Mis Queridos con mucha ilusión les comparto un escrito de la talentosa Nina Menocal con motivo del 80 cumpleaños del hombre que ha hecho tanto por Mexico y en especial por su bebida típica, El Tequila, Don Juan Beckmann, tan querido y respetado por @elmundoderegina_
Ademas, les comparto la canción que su hija Karen le escribió.

 

En las lágrimas no había nada de que avergonzarse, sino la fuerza de un hombre con sentimientos alegres o tristes

Juan Domingo Beckmann Legorreta nos incluía en la celebración sorpresa con motivo de los 80 años de su padre en Tequila, homenaje al que invitó a sus amigos de juventud de Tijuana, los compañeros de escuela de primaria, secundaria, preparatoria y a los de la Universidad en el Tecnológico de Monterrey; también a sus asociados en los consejos de administración; competidores en Tequila; amigos personales y a toda su estirpe. Un homenaje al hombre generoso con familia y personas queridas pero sobre todo al de responsabilidad social de su empresa, una de las más importantes de México, Casa Cuervo, con su pueblo. Así fue que llegamos al Mundo Cuervo en Tequila

Placido Domingo, Sabrina González Beckmann y Juan, ella le cantó All I Want

Amigos muy cercanos de Juan Beckmann, Marco Vinicio Martínez, Lupe Peñafiel, Juan al centro, Silvia Lezama de Martnez, Joel Rocha y Nina Menocal
En la cena Hacienda El Centenario Lázaro Gallardo, Juan Francisco Beckmann Vidal y su familia
Doris y Karen Beckmann Legorreta, ¡muy queridas!

El genio que creó la obra maestra de arquitectura, el Mundo Cuervo, Jorge Loyzaga con su divina esposa Charlotte

 

La organización fue fenomenal, desde que llegamos al aeropuerto de Guadalajara nos esperaban coches para cada pareja que nos trasladaron a la ciudad concebida y construida por un genio de nuestro tiempo, el arquitecto Jorge Loyzaga. El hotel Solar de las Ánimas, precioso, majestuoso con 93 habitaciones, donde nos quedamos todos con un cariño impresionante hacia Don Juan: gran agasajo el de Juan Domingo que nos haya ofrecido el privilegio de festejar a nuestro amigo Juan.

Dejamos las maletas y enseguida un bugui-bugui (golf cart) nos llevó a la comida de bienvenida en el Patio mexicano de la Hacienda José Cuervo. Ahí la niña Sabrina González Beckmann de 16 años, hija de Doris y nieta de Juan, cantó All I Want de un grupo que se llama Kodealine, dedicada a su abuelo, una voz soprano joven, entonada y llegando a registros altos difíciles, siempre llevando la melodía.

– Escucharemos más– le dijo Placido Domingo, cantante, director de orquesta, productor y compositor español mundial.
–Oye y ¿te gusta la música Pop? ¿No has cantado clásico?

– Sí.

– ¿No?

– No.

– ¿No te has animado nada más a vocalizar para ver si la voz puede?

– OK.

– Bueno probamos al rato.

– Al rato– contestó la niña Sabrina.

A las 5:30 de la tarde nos citaron al cocktail de bienvenida en el Centro Cultural Juan Beckmann Gallardo, nombre del padre del agasajado.

– ¿Cuándo se terminó este Centro Cultural?

– Hace un año–, contestó el responsable, arquitecto Jorge Loyzaga

Yo estaba anonadada ante el efecto que me producía aquella arquitectura increíble.

– ¿Cuál es el concepto de toda esta ciudad, el Mundo Cuervo tu obra maestra que has construido para la humanidad?

– Volver a hacer que Don Juan pudiera recibir a sus amigos al mismo nivel de su casa en la Ciudad de México, que pudiera tener una hotelería a nivel de pueblo pero culturalmente tope de arquitectura mexicana fina, culta.

– El estilo es…

– Del pueblo de Tequila.

– ¿De que siglo?

– Fines del 18 y principios del 19, todavía la mexicanidad docta– y añadió – te quiero mucho, Nina.

– Yo a ti te adoro.

 

 

Claro, sí lo conozco desde que tengo 17 años cuando hizo sus primeras dos casas, la de mis papás en Lomas Altas, como Palacio del Centro Histórico transportado a las Lomas y la de Mari Cusi de Escandon como villa del Sur de Francia en Lomas de Virreyes.

Luego Jorge Loyzaga, el artista supremo que había convertido en posible lo imposible me llevó de la mano a ver las exhibiciones en el Centro Cultural. Vimos la colección de trajes de charros de Don Juan y de las colecciones del Castillo de Chapultepec y nacionales que consiguió el museógrafo Miguel Ángel: el caballo, los trajes de faena, de media gala y de gala, fotografías de charros antiguos de Tequila con vestidos ancestrales, las sillas de montar con su cabeza de plata y los trajes de montar de mujer con sus sillas, se sientan de lado.

– Y se ve el trabajo de la piel, toda está piteada.

– ¿Piteada?

– La pita es ese cordón delgadito y está como bordado – y añadió- ¡Ve la carroza! ¡Y este traje que está divino, Nina!

– Sí, de china poblana antiguo.

