Por: Vanesa Fernández

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Jorge Vergara, por teléfono: ¡Compré Chivas!

Persona al otro lado del teléfono: ¿Ahora quieres ser granjero? ¡Que Chido!

JV: No, las Chivas del Guadalajara.

Al otro lado del teléfono: ¿Las cabras en Jalisco son especiales o qué me quieres decir que no te estoy entendiendo nada?

Esta conversación fue real, yo fui testigo. Esa misma persona al teléfono con quien Jorge hablaba lo acompañó al primer partido al que JV asistió como dueño de Chivas; sin embargo, lo acompañó portando los colores del Altlas, el equipo rival de ese crucial día, por mera ignorancia y creyendo que JV le jugaba de nuevo una broma pesada. Esa persona era su socia. Esa persona era yo.

La mejor manera que puedo explicar la grandeza que encontré en ese único y genial ser humano sin calcetines, es desde mi muy personal perspectiva. Todos lo vimos hacer grandes proyectos, apoyar a la cultura, apoyar a nuestro país, a las mujeres, a los desprotegidos… lo vimos hacer tantas cosas maravillosas, pero enumerarlas ni siquiera se acerca a explicar por qué Jorge es tan especial. Porque no fueron solamente las cosas que hacía, la monumentalidad y acumulación de logros… sino cómo y por qué lo hacía. En resumen, no es lo que hacía, sino lo que era, lo que convertía a Jorge Vergara en un suceso completamente fuera de serie.

Para terminar con la historia inicial, Jorge decidió que la revista de las Chivas se hiciera en la editorial en la que estábamos asociados dedicada principalmente a la cultura. Su visión era llevar una revista deportiva a otro nivel de calidad y abordar el futbol desde la fortaleza de nuestra editorial que era la fotografía, el diseño, la literatura y las artes. En nuestra editorial hacíamos libros de arte y las revistas Celeste, WOW, OM y BabyBabyBaby; algunas ya contaban con reconocimientos e importantes premios internacionales. Para sorpresa de todos, especialmente la mía, en los años que dirigí la revista Chivas, la única vez que la publicación Chivas metió a JV en problemas fue con el único ejemplar que no revisé yo personalmente (porque yo estaba hospitalizada). Repito, contra toda probabilidad, y sin embargo, como Jorge previó desde un principio, se evidenció que nuestros empleados expertos en futbol que editaban y desarrollaban los contenidos, requerían en efecto de mi supervisión. Porque lo que importaba no eran solo los contenidos de futbol sino el mensaje que daba la revista sobre la competencia sana, el respeto a los otros equipos y a sus miembros, la lucha por mejorar y el esfuerzo de un deportista. Los valores que había que transmitir era algo que JV y yo compartíamos. Eso lo pudo haber detectado cualquiera. Pero lo que solo Jorge vio, porque ni yo misma me percaté, es que se requería además en la cabeza también a una nerd detallista y perfeccionista como yo con mucha experiencia editorial.

Narro esta anécdota como uno de tantos ejemplos en donde Jorge, como gran visionario que era, lograba desarrollar las cualidades y capacidades de las personas que trabajaban con él comisionando grandes retos, a pesar de las limitaciones evidentes de cada persona que otro hubiera considerado descalificadoras. Era como un gran jugador de ajedrez que podía ver mucho más allá de lo que era la verdad aparente para los demás y sacaba en cada quien su mejor versión.

Pero era todavía más impresionante ver cómo apoyaba las buenas ideas, el valor, las virtudes. Recuerdo por ejemplo cuando empezó la disquera Suave con Camilo Lara, quien era y sigue siendo, uno de los referentes más influyentes de la música en México, habiendo sido de veinteañero el director más joven de Virgin Records, y tiene hoy una extraordinaria carrera como músico en el Instituto Mexicano del Sonido. La disquera SUAVE continuó bajo la dirección de su hijo Amaury, de nuevo en forma sorprendente porque tuvo muchos logros y Amaury era todavía muy joven, apenas un adolescente, cuando trabajó en Suave Records.

Porque una idea que para cualquiera era descabellada, Jorge la analizaba con seriedad, y no solo la consideraba, sino que precisamente lo inviable de la idea en cuestión, ya en manos de JV,  ̈empeoraba ̈ siempre considerablemente. Terminaba al fin en un proyecto que parecía ya completamente una locura inalcanzable. Por supuesto que luego, de nuevo contra toda predicción, JV la realizaba, y ya. Fin de la historia. Y de pronto quién sabe cómo, por ejemplo, ya estaba construida la muy de avanzada escuela Educare o el estadio de futbol Akron con capacidad para 50,000. Para lo único que había lugar en esa empresa era para trabajar duro (echarle ganas, decía él), reírte de tus propias limitaciones, resolverlas, y quedarte boquiabierto de admiración ante los resultados de metas que al inicio habían parecido imposibles.

