“Donde no hay vino no hay amor.” Eurípides

El 13 de noviembre se festeja el Día Mundial de la Bondad, esa cualidad que define al ser humano de ser afable, amable, cordial y generoso con las personas que queremos. Este día se creó en 1998 con el motivo de la primera conferencia del movimiento mundial de la amabilidad celebrada en Tokio.

Me quedo para este día (sobre todo en esta época difícil que estamos viviendo), que uno siempre puede ayudar en cualquier momento: puede ser con pequeñas acciones como donar ropa, alimento o simplemente con dar las gracias, es un ejercicio que hay que tener siempre presente tanto como
sociedad como individuos.

Sin embargo, en esta columna nuestro fuerte no es acerca de las efemérides del día o de la psicología humana, aquí tratamos de enfocarnos en temas más mundanos, aunque pensándolo bien también son temas que están cerca del corazón y lo digo por su proximidad con la barriga. Pido una disculpa a aquellos lectores que esperaban leer acerca de la bondad en sí ya que ese no será tema de esta nota, aunque si lo vemos con objetividad al final todo lo que se cocina o crea con bondad al final tiene siempre un mejor resultado.

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Como les he ido platicando con anterioridad, el vino siempre ha sido un compañero perfecto para maridajes. En muchos casos van de la mano y en otros más es sumamente indispensable. El significado que encontramos sobre el maridaje entre el vino y la comida es el proceso de aparear un alimento con vino con la intención de realzar el placer de comerlos. Por cierto, en muchas culturas el vino ha sido considerado un alimento básico en la mesa.

Con el afán de conocer y entender mejor esta noble y entrañable bebida, me inscribí el año pasado a unccurso de vinos en Le Cordon Bleu. La idea nunca fue la de convertirme en sommeliere, ni mucho menos. Mi intención simplemente era el reafirmar conocimientos y adentrarme másprofundamente en este maravilloso mundo del vino; historia, tipos de uvas, variedades, vinos, regiones vitivinícolas y por supuesto maridajes. Entender y diferenciar los diferentes aromas que puedo encontrar en estos de liciosos caldos, comprender de una manera más consiente lo que estoy bebiendo y también saber que debería beber en determinadas ocasiones, dependiendo del tipo de comida, situación y hasta con qué tipo de copa.

El curso se divide en 3 módulos. Los niveles de básico e intermedio los realizamos sin problema alguno en las instalaciones de la Universidad Anáhuac, ambos con resultados positivos. Sin embargo, con el cierre de escuelas y con la cuarentena, nunca pudimos comenzar el curso avanzado. Tiempo después y ante nuestra constante insistencia se abriría finalmente este curso con la variante de que sería vía remota y no habría la opción de realizarlo de manera presencial.

La dinámica del curso siempre fue que durante las primeras horas nos dedicábamos a la teoría, mucha información, preguntas, dudas, etc., y ya para el final de cada sesión llegaba la oportunidad de catar diferentes vinos, siempre relacionados al tema del día. Para la cata uno empieza con la vista para determinar el color y la tonalidad del vino, así como el lagrimeo en copa entre otras cosas. A continuación toca el turno del olfato. Primero la cata en nariz sin mover la copa para presenciar los aromas primarios (flores, frutas, minerales) y posteriormente girando la copa para apreciar los aromas secundarios (azúcares, lácteos, etc.). Finalmente probar el vino y notar tanto acidez como cuerpo, retrogusto, taninos y el balance que tiene cada vino.

Por lo general una botella nos alcanzaba y hasta sobraba para 6 o 10 personas, pero con el uso de la tecnología la logística se vuelve siempre más complicada. Hoy cada estudiante tiene que tener sus propias botellas que por lo general varían de 3 a 4 por sesión, así que cuando hay vinos complejos o sumamente interesantes y no descifro los aromas o sabores en un principio, siempre con el pretexto del conocimiento y de sacar buenas notas, me empeño en probarlos en múltiples ocasiones hasta descubrir
las diferencias y características de cada uno (lo cual siempre implica beber varias copas). Al final resulta ser un curso altamente demandante para mi cuerpo, difícil y peligroso, pero alguien lo tienen que hacer.

Uno nunca deja de sorprenderse de lo complejo y diverso que es el mundo del vino. Mi intención no es dominarlo, si no muy por el contrario entender mis gustos y comprender como combinar cierto vino con la comida o viceversa y transformarlo en un excelente maridaje; siempre enalteciendo las cualidades de cada uno de ellos. Entender las diferentes regiones que más me agradan y cuales trabajan mejor los diferentes tipos de uvas. Distinguir las variedades y conocer a sus mejores productores y representantes. Me gusta el no encerrarnos siempre en los mismos vinos y perderle el miedo a probar nuevas regiones y uvas, sobre todo ahora que están tanto de moda las uvas autóctonas, así como los vinos naturales.

En un mundo globalizado donde México no es la excepción, la diversidad de vinos que podemos encontrar buscándole un poco es impresionante. Las tiendas donde generalmente compramos el vino van en picada y cada vez se vuelven más obsoletas, esto debido a que no han entendido hacia dónde va el mundo del vino ni tampoco a sus consumidores. Cada vez existe más información y es más fácil acceder a nuevas etiquetas.

Siempre es un buen momento para empezar a aprender y entender aquellas bebidas que tanto nos atraen y que por lo general siempre tienen una gran historia detrás de ellas.

Amori y Sapori

Para los amantes de la comida italiana a quienes les importa más la comida que los millones de dólares utilizados en decoración, marca y ubicación, les tengo una gran recomendación. Ubicado en Lamartine 110 en Polanco, este pequeño restaurante italiano es en mi opinión uno de los mejores exponentes de comida de la campiña italiana en la CDMX. Sus platillos no son los tradicionales, su carta de vino no tiene las etiquetas regulares e indiscutiblemente su mobiliario no proviene de Milán. Muy por el contrario
este pequeño establecimiento logra lo que los otros lugares no han podido lograr con tanto dinero: transportarte por unas horas a un lugarcito de Italia estando en medio de la conflictual zona de Polanco.

Tienen botellas de proseccos espectaculares, de grapas y otros vinos italianos y una calidad impresionante en todos sus productos. Yo probé unos mejillones en salsa de pomodoro estupendos, así como también un risotto con azafrán y chuleta de cerdo el cual estaba de locura. Las pastas y el salmón que pidieron en la mesa de alado se veían de igual manera dignas de celebración. En este lugar también venden varios productos que prepara el chef para llevar como son pastas, embutidos y unos aceites de oliva espectaculares. Sin lugar a dudas mi recomendación para aquellos que no estén interesados en ver paparazis y tener una extraordinaria comida.

PlumpJack

Mi recomendación de vino en esta ocasión es una botella que me hizo favor de regalarme un buen amigo. Se trata de PlumpJack Estate Cabernet Sauvignon 2016 de Oakville, Napa Valley. El nombre del viñedo está inspirado en uno de los personajes más entrañables de Shakespeare, Sir John “PlumpJack” Falstaff. Estos vinos honran a su tierra con un estilo único e inigualable. El vino es un reflejo de su “terroir” y este varietal es sumamente elegante y fino. Tiene mucha personalidad y está perfectamente balanceado.

En nariz se perciben frutas del bosque como cereza y zarzamora, al igual que un poco de casis. En paladar los taninos son sedosos y cuenta con un final prolongado y agradable. No es una etiqueta barata pero vale la pena para festejar este día de la bondad con tu persona favorita.

@huey_tlacuali

#ReginaTeLoCuentaMejor