.
Saber que existe la justicia y que cuentas con ella; que no estas sola y que te puedes refugiar en ella si te amenazan o te atacan. Sentirnos protegidas. ¿Cómo podemos lograr esto? Esa es para mi la pregunta y para lo cual necesitamos unirnos. Todos: mujeres y hombres. #niunamas – Luisa Serna

“Como muchas mujeres, me encuentro sensible, asustada y enojada ante los hechos y noticias sobre la violencia en contra de las mujeres en nuestro país. Primero quiero compartir que creo que no es un tema de hombres contra mujeres, sino de gente buena contra gente mala. Tampoco creo que el gobierno sea el único culpable, por supuesto que hay un tema de falta de seguridad y rapidez en actuación por parte de las autoridades, pero creo que también mucho de todo lo negativo que estamos viviendo puede mitigarse un poco con educación para la paz y educación en valores en las casas, en las escuelas. También ser más solidarios y cuidarnos más entre nosotros, reducir contenidos violentos en los medios de comunicación, respetar y convivir con nuestras diferencias de género complementándonos, tratar de ser menos egoístas y más solidarios, en fin…  ¡Tanto por hacer!” – Marta Elizalde

Ayer me pidieron que diera una opinión sobre el Feminicidio. Me vinieron a la mente varios pensamientos: niñas muertas, violadas, mujeres sin fuerza atacadas por hombres fuertes; de mamás preocupadas pero también de mamás que han cooperado con una sociedad machista, que desde que sus hijos eran chicos no hicieron más que dar ciertos ejemplos en que las mujeres: sus hermanas, y las mismas madres son las que tenían que atenderlos. Ellas tenían que ser las prudentes y no discutir. Miles de mujeres en este país educan hombres que se creen merecedores de las atenciones de las mujeres; creo firmemente que este es uno de los grandes problemas, porque estas agresiones que vemos hoy en día vienen de raíz, de una infancia no equilibrada, de un odio hacia la mujer, de un ejemplo de maltrato y abuso del hombre a la mujer, y la mujer permitiéndolo, en la mayoría de los casos; así como de una represión de los sentimientos en los hombres. Podría ser infinito el análisis pero la verdad no soy ninguna experta en el tema,  creo que en este siglo las mujeres somos agredidas por varios lados y no nos damos cuenta, y si nos damos cuenta no sabemos por donde empezar.

 Además de los pensamientos que comenté anteriormente me vino también a la mente el famoso reggaetón. El otro día, en el salón de belleza y mientras me peinaba Erick, estaban pasando en la tele videos de este género, vi alrededor de 10 videos durante el tiempo que mi peinador me pasaba la secadora y me empezó a dar una especie de corajito, no sé si en contra de los hombres o de nosotras las mujeres. En cada uno de estos videos la mujer aparece como un símbolo sexual: pechos, pompas, movimientos sexuales, bikinis mínimos y cachondeces; hombres rodeados de mujeres dándoles nalgadas y diciendo que se las quieren coger o cantando a coro:   Esto es perreo a lo bruto, dándote hasta joderte la vesícula  o No lo pienses y conmigo préstate o Móntate en mi nave. Queremos que nos respeten que no nos vean como símbolos sexuales. Considero este tipo de videos y el lugar en el que ponen a la mujer una agresión enorme pero eso en general parece aceptable. Pero porque alimentar lo que no queremos ser o lo que no queremos representar, son muchas las situaciones que nos han llevado a estar pasando lo que hoy pasamos pero creo que hay que ir cortando de tajo cosas y situaciones que nos denigran como mujeres…Aunque sea una simple canción. – Ana Teresa Cervantes 