Los proyectos no solo eran ambiciosos, sino que no respondían a convenciones sociales. Y quedó bastante claro especialmente en las películas realizadas en su productora de cine Anhelo. Cuando fuimos en el 2004 a la inauguración en Cannes de las películas que produjo con su entonces novia Rossana Lerdo de Tejada (con quien compartí muchos viajes hermosos), fue muy impresionante para mí. No solo por tener de compañeros en el avión de Jorge a Sean Penn, Robin Wright, Guillermo del Toro, Sebastián Cordero y Jose María Jazpik, y de conocer en Francia a muchos más como Gael García o Javier Bardem, sino cuando descubrí que la peli que produjo en la que actuaba Sean Penn llamada “The Assassination of Richard Nixon”, estaba en la selección de Un Certain Regard en el festival de Cannes. La gente además aplaudió de pie y largamente ante la proyección de “Crónicas”, una película todavía más fuerte y difícil con una actuación sublime de Damián Alcázar.

Recuerdo la exitosísima premier en Los Ángeles en el 2001 a la que por supuesto asistimos, de la primer película de todas: “Y tu mamá también”, que realizó con Alfonso Cuarón como director, y que fue muy controversial. Pero es que a Jorge no se le podía encajonar, mucho menos en falsas morales sociales, y se aseguró de establecerlo con claridad a través de sus películas.

Estos viajes además de reveladores de sus conexiones, intereses y capacidad de networking, hacían posible encuentros que luego resultaban muy fructíferos. Por ejemplo, en el viaje a Cannes pude ver el cuaderno de piel que llevaba Guillermo del Toro consigo. Tenía los guiones y dibujos de todas y cada una de sus películas en un ralladero caótico bastante original. Gracias a mi insistencia en escanearlos en alta resolución para poder publicarlos en Celeste, Guillermo todavía los conserva ya que al poco tiempo de nuestro viaje, perdió su valioso libro en un taxi.

Otro gran encuentro afortunado, por ejemplo, fue con Tatiana Bilbao. Ha ganado reconocimientos importantes, como el premio Dwell al mejor proyecto del año, por la casa que me diseñó en Monterrey, y está trabajando actualmente en un ambicioso proyecto de nuevo conmigo. A Tatiana la conocí gracias a Rossana, la esposa de Jorge, en la inauguración de la primera etapa de el museo La Planta en Guadalajara (ya que las siguientes etapas del proyecto estarían a cargo de la innovadora arquitecto). Rossana había trabajado en Gagosian Gallery en N.Y., sabía muchísimo de arte contemporáneo (que era raro para el escasamente profesionalizado medio del arte en México en esa época) y presidía este museo fabuloso, dirigido por Mariana Mungía llamado La Planta; una iniciativa de la fundación Arte Contemporáneo apoyada por Jorge. Asistí emocionada a la inauguración de la primera etapa del proyecto en el 2007 y me quedé muy impresionada porque esta sí era mi área de conocimiento y tenía obras fabulosas de grandes figuras internacionales no vistas antes en México como Iza Genzken, Pierre Huyg, Franz West, Damien Hirst, Richard Serra, Atelier Van Lieshout, Alighiero Boetti, Richard Long, Marcel Dzama y Cecily Brown. Pero también de los artistas locales que ahora son los mexicanos con proyección internacional más reconocidos como Jorge Méndez Blake y Gonzalo Lebrija.

La verdad es que la forma en que conocí a Jorge y nos asociamos fue de todas la más extraordinaria. Tras la caída de las torres gemelas, mi socio inicial para hacer la revista Celeste decidió venderme su parte con el proyecto apenas en su primer año. Y mientras yo buscaba a un inversionista para el reemplazo, sucedió lo más inédito. Ana Elena Mallet, una de las colaboradoras más activas en influyentes de Celeste, de pronto hizo a un lado su rigor profesional y entregó una entrevista sobre un ambicioso proyecto de arquitectura llamado JVC, que debió haber sido de 3 cuartillas, ¡en un documento de 25 páginas! Su explicación fue: el personaje era demasiado genial, no la puedo editar ni reducir. Mi asombro no me llevó solo a leer la entrevista sino a estar de acuerdo con ella y pedir de inmediato una cita con este personaje de cuento llamado Jorge Vergara que residía en Guadalajara. En esa primera cita, ahí mismo nos asociamos y compró el 49% de mi empresa editorial a condición de que yo asumiera el control de su revista en gestión WOW, y me dio solo 2 semanas para mudarme con mi marido al DF y empezar a trabajar. Y así, con ese asombro y velocidad, se desarrolló todo desde ese momento en adelante, vertiginosamente y sin parar. En los inicios pensé que la confianza tan generosa que me tenía era porque descubrimos que había trabajado de joven para mi papá, Mauricio Fernández, en Casolar en Grupo Alfa y lo admiraba y quería mucho. Hasta nos reconocimos Jorge y yo al ver fotos nuestras de niños décadas atrás. Pero la excentricidad y confianza que Jorge tenía en mí, que yo cargaba como una enorme responsabilidad, me di cuenta después que era simplemente la naturaleza de Jorge y que él se la ofrecía indistintamente a otros; quienes por desgracia en ocasiones, en lugar de apreciarla, la traicionaban.

