“Primero comemos, luego hacemos todo lo demás”

M.F.K. Fisher 

Ya perdí la cuenta del día de la cuarentena en el que voy, no sé qué día de la semana es y lo único que reconozco es que la nueva realidad que estamos viviendo es bastante compleja. El contraste es abrumador. Los días parecen interminables, hay un sol espectacular y el clima esta mejor que nunca, no me acordaba que en años pasados tuviéramos tan buen clima… ¿será que nunca puse atención?

6:40 am La alarma suena implacable como todos los días. De la misma manera, todos los días recuerdo  mis épocas mozas, cuando al igual que hoy en día, suplico a Dionisio (dios del vino y las bacanales) que me permita dormir tan solo unos minutos más, sin embargo, sé por experiencias pasadas que si lo hago me quedaré dormido y no llegaré a tiempo al trabajo. Por lo que me pongo de pie de un salto. Mal hecho porque todavía estoy dormitado, casi azoto y acabo pegándome contra la pared. Ya con un poco más de precaución, me dirijo rumbo al área de lavado y encerado para tomar un baño rápido, creo que lo hago con los ojos cerrados en su totalidad, una lavadita de dientes, escoger la vestimenta de trabajo apropiada, lo cual por cierto ha sido bastante complicada últimamente: shorts y alguna de las camisetas más viejas y feas que tengo en el closet y que por alguna extraña razón no ha acabado en la basura. Esta facha o desfachatez me será recordada por cada uno de los integrantes de la familia a lo largo del día, menos por Chester, el cual es el único miembro que siempre me da la razón en todo lo que hago, con un simple movimiento de cola.

7:00 am Después de un trayecto largo y sinuoso, el cual implica salir de mi recamara, bajar las escaleras y cruzar a través de la sala, llego a mi oficina. Adecuada por su humilde servidor en tan solo unos minutos dada la necesidad, no tuve tiempo de contratar diseñador, arquitecto o creativo alguno para que me ayudara con tan distinguida tarea. Usé la mesita de madera donde comían mis hijos cuando eran aún más chicos y tome prestada una silla del comedor. En esta diminuta, pero ya probada mesa de trabajo, coloqué 3 monitores, 2 teléfonos digitales, el CPU, una tableta y dos celulares, ya se imaginarán. Todo funciona bien, tengo que reconocerlo; menos mi espalda. Mesita de kínder y silla de adulto no es una buena combinación, créanmelo; traigo una joroba envidia de cualquier dromedario del Sahara. Sin llorar, me digo a mi mismo, nunca pensé que me vería obligado a trabajar desde mi casa, simplemente pensé que era una tarea imposible y nunca imaginé tener una oficina digna, como sucede en casa de varios de mis amigos más cercanos. Siempre pensé que lo hacían para tener un lugar en casa, callado y seguro, en el que pudieran jugar solitario en la computadora y que ningún miembro de la familia los molestara, dado que parecería que estuvieran planeando negocios sumamente importantes y lucrativos. Yo siempre supe la verdad.

8 am La primera clase virtual empieza y se lleva a cabo a tan solo unos cuantos metros de mi puesto de trabajo. La buena noticia es que mi hija usa audífonos para no me distraerme tanto y podemos convivir y semi-trabajar “ambos dos” sin problema alguno.

8:30 am Comienza la clase virtual del “principito” de la casa y gracias al señor nuestro Dios, escogió tomarla en la sala. La mala noticia es que no le gusta usar audífonos, por lo que puedo escuchar la mayor parte de sus clases y de paso participo a lo lejos cuando la maestra de matemáticas pregunta acerca de factorizaciones o el “míster” le hace una pregunta en inglés a mi hijo, y éste por medio de un muy respetuoso y altisonante grito que hace que vibren mis entrañas, me pregunta por la respuesta correcta de cuarto a cuarto. Varias veces al pasar lista el famoso “míster” y escucho mi nombre (el cual cabe aclarar que es el mismo que el de mi primogénito) confieso que digo en alto “Presente”.