La muerte de Fátima es la gota que derrama el vaso

No es un tema nuevo. Ni siquiera es un problema que haya empezado con el gobierno actual. Lo que sí es que, tras la respuesta de AMLO al asesinato reciente de la niña Fátima Cecilia, de tan solo 7 años de edad, queda en evidencia la total sordera del gobierno frente al creciente número de muertes de mujeres que amenaza a nuestro país. “No me rayen las puertas” es la reacción de nuestro presidente ante la violación y el crimen tan cruel de la niña en Tláhuac, mismo que se suma a una enorme cadena de asesinatos que, si bien no dieron inicio en su gobierno, sí se han acentuado en los últimos tiempos. Las mujeres estamos cansadas, estamos aterradas, estamos indignadas ante la respuesta nula de nuestras autoridades que si no “tienen otros datos”, afirman que los que nos quejamos lo hacemos “sólo porque están en contra de nuestro proyecto”, o de plano nos responden con un descarado “Orita no”. Ya no es momento de los abrazos, de las palabras huecas y de un decálogo de palabrería que para lo único que sirve es para que el presidente pueda dormir “con la conciencia tranquila porque lo estamos atendiendo”. Se necesitan medidas reales, se deben tomar decisiones para protegernos, para acabar con la corrupción del sistema de justicia que hace que la inmensa mayoría de los crímenes en nuestro país queden impunes. Si nos receta una más de sus diatribas mañaneras, la 4T corre el peligro de hacer que el problema le explote en la cara. ¡Ya no es momento!  – Fanny Carrillo

ME DESPERTÉ

Me desperté a las 3:13 de la mañana, no puedo dormir. He visto y escuchado demasiado acerca de los feminicidios y lo preocupante es que todos, absolutamente todos los días pasa y miles de historias se quedan enterradas. Esto no es nuevo, son los gritos silenciosos que llevaban mucho tiempo tratando de ser escuchados. Todas las mujeres de este país estamos sintiendo miedo, angustia, mucha ansiedad.  Me desperté y decidí escribir. Me di cuenta de algo verdaderamente triste. Al hacer conciencia de la situación, al voltear a ver a otras mujeres y empatizar con sus experiencias, me di cuenta de que yo llevaba años adoptando este estilo de vida represivo. Había normalizado tantas actitudes, había aceptado que las cosas fueran así y eso fue lo que más me enojó. Estoy sumamente enojada, enojada con la situación, con el gobierno, con mi país, conmigo misma.
Una de las primeras imágenes que vino a mi mente en este insomnio fue el de Isabel mi amiga.

Isa había cumplido su sueño de ir a Islandia; al regresar a México me contó una de las anécdotas que más me marcarían. Me contó que un día salió tarde de un restaurante, ella estaba viajando sola. Al salir de noche, en una calle tranquila pero obscura, sintió miedo. Iba de regreso al hotel volteando hacia atrás cada 5 pasos, iba con el corazón acelerado. Al entrar a su cuarto pensó que había tenido suerte de haber llegar sana y salva, cuando de repente cayó en cuenta de que estaba en Islandia, el país más seguro del mundo. Una mujer local definitivamente no hubiera sentido lo que ella sintió de regreso a casa. Isabel me dijo: “Fue cuando me di cuenta que el miedo con el que crecí en México, mi miedo de todos los días, ya no solamente se vive allá ni se queda allá, nosotras ya lo cargamos a todas partes”. Estaba triste, estaba muy enojada. Yo lo estaba también. No podía creerlo, no quería creerlo.

El miedo que tenemos las mujeres mexicanas no es algo pasajero, ese maldito miedo ya lo llevamos a cualquier lado, se ha convertido en una condición, una enfermedad, un cáncer que LITERALMENTE nos está matando. El gobierno, la sociedad, el Presidente al no hacer nada nos han condenado, nos sentimos como si nos hubieran diagnosticado una enfermedad terminal, porque al final nos están demostrando con su indiferencia que no hay cura, que nada ni nadie nos va a salvar y que el fin es inevitable, la muerte es inevitable. Imagínense sentirse así todos los días. El miedo ya es ese asedio inseparable, se adhirió a nuestro ADN. Lo llevamos en nuestro puño cerrado al caminar, lo llevamos en el consciente, el inconsciente, en la adrenalina inevitable al sentirse en peligro, como si estuviéremos en peligro de ser cazadas, porque lo estamos. Nos duele el pecho, nos duele el corazón, físicamente duele. Todavía no puedo dormir, demasiadas cosas vienen a mi cabeza.