Jorge tenía un olfato increíble para el talento y hablaba muchos lenguajes, en diferentes áreas y niveles. Fue de los primeros coleccionistas de arte contemporáneo internacional en México y el primer mexicano en ser cliente de Gagosian Gallery. Bajo el paraguas de la editorial Celeste hicimos muchos proyectos: Pasarelas de moda, subastas, eventos multitudinarios y multidisciplinarios en edificios en desuso (como el del Suburbia de La Condesa cuando cerró y el del CAD en Polanco antes de que inaugurara), hicimos muchos conciertos de música (hubo grandes momentos como cuando presentamos por primera vez en México a la banda de culto Los Superelegantes en el que los  ̈colados ̈ eran las estrellas de pop mexicanas); hicimos eventos para recaudar fondos para instituciones como Aprendiendo a través del arte, con Gabriela Serna, hicimos subastas de fotografía, exposiciones de arte, exposiciones de diseño, intervenciones. Pero es que Jorge no solo estaba de acuerdo con todos estos proyectos como inversionista. Asistía con Rossana, participaban, y hasta tenía que ponerles un límite que en ocasiones me daba la impresión que comprarían toda la exposición cuando eran eventos comerciales o para caridades.

 

Como ya lo dije antes, mis ideas descabelladas, en sus manos, se convertían en proyectos más ambiciosos y además se concretaban; con mucha velocidad hay que añadir. Jorge no era paciente. La revista BabyBabyBaby se proyectó al estrellato vendiéndose principalmente en Japón y Corea, Nueva York y tiendas alucinantes como Colette en París. Por ese proyecto nos han acusado en varias ocasiones ya, en Europa especialmente, de haber iniciado y perfilado en el mundo lo que después se llamaría el movimiento “hípster”. Pero es que siguiendo el lineamiento de Jorge, de buscar en el staff siempre a gente muy talentosa a la que se le exigía mucho, los resultados eran extraordinarios. El equipo en esa editorial era en verdad un tesoro. El director creativo era el exitoso artista Aldo Chaparro, los editores eran José García Torres (el ahora reconocido galerista) y Paola Viloria, experta en moda. El feature editor era Pablo León de la Barra, ahora curador de adquisiciones del Guggenheim en Nueva York, los responsables de relaciones públicas fueron Memo Martínez, ahora con una carrera como subastador y comentarista de televisión, y Carlos Carbajal quien ahora trabaja en arte contemporáneo. El fotógrafo más frecuente en nuestras portadas era el ahora internacionalmente reconocido fotógrafo Napoleón Habeica, quien inició su fama con nosotros. Y el jefe de diseño, Carlos Flores, pasó después a diseñar la revista Nylon. Y es que hasta los clientes eran extraordinarios, como el fundador (entonces dueño y loco de atar) Dov Charney de American Apparel, para quien maquilamos y editamos con la dirección artística el holandés Jop van Bennekom (editor de Fantastic Man y Butt magazine) la revista Mexico City Monthly que se distribuyó en sus tiendas de American Apparel en todo el mundo. Huguette Cervantes fue una gran visionaria desde Louis Vuitton. Varios de ellos eran geniales.

Siguiendo la pauta de Jorge, en ese ambiente de trabajo creativo en donde las ideas eran no solo apoyadas, sino exponenciadas, todo era posible, y todos queríamos pertenecer y participar, y eso se extendió a los grandes creadores internacionales como los artistas Wolfgang Tillmans, Juergen Teller y Christian Jankowski, el fotógrafo Richard Kern, o el escritor Mario Bellatin, entre muchos otros de ese primer nivel, quienes fueron nuestros colaboradores recurrentes. También participamos con apoyo económico en la producción de obra de los proyectos de algunos artistas, como uno organizado por Pablo León de la Barra con Dominique González-Foerster sobre concreto tropical, después presentado en el Palais de Tokyo en París, o en la controversial obra “Ricas y Famosas” de Daniela Rossell.