Para entonces la más pequeña ya tiene hambre y ahí es cuando la señora de la casa entra a ayudar con fruta para apaciguar el hambre de todos. Esta será la comida más nutritiva del día, cabe aclarar. De ahí en adelante será una lucha sin cuartel entre pizza o pollo, pasta o carne, brócoli o helado, fruta o pastel. ¿Me imagino que sabrán quienes salen victoriosos siempre?

9:30 am Las primeras clases virtuales han acabado y es tiempo de los desayunos formales. El menú varía a diario y a menos que este incluya waffles o hot cakes (los cuales no entran en mis terrenos de expertise e interés), tenemos que decidir cuál será el desayuno del día. Esta no es una tarea fácil, ya que para mí desgracia pareciera que a ninguno le gusta lo que les gusta a los demás. Por ejemplo, si decidimos hacer enchiladas, entrarán varias aristas descritas a continuación: al mayor no le gustan los frijoles, ni la salsa verde, para él solo prepararé huevo con chilorio y una tortilla para poder taquear. Parte del mismo huevo lo usaré para rellenar las enchiladas de la de en medio, sin embargo a la chiquita no le gusta el chilorio, por lo que tendré que hacer una parte del huevo sin nada y por temas de logística y no ensuciar de más, me las ingenio para usar el mismo sartén al mismo tiempo y cocinar los diferentes huevos al mismo tiempo. Por lo que entrego unos huevitos con chilorio, enchiladas verdes rellenas de huevo con chilorio y frijolitos a un lado, y enchiladas verdes rellenas con huevo sin nada y frijolitos a un lado. Misión cumplida, sin embargo para mañana tendrá que cambiar el menú a huevos con machaca, con nopales, con jamón y queso o de plano incorporar otra proteína a la ecuación, obviamente con sus respectivas limitantes para con cada comensal.

Por mi parte mi desayuno dependerá de que algún integrante de la tropa haya dejado algo que me sirva para prepararme un taco, o si de plano hubo buena venta entonces tendré que prepararme una quesadilla a manera de rápido para poder continuar con mis actividades matutinas y confiar que no se me haya pasado nada importante en cuestión de chamba.

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El resto de la mañana pasa de manera un poco más relajada en cuestión a temas domésticos, salvo sacar la basura los lunes y jueves que es cuando pasa el camión a recogerla y de olvidárseme esta noble tarea lo recordaré toda la semana por medio de olores non-gratos que saldrán por varias locaciones de la casa. Con mi nuevo rol de profesor, deberé de ayudar a resolver dudas en cuanto a temas de matemáticas, español, inglés, ortografía, fonética, semántica y química avanzada. Después de varias llamadas con clientes y tratar de tener un día lo más productivo posible en cuestión laboral, me empiezo a preocupar porque se aproxima la hora de la comida. Se ha vuelto costumbre que se me olvide descongelar una noche antes lo que vamos a comer al día siguiente y por lo mismo entro en pánico. Tengo q confesar que mi congelador está a punto de turrón, es más, ya no fabrica hielos porque no hay espacio y es que para que me dure la comida y no tener que salir al súper cada dos días, he comprado con anticipación y trato de congelar lo más que puedo. Esto se juntó con los antojitos que mantengo siempre congelados como el pork belly, las mollejas y el pato, para aquellos días de antojo máximo.

Hago una votación a mano alzada, como las que están de moda en la 4T, para decidir qué es lo que vamos a comer. Los resultados por lo general siempre son algún tipo de pasta o pizza, sin embargo al igual que con la 4T, el resultado de estas votaciones no importa en lo absoluto ya que al final siempre decido yo lo que se va a cocinar, esto obviamente ante el asombro de mi familia buena y sabia. Lo que no saben es que los estoy preparando sin que ellos los sepan para el México moderno.

2:00 pm Una vez dando por terminada la jornada laboral matutina, me dirijo a tan solo unos pasos de distancia de mi flamante oficina y empieza mi otro trabajo de tiempo completo.  Dependiendo del calor o de lo hambrientos que estemos, me inclinaré por cocinar algo fresco, algo un poco más elaborado o de plano algo sumamente sencillo. Muchas veces hago uso de mis pequeños pinches para que me ayuden a poner la mesa, mezclar o sazonar la comida.