En mi experiencia me di cuenta que ser mujer en México es no poder ser libre. Es no poder usar shorts aunque muera de calor. La vez que se me ocurrió hacerlo, después de dos horas en la calle, regrese a mi casa a cambiarme y juré nunca más hacerlo. No he usado shorts desde entonces en esta ciudad. Hace dos semanas me compré una sudadera que me llega a las rodillas, cuando se la enseñe a mi novio le dije: “Encontré la mejor prenda anti-acoso, la voy a usar diario para caminar“. No camino sin algo amarrado en la cintura.
Me di cuenta que ya no me arreglo, trato de no llamar la atención, de pasar desapercibida, de no ser target para nadie.

Pensar como mujer mexicana es que tu hermana te diga que está embarazada y al enterarnos de que era niño decirle que debería de sentir paz porque no iba a tener que estar preocupada por una niña en un mundo machista y feminicida.

Me han chiflado, dos hombres han tratado de subirme a una moto, me han metido la mano por debajo de la cobija del avión, me han agredido físicamente y al voltear a ver al agresor (a plena luz del día) su respuesta fue una cara, levantando los hombros, preguntándome en silencio ¿Qué?, ¿Qué me vas a hacer?, sonrió y se fue, literalmente no abrió la boca, no necesitó hacerlo. Me han seguido en el parque a las 12 del día. He corrido a la puerta de mi casa en la noche porque un hombre me perseguía cuadras atrás.

Todo esto es parte de mi día a día y al final, me siento con suerte. Con suerte de poder escribirlo, de poder contarlo. Ayer pensaba que “no era grave” lo que me había pasado y lo grave es pensar así.
NO, NO está bien vivir así. No está bien normalizarlo, no me quiero comprar más sudaderas, no quiero tener miedo de tener una hija, de caminar, de salir, de vivir.

No estamos hablando de paranoia, estamos hablando de una realidad, una horrible realidad que está en nuestras manos cambiar. Como hombres, como mujeres.

Yo hoy me prometí levantar la voz. Prometí no volver a callarme. Me prometí defenderme cuando vuelvan a hacerme algo y me prometí defender a todas las mujeres de este país y de cualquier parte del mundo. Prometo ser la voz de las que ya no la tienen. Estoy SEGURA que las cosas van a cambiar, estoy segura porque lo siento, porque ya fue suficiente. Porque no estamos pidiendo mucho, ESTAMOS PIDIENDO TODO.

Hoy no puedo dormir, no podemos dormir tranquilas y no descansaremos hasta que lo logremos. Hoy me desperté. – Mariana M

 

Paulina Espinosa nos comparte:

Vivas nos queremos…pero nos atacamos cuando algo no nos parece de otra mujer, vivas nos queremos…pero minimizamos el éxito de la de al lado. Hace unos días me pregunté, ¿qué es lo que tiene que pasar para que dejemos ese tipo de rivalidad enfermiza? Es muy fácil apoyar a tus propias amigas y protegerlas, pero cuando se trata de una mujer que apenas conoces llenamos de prejuicios sus acciones. Creo y espero que este tipo de circunstancias que estamos viviendo absolutamente todos los días las mujeres, nos haya ayudado a reflexionar a que si no nos protegemos y respetamos entre nosotras, dentro de cualquier aspecto, no le podremos enseñar al resto del mundo a como hacerlo correctamente. – Ximena Cabello

Ilustración por Ximena Cabello

Esto ya no se trata de un movimiento feminista y mucho menos neoliberal, se trata de que no solo alcemos la voz, se trata de unión, de que hombres y mujeres nos unamos como país, como ciudadanos por el bien, ya no es un grupo de mujeres rayando paredes o rompiendo cristales, es un país enojado, frustrado y que se siente amenazado. Ya son demasiadas perdidas, demasiadas tragedias y nos lleva a cuestionarnos ¿qué esta pasando con nuestra sociedad? ¿porque tanto odio? ¿por que tanto horror? es cada día mas frustrante ver las
noticias y enterarnos de lo que ocurre y lejos de sentirnos esperanzados, nos invade la angustia. – Eugenia Garavani