Pero es que Jorge no le tenía miedo a nada. La única vez que lo vi temblando de nervios fue especulando si a Rossana le gustaría o no el regalo que JV le había comprado en un viaje que hicimos a Moscú para inaugurar allá sus oficinas. Pero fue la única vez que lo vi alterarse por algo. Jorge era un romántico, estaba muy enamorado y eso sí lo hacía temblar de emoción. Por lo demás, JV era inamovible. Hubo incluso momentos que fueron hasta aterradores y que Jorge ni se inmutó. Por ejemplo, una vez por poco nos caemos él y yo de un helicóptero en El Salvador porque los asientos estaban casi por fuera en un diseño muy extraño, tal vez militar; o en otra ocasión que cruzamos el espacio aéreo vedado por una guerra en la frontera de Rusia y Chechenia, y a reserva de la tregua que se había negociado solo para el paso de su avión, existía la amenaza de que nos derribaran con un misil… incluso una vez casi tuvimos que hacer un aterrizaje forzoso en Suecia porque el tren de aterrizaje de su glorioso Boeing, que era su avión privado, no quería bajar. Hubo de todo, momentos emocionantes, duros, chistosos, tristes, y Jorge, como roble sin movérsele ni un pelo jamás. Siempre fuerte para todos, siempre el referente, siempre apoyando y dando ideas mejores, siempre el protector. Con su familia era muy impresionante ver que a pesar de ese ritmo de trabajo, estaba tan al pendiente de su querida Rossana y de sus hijos. Qué orgulloso debe sentirse desde el cielo al ver a sus tres hijos ahora al frente de la compañía que él fundó: Amaury, como CEO, Kenya en la empresa de cosméticos y Yelena de CFO. Y a Uma, que estudia en N.Y. y a quien Rossana cuida con celo (al grado que tendrá que perderse del servicio funeral de Jorge en Guadalajara ya que está en medio del proceso de su visa y no puede arriesgar estar cerca de Uma mientras estudia en NY).

Jorge era una máquina de inspiración. Seguirle el paso era una proeza digna de un santo. Y es que a mi solo me tocaba acompañarlo en sus giras 4 días cada 2 semanas para visitar 4 países en cada ocasión. Al cabo de un año (¿o tal vez eran ya unos cuantos?) aterrizamos en Cartagena, yo tenía en mi maleta un zapato de tacón café derecho, un zapato bajo azul izquierdo, y puesto un traje sastre de lana. Mientras volábamos, JV solo me preguntó si yo sabía adonde íbamos. Respondí que no. Hacía tiempo ya que no me tomaba la molestia de fijarme. El tema no volvió a ser relevante hasta que en el calor de la playa a 30 grados centígrados era difícil respirar en mi ropa de invierno, descalza y por tantas carcajadas. Siempre con mucho humor, en ese viaje se notó que las giras ya me habían sobrepasado. Y la pregunta que relucía como letrero en neón era: ¿pero Jorge cómo le hace? Viajando sin descanso, en cada parada dando conferencias de horas de duración, inspirando a la gente que distribuye productos en su empresa OMNILIFE (que ya son 6 millones), animándolos, instruyéndolos. Y al final de la jornada (cuando a mí, que solo hablé 20 minutos en el escenario, ya no tenía energía ni para tomar un consomé aunque tuviera hambre) el impecable Jorge listo para una gran cena con sus invitados y amigos en cada una de las ciudades y llevarnos a algún lugar delicioso después de trabajar. Porque, si yo me atreviera a decir que era un gourmand y gozador, como dirían los anglos, sería un verdadero understatement. Era ya material como de superhéroe más bien.

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No era nada obvio, con las expectativas y restricciones que se tenían para mí (una niña de provincia que sólo tenía permitido aspirar a casarse con alguien mono), terminar dirigiendo una exitosa editorial en el DF con una distribuidora nacional de revistas independientes, con más de un millón 300 mil revistas impresas por año, 80 empleados en el DF y oficinas en 24 países, a las que había que visitar de cuatro en cuatro cada dos semanas. No era obvio que en el machista México precisamente un hombre apoyaría mis ideas descabelladas. No era predecible que a una mujer como yo se le diera la oportunidad de brillar, aprender 6 idiomas y hacer una carrera tan exitosa. Nada era factible, y todo sucedió. Jorge, y solo Jorge, fue el culpable de que fuera posible. Mi único consuelo de que haya partido de este mundo ese gran e irremplazable ser, es que ahora desde el cielo tengo al mejor aliado y mentor para interceder por mí en la única ambición de hoy en mi actual vida monástica que es estar cerca de Dios.

 

#reginatelocuentamejor

Foto: Cortesía