Algo que hemos descubierto después de varias semanas de confinamiento es que entre más simple sea la comida entre semana, siempre habrá mayor felicidad entre los que cohabitamos este hogar, esto no significa que sea saludable o no. Simplemente hay menos razones para no tener que pelearme en la mesa para que se coman todo el brócoli o la coliflor que un día antes les encantó resulta ser que hoy ya no les gusta. Así que a menos gritos y discusión en la hora de la comida, mayor paz y tranquilidad para todos.

En la tarde se goza de una relativa calma por parte de todos, hay menos estrés y cada quien está en su zona de confort. Mientras uno juega con el IPad, otra ve el mismo programa por 20va ocasión en YouTube y la otra tiene su clase de ballet por zoom. Yo mientras tanto me aviento una sumamente efectiva “power nap”, que ni Sir Winston Churchill en tiempos de la Segunda Guerra Mundial habría conseguido.

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Después de haber reposado las carnes por unos 15 minutos aproximadamente, toca hacer un poco de ejercicio para poder mantener la curvatura.  Nunca menos de 15 minutos pero tampoco más de 30, ya que se puede volver vicio.  Sacar a las amenazas a dar una vuelta en bici a la calle, la cual vale la pena destacar que está completamente intransitada. Aprovecho también para sacar a pasear a Chester, que tal pareciera necesita salir más que yo de la casa. Ya de vuelta, toca un buen baño y empezar a pensar en qué consistirá la cena.  Esta por lo general será más sencilla y no tendré que batallar para que se acaben toda la comida.

8:00 pm La decisión para la cena se basa muchas veces en lo que sobró de la comida o de comidas de días anteriores. Aquí el reto es usar esos ingredientes y preparar algo rico que se les antoje a todos los integrantes de la familia y así también enseñarles a que no se deber de desperdiciar nada. Sándwiches, noodles de pollo, de res o de cerdo siempre serán favoritos y me sirve para utilizar diferentes tipos de verduras, tacos, hot dogs, molletes y hasta huevos revueltos con corazones de alcachofa nos hemos obligado a cocinar, obteniendo excelentes resultados.

9:00 pm Urge que den las 10 de la noche para mandar a todos a dormir. Tratamos de ver alguna serie o película nueva, pero es increíble la mala calidad de contenido que existe en todas las plataformas y cuando por fin creo haber encontrado alguna serie o película que no hemos visto, me contestan el coro con un rotundo “papá no te acuerdas que esa película la vimos tal día y se trata de tal cosa”. Así que continúo con la búsqueda, siempre ayudándome de la clasificación que las mismas plataformas proveen; para mayores de 6 años, para mayores de 13 años  o para todo público. Cabe aclarar que varias veces he estado a punto de contratar a un abogado para demandar a los que hacen las clasificaciones. Ahora resulta que en series con clasificación para todo público dicen cosas con las que hasta Polo Polo se sonrojaría en cualquiera de sus shows pre Covid-19, por lo que me veo en la necesidad de apagar la tele en un acto de pronta rapidez, dejando a mis hijos con cara de “what”.

10:00 pm Empiezan los gritos y sombrerazos diarios para mandar a los niños a dormir. Todos los días es la misma historia y las excusas se basan en que no están cansados y como por magia resulta ser justo el momento del día en el que quieren platicar, jugar o volver a cenar. Es para entonces cuando entra en acción el régimen de terror que ni el mismísimo Robespierre hubiera querido experimentar después de la Revolución Francesa.

10:30 pm Ya metido en mi cama con la luz apagada, con mucho sueño y tratando de dormir sin poder conseguirlo.

11:30 pm Sigo tratando de dormir, llevo una hora pensando en el menú de mañana, en como abrirán los mercados al día siguiente, tratando de entender la tarugada del día por parte de algún senador, diputado, gobernador o personalidad destacada de nuestra política nacional, pensando en la posible fecha de la tan esperada vacuna y así me puedo seguir con una infinidad de temas pendientes, los cuales en su mayoría no tienen respuesta alguna, hasta que por fin concilio el sueño.

@huey_tlacuali