Me siento con miedo… Miedo de estar sola, viajar sola, dar mi opinión, de subirme a un taxi o un Uber, de caminar sola… es un sentimiento de miedo mezclado con tristeza y enojo. ¿No estamos haciendo nada malo? Entonces… ¿por qué nos atacan? ¿Por qué nos quieren matar y hacer con nuestro cuerpo lo que se les da la regalada gana? ¿Quién les otorgó ese derecho? ¿Por qué siempre nos han visto como el género débil? ¿Qué tenemos que hacer para que México cambie su actitud machista? ¡¡MEXICO DESPIERTA!!  ¡Cuídanos!
¡Respetamos! Como sociedad tenemos que dejar de ver noticias sobre femicidios como algo normal, nos hemos vuelto indiferentes a las alarmas y noticias de este tipo. Que tenemos que hacer las mujeres para que nos escuchen y hagan algo al respecto? Estamos hartas de ir por la vida con miedo, si algún día no saben algo de mi busquen hasta el último rincón del mundo quien me hizo daño, no quiero que esa persona le haga lo mismo a otra familia. – Sofia Morales

Antes no me metía mucho en el tema, prefería evitar conocer de estas situaciones porque realmente me hacían sentir mal. Estoy cansada de que minimicen a nuestro género y sobre todo muy enojada. Lo único que nos queda es actuar, así que si queremos estar vivas, hay que empezar con nosotras mismas. Dejemos de hacernos la vida complicada entre mujeres. ¡Unámonos! Empecemos por cuidar nuestra casa, nuestro círculo cercano, eduquémoslos, nada es imposible y siempre se puede empezar por algo. ¡NO NOS DEJEMOS! Es hora de poner un alto, aunque no conozcas mucho del tema, vives en un país en el que está sucediendo y es hora de poner un alto. ¿Qué vas a hacer para empezar a combatirlo? – Fernanda Cabello

“Es que eran nuestras”, expresó un taxista a una mujer mientras conversaban sobre las pintas, las marchas, las encapuchadas… El taxista habrá tenido unos 63 años. La mujer era muy joven, de 22, y no entendió su respuesta. “¿Eran nuestras? ¿Este pendejo de qué habla?” La prensa posrevolucionaria —El Universal, Excélsior y La Prensa incluidos— registró por años, en sus secciones sensacionalistas (que en aquel entonces no se denominaban como tales, pero anunciaban con fulgor lo que sería el ADN dominante del siglo XX): los famosos crímenes pasionales. Los móviles de estas historias comúnmente eran los celos, el desamor y la ira. Los hombres de entonces, triunfadores machos revolucionarios, habían construido su imagen como seres que solían mostrar su hombría de manera violenta y, si sucedía públicamente, nada lo castigaba. Las historias contadas en estos diarios hablan más veces de hombres matando a hombres que de hombres matando a mujeres. Los asesinos defendían su “honor”. La mujer entonces tenía una condición sumisa, y en el imaginario colectivo, la mujer era incapaz de ofender, defender (o conseguir siquiera) el honor propio y/o de la familia. Es por ello que quienes eran asesinados eran, comúnmente, los amantes de ellas. Más grave aún, como lo cita una análisis de la UAM, “Los estragos del amor. Prensa sensacionalista de la Ciudad de México”, las mujeres asesinas de entonces “fueron representadas como excepciones a su sexo, perversas y contrarias a su naturaleza ‘femenina’; no podían proteger una honra que no les pertenecía y debían pagar por sus crímenes”. La narrativa que ha perdurado cien años castiga socialmente a las mujeres que van en contra de su ‘naturaleza femenina’. La narrativa patriarcal es la realidad patriarcal. Me topé recién con una acción poética que decía: “Los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo”. Por eso hoy los hombres descalifican las pintas, a las encapuchadas. Nos acusan y hasta desprecian por violentas, nos golpean por insumisas, nos ofenden y degradan por independientes, nos matan ahora a nosotras porque en esa libertad que tomamos por derecho, están sintiéndose humillados en su ‘ser hombres’. A los hombres les está doliendo profundamente el reacomodo de los roles, de lo femenino y lo masculino. Frente a una creciente competencia en todos los ámbitos, con un imparable empoderamiento de las mujeres en el mundo, en todos los terrenos, con una inesperada exhibición de los abusos de los que hemos sido objeto durante décadas y una potente defensa de nuestros derechos (llámese #MeToo o Marea verde), los hombres están muertos de miedo. Y eso es, quizá, lo que no estamos viendo o tomando en cuenta las mujeres. Y eso es seguro lo que los hombres tampoco se atreven a nombrar. Incluso no sería arrebatado pensar que detrás de cada feminicida, además de un homicida, hay un hombre profundamente aterrado. “Pues nos vale madres, honestamente, si se mueren de miedo”, podrán decir muchas después de tantos —de todos los años, de tanta violencia y tanto abuso sobre nuestros cuerpos, mentes y corazones. Pero estar conscientes del profundo temor que sienten ellos, nos ayudaría en la misma lucha. Atención: que no es lo mismo justificar su violencia. Tan solo es mirarlos. Nosotras ya cambiamos, es tiempo de invitarlos a que aprendan a cambiar, con el dolor que este implica, pero que sepan que en cualquier circunstancia o contexto, la peor idea es intentar resolver el miedo a través de la violencia. Los hombres de hoy, incluyendo a los feministas (o los que se dicen feministas), están siendo heridos profundamente porque están viendo comprometida de manera seria y como nunca antes su lugar en la sociedad. Es de ellos encontrar un nuevo lugar y una nueva masculinidad, diremos ahora frente a su violencia, a su miedo hecho violencia. En el mejor de los casos frente a su hipocresía (llámese violencia pasiva) o su completa incomprensión desde su “ser hombres” (y el privilegio histórico, biológico asociado a ello), acostumbrados a dominar, a decidir, a definir. Y pareciera que no nos da la lucha para ocuparnos de ellos, ni de sus miedos o sus angustias. Pero sería la mejor forma y la más pronta para plantear la equidad desde un lugar de equidad, para construir el lugar justo en ambos sentidos. Así que ese miedo que acompaña a la disolución de esa vieja certeza “eran nuestras” (que implicaba tantos goces para ellos y claramente tantos horrores para nosotras) no puede ni debe combatirse desde la violencia pero tampoco desde la indiferencia, sino que debe enfrentarse como se enfrentan todos los miedos: eso que antes solían mal llamar “hacerse hombres”, que tendría que ser “hacerse buenos hombres”. Tan simple y sí, a veces doloroso, madurar. – Laura Manzo para Milenio 