Yo estaba enajenada con la belleza de la dilgencia antigua, los machetes y espuelas de plata de charro, los sombreros de palama o soyate (la paja con la que se teje), los paisajes agaveros y la pintura del pueblo de Tequila como era antiguamente.

– Es la calle donde caminaste ahorita para llegar al Centro Cultural, antes estaba llena de casitas, se cambió, se arregló.

– ¿Y toda esta colección es del siglo 19?

– Sí de la Asociación de Charros antiguos, finos, de los hacendados elegantes. Coincidieron con el gran desarrollo del tequila.

 

Patricia Urzúa Díaz, directora y curadora del Centro Cultura Juan Beckmann Gallardo y amiga que hacía muchos años no veía – por eso me dio tanta alegría abrazarla-, me subió a ver la exhibición homenaje al pintor y escultor Manuel Felguérez. Vislumbré algo magnífico, espléndido e inquietante que brillaba con luz propia del mejor arte abstracto con líneas geométricas. Éramos un grupo en la sala.

– ¿Don Juan las compró hace mucho?

– Primero compró una parte, en su casa tiene unas obras divinas.

– ¿La casa de Tequila?

– Sí, sí, sí,  son de gran formato.

– ¿Es una colección nueva?

– Relativamente. Esto que está aquí lo compró para la exhibición.

– ¡Qué maravilla! – no salía de mi estado febril.

 

Nos explicó Patricia que además de la charrería y los carruajes antiguos el museo cuenta con los maestros del arte popular mexicano con Fomento Cultural Banamex. “Tenemos lo mejor de artesanía del país, las esculturas de José Luis Cuevas, las caritas prehispánicas que ustedes vieron en el corredor y que pertenecieron al coleccionista Alexander Von Wuthenau.

– Sí, lo conozco desde hace muchos años.

– Se dedicó a demostrar que el hombre no solamente venía del Estrecho de Bering, sino también del Cono Sur, Asia y Oriente Este y Oeste por las facciones de las caritas.- Añadió – hay alargadas tipo egipcias, otras negroides, caras grandes, cuadradas y burdas como las de los olmecas.

 

A las 6:30 de la tarde comenzó el concierto en Foro José Cuevo, espectacular anfiteatro protegido por una enorme velaría y con proyecciones en las pantallas dignas de cualquier capital mundial. Una verdadera locura musical. Oímos la orquesta sinfónica de Zapopan dirigida por Plácido Domingo en ciertas partes del programa. Empezó con la Ópera dramática Carmen, éxito de Georges Bizet. Esto nos aceleró a todos en el público, nos metió de lleno en la euforia.

 

Otras favoritas fueron el bolero Júrame; la Malagueña Salerosa dedicada a la compañera de la vida de don Juan, Doris Legorreta de Beckmann, quien no estaba presente por enfermedad, pero vimos las imágenes de ella y belleza en las diferentes etapas de su existencia; el bolero Arráncame la vida de Agustín Lara interpretado por el pianista Ángel Rodriguez, nacido en Cuba; el Mariachi Vargas de Tecatitlán, espectacular que terminó cuando junto con la orquesta y los coros y liderados por Plácido Domigo cantaron Las Mañanitas como merecido homenaje a Don Juan Beckmann Vidal.

Sus ojos azules se llenaron de lagrimas, me dí cuenta de que tenía la fuerza de un hombre que se deja llevar por sentimientos alegres -la celebración, la familia y los amigos, su pueblo Mundo Tequila que lo conmocionaba- o tristes, la ausencia de su compañera de la vida y amor, Doris, y de su hijo Juan Domingo que aunque era el anfitrión y productor del festejo no pudo llegar por tener influenza.

Finalmente llegamos en los carritos de golf a la Cena en el jardín lleno de espléndidas esculturas de Remedios Varo de la casa de Don Juan, Hacienda El Centenario Lázaro Gallardo. Mil personas sentadas.

 

Incidente deplorable en la mesa que nos tocó a Joel y a mi, junto con los mejores amigos de Juan, Lupe Peñafiel y Fito del Valle, Silvia Lezama y Marco Vinicio Martínez y Álvaro Fernández Garza, director del Grupo Alfa con su esposa vestida en lentejuelas plateadas.

De pronto la rubia menuda, señora de Fernández Garza decidió que el grupo de la mesa no era suficientemente importante y con acritud le dijo al mesero “nos cambia a la otra mesa, a mí y a mi esposo, ponga dos sillas allá”. Se fueron de arrimados al lado de Eduardo Tricio, Presidente del Grupo Lala y de Laurita Laviada, que es encantadora y una de las mujeres empresarias más importantes del país.

Lo que ignoraban la rubia y Fernández Garza es que no fueron invitados por ellos mismos sino por el puesto que él representa en la empresa donde trabaja. La grosería no fue solo con los mejores amigos de Juan, que éramos los de su mesa, sino también con Juan Domingo Beckmann quien requirió un gran esfuerzo para sentar a cada invitado en un lugar de honor.

¡Enhorabuena!

-R,

#reginatelocuentamejor

 

Texto original: http://ninamenocalhistories.blogspot.com/2020/02/80-anos-de-juan-francisco-beckmann.html?m=1