Cuando te encuentres a ti mismo al lado de la mayoría, es tiempo de parar y reflexionar

                                                      Mark Twain

 

Alcanzar el éxito siempre ha sido complicado y depende de varios factores; algunos de ellos tienen que ver con ser el primero en llegar, el primero en crear cierto concepto o simplemente ser el primero en atreverse a dar ese paso complicado, en los menos es simplemente cuestión de suerte. Sin embargo, una vez alcanzada la cima es difícil mantenerse en ese lugar de privilegio. Muchos pierden la concentración, otros más se marean de fama, algunos simplemente dejan de preocuparse en aquellos pequeños detalles que los convirtieron en lo que son. La fama y fortuna hacen que sea muy fácil caer en la monotonía y no seguir evolucionando y eventualmente pasar por desapercibidos y morir en el olvido.

El jueves pasado se encontraba en la ciudad un amigo querido que lleva viviendo en Monterrey ya varios ayeres. Estaba aquí por cuestiones de trabajo y tenía la noche libre, por lo que me pidió que lo llevara a un buen lugar, diferente, rico, en el cual pudiéramos echar unas copichuelas y platicar de la vida, por último y no menos importante que estuviera “cool”, ¿Algo más papá? La tarea no era del todo fácil y aunque la oferta gastronómica de la Ciudad de México es rica en calidad y cantidad, muchas veces caemos en las mismas opciones y no siempre estamos dispuestos a explorar nuevos horizontes.

Después de intercambiar algunos mensajes en Instagram y hacer una que otra llamada, por fin tenía el nombre del lugar al cual iríamos. Ya había oído de él, sin embargo por alguna u otra razón no lo había podido conocer. Ticuchi, que en Mixteco quiere decir murciélago, es el nuevo espacio del afamado chef Enrique Olvera.

Ubicado en la calle de Francisco Petrarca en Polanco, donde estaba el antiguo Pujol, se encuentra esta especie de baticueva. Aquí todo es negro, la decoración es moderna, de buen gusto y  con una luz que proviene de la barra de en medio. Aquí la comida y la bebida están basadas en enaltecer el agave proveniente de Oaxaca, con una oferta gastronómica mayormente vegetariana y obviamente con raíces tradicionales mexicanas.

Al llegar al lugar no sabíamos que esperar. Había oído que el lugar era una especie de bistró con una buena oferta de mezcales y con comida vegetariana.  Buena música, comensales predominantemente extranjeros y un servicio sumamente atento fue lo primero que pudimos notar. Teníamos reservada una mesita, sin embargo preferimos apoderarnos de la barra; invitaba más y al mismo tiempo estaríamos más cerca de los elixires oaxaqueños y de aquellos que los preparaban.

Este lugar más que un restaurant o bistró me pareció mas bien una taberna muy “high-end”. La oscuridad, la decoración, las pequeñas mesas, la gran barra central y la música, invitan a que sea el lugar ideal para beber mezcal y cocteles provenientes del mismo.  La oferta de mezcales es de la más alta calidad, al igual que cocteles, margaritas de muerte lenta, cervezas artesanales y vinos mexicanos que en lo general es imposible de encontrar.

De saque pedí una margarita, cosa que nunca hago, pero la verdad se oía muy buena. Mi amigo “el flamingo” prefirió empezar con una cerveza artesanal Sake Ale “Fortuna” la cual me gusto bastante. Después continuaríamos con un vinito tinto para degustar los sagrados alimentos. Escogimos una selección privada de Vena Cava, una bodega bastante loca y original del Valle de Guadalupe, que le hace unas selecciones especiales a los restaurantes de Olvera, sin quejas hasta el momento.

Tocaba el turno a la comida, así que como nos habían amenazado que eran porciones pequeñas, me deje ir como gorda en tobogán. Empezamos la noche con un guacamole de habas con wasabi, el cual venía acompañado de chips de papa para combinar. A continuación llegaron unas espectaculares flautas de papa, nada nuevo aquí pero deliciosas. Después de eso llegó un tamal de jitomate con queso de cabra el cual resulto una exquisitez, tenía un cierto toque italiano. Remataríamos  con unos tacos de piña al pastor, muy buenos y llenadores con todo y todo. En estricta teoría la comida es tradicional mexicana, sin embargo encontré ciertos toques asiáticos y europeos que complementaban de una manera muy acertada. Por cierto la cocina está a cargo del chef Luis Arellano.

Ticuchi es un bistró del más alto nivel, no por nada está nominado por Le Fooding como el mejor nuevo bistró de la ciudad junto con Masala y Maíz y Expendio de Maíz para el “Priceless Cities Besst New Bistro Award”.

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Enrique Olvera primero nos sorprendió con el Pujol, una vez consolidado decidió transcender fronteras con Cosme en la glamurosa Ciudad de Nueva York. Lo interesante es que ahí no acaba esto ya que nos sigue sorprendiendo día a día y así lo hizo con su “Omakase” de tacos en Pujol, la cual se me sigue haciendo una simple y extraordinaria idea; ahora lo hace con Ticuchi. En hora buena por este proyecto y por muchos más de este estilo que siguen catapultando a  México en la escena gastronómica mundial y demuestran como lo tradicional y local no tienen por qué ser aburrido o monótonos, muy por el contrario pueden resultar ser divertidos, interesantes y muy “cool”.

Provecho,

@huey_tlacuali

#reginatelocuentamejor