Impotencia. Coraje. Tristeza. Miedo. Frustración. Confusión. Indignación. Rabia. Coraje, coraje, coraje.

 

Esas son las palabras que me vienen a la mente al pensar en lo que está ocurriendo en mi amado México. No entiendo. ¿En qué momento se salió la situación de control? ¿Qué nos falta como sociedad? Creo que la respuesta es: EDUCACIÓN.

Yo tuve la gran fortuna de no ser educada en una familia machista. Jamás se puso por encima a mi hermano o a mi papá de mi mamá o de mi. Y además tengo la suerte de estar casada con un hombre cero machista. Es un hombre que se enorgullece de los éxitos de su pareja y que respeta su libertad y su individualidad, que sabe hacer equipo.

No pretendo juzgar a nadie pero yo hago un llamado a mis amigas, a todas las mujeres de todas las generaciones que leen estas líneas. Empecemos en casa, en educar a niños y niñas de igual forma, haciéndoles ver que tienen los mismos derechos, las mismas oportunidades. Enseñándoles a los niños cómo nos gustaría que trataran a una mujer, pensando en nuestras hijas, sobrinas, nietas, ahijadas. 

Si bien la respuesta gubernamental es francamente patética ante una realidad espeluznante, no esperemos que ellos sean los que propongan la solución. Empecemos en nuestras casas, en nuestras familias. Y también espero que nos unamos como sociedad; ¡qué buenos somos los mexicanos para hacer memes, chistes, burlarnos de nosotros mismos!  pero ¿y luego? ¿Por qué no nos unimos para hacer un cambio sin politizar ni polarizar a la sociedad? Yo estoy dispuesta a participar en cualquier iniciativa ciudadana que proponga alguna acción concreta. De entrada, mi despacho se une al paro del 9 de marzo. 

Ya basta de que las mujeres vivamos con miedo, que no podamos salir en la noche tranquilas, que no podamos vestir como se nos de la gana, que no podamos estar solas sin sentirnos vulnerables. ¡BASTA!

Termino citando la canción chilena Un violador  en tu camino:

Es feminicidio
Impunidad para mi asesino
Es la desesperación
Es la violación,
Y la culpa NO era mía, ni donde estaba ni cómo vestía…
El Violador Eres Tú

– Greta Shelley