Faltaba poco para cumplirse un año de que Adriana Abascal y el príncipe italiano Manuel Filiberto de Saboya hicieran pública su relación; sin embargo, la mexicana sorprendió el pasado 11 de diciembre al anunciar con una imagen y un breve mensaje el fin de su noviazgo. Lo que dejó a todos con dudas es que pocos minutos después eliminó la publicación.
“Comparto, con el corazón encogido, que, como a veces debe ser, nuestro camino juntos ha llegado a su fin. Los próximos capítulos permanecen sin escribir, sostenidos suavemente entre lo que fue y lo que pueda venir”, se leía en el mensaje publicado por Adriana en su Instagram.
Pronto, la revista ¡Hola! confirmó con los allegados de la pareja que la relación pasaba por una crisis, pero que todo indicaba que había posibilidades de una reconciliación.
Pero ahora, a menos de una semana de la noticia, es la misma publicación que informa que pese a lo que se creía, el rompimiento entre Adriana Abascal y Filiberto de Saboya es definitivo. Además, ya se sabe qué fue lo que llevó a la empresaria mexicana a tomar dicha decisión.


La razón por la que Adriana Abascal decidió terminar su relación con el príncipe Filiberto de Saboya: seguía casado
La publicación indagó con allegados a la ahora expareja y confirmó que la ruptura es definitiva, lo que sugiere que el mensaje borrado por Adriana Abascal desapareció no porque se arrepintiera, sino porque alguien le pidió que lo eliminara.
“En cuanto al motivo que les ha llevado a tomar caminos diferentes, esta es la conclusión: Manuel Filiberto sigue sin pedir el divorcio y Adriana no quiere tener una relación con un hombre casado”, comparte la revista.
Legalmente, Manuel Filiberto de Saboya es aún esposo de la actriz francesa Clotilde Courau, madre de sus hijas, Victoria y Luisa.
“La situación (Manuel Filiberto en una relación extramatrimonial) no concuerda con los valores de Adriana”, aseguró una amiga de la mexicana a ¡Hola!
“Pensaba que al llevar tantos años separado se iba a divorciar, pero no fue así y, después de doce meses juntos, no quiere ser la amante ni prestarse a cometer adulterio. Es una mujer que va a la iglesia, que comulga, que no se pierde una Misa de Gallo y viaja con un altar en la maleta, al igual que los toreros”.
De hecho, al inicio de su noviazgo, se desataron rumores de infidelidad porque el italiano no había hecho público que llevaba separado de Clotilde Courau desde 2021.


Adriana Abascal viene de una familia de tradición muy católica
“Para una persona tan creyente, no ha debido ser fácil haber vivido esta situación. Es cierto que ha estado casada con Juan Villalonga, padre de sus tres hijos, y el empresario francés Emmanuel Schreder, que venían de otros matrimonios, pero con ellos fue la novia y después la mujer”.
Recordemos que Adriana Abascal es una exitosa empresaria y orgullosa madre de sus hijos Paulina, Diego y Jimena, que son los amores de su vida y su prioridad.
Era un hecho que Adriana Abascal y el príncipe Filiberto de Saboya se entendían muy bien y tenían planes de vida juntos, incluso estaban ilusionados con la compra de una casa en México y celebrar su primera Navidad como pareja, pero por encima de todo están los principios de Adriana, afirman.
“No quería estar con un hombre casado que encabeza una orden religiosa. Es una mujer que respeta enormemente el legado de sus antepasados y sentía de alguna forma que los estaba deshonrando”, contó la amiga de la modelo mexicana.
En la familia de Adriana Abascal, su abuelo Ramón Abascal Rente -quien nació en Asturias y llegó a México con 16 años-, construyó la mayoría de las iglesias y colegios católicos en Veracruz, y tuvo nueve hijos.


“Tenían capilla en casa, iban a misa a diario y para todos ellos la vida giraba alrededor de la iglesia. También para Adriana, que fue educada por su familia en la misma fe y con los mismos valores“.
Es así que Adriana decidió ser fiel a sus valores y decidió separar su camino del príncipe Filiberto.
Por lo pronto, ella es la única que ha borrado todas las publicaciones de sus redes sociales en las que aparecía con el jefe de la Casa Saboya.
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