Abre sus puertas, una vez más, la icónica cantina ‘El Bosque’

“Efectos prácticos de la borrachera: suma amigos, resta dignidad y multiplica la sinceridad” Dicho de cantina
Cantina El Bosque
Cantina El Bosque
Huey Tlacualli

Huey Tlacualli

| 1 octubre 2021

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Siempre he pensado que las cantinas en México deberían considerarse como patrimonio de la humanidad, desde hace varios siglos han representado una parte importante de nuestra cultura y son cronistas fidedignas de nuestro día a día. Algunas de las cantinas que existen en la CDMX presumen de
tener siglos de existencia, otras más son de reciente apertura, sin embargo, todas comparten un mismo
fin: ofrecer la mejor comida y bebida. No quiero que me malinterpreten y me tomen por un borracho cualquiera, por lo mismo me gustaría exponer mis razones, ya que una buena parte de la sociedad tiene una muy mala reputación en contra de las cantinas, por obvias razones.

Cantina El Bosque
Cantina El Bosque

Comienzo exponiendo que una cantina es y ha sido un recinto social, un templo masculino, donde uno
va a comer (muy bien, por cierto), beber, platicar, hacer negocios, discutir, pelear, jugar, apostar y hasta
echar balazo. Las cantinas como todo en esta gran ciudad han ido evolucionando y en algunos casos se
han sofisticado un poco de más para mi gusto, creando lugares de gran clase y lujo.

Como es de esperarse existen muchas cantinas de tradición y abolengo en esta ciudad capital. El Bar
Nuevo León, La Covadonga, Bar la Ópera, Bar Sella, La Peninsular
y El Mirador forman sólo una pequeña
muestra de ellas. Cada una de ellas con una larga historia y algo que las diferencia sobre las otras (algún
platillo, bebida o decoración). Por azares del destino mi cantina favorita o digamos la que me hacía
sentir como en casa siempre fue La cantina El Bosque, la cual se encuentra ubicada en la Calle 13 de
septiembre esquina con Circuito Interior, en la Colonia San Miguel Chapultepec.

Cantina El Bosque
Cantina El Bosque

Cantina El Bosque, fundada en el año de 1939

Fue en 1939 cuando Alejo Vigueras, quien trabajaba como cantinero en la Cantina El Mirador, decidió renunciar para aventurarse a pasar de cantinero a dueño. Consiguió un local en la misma calle y
fundó la Cantina El Bosque. A partir de ahí se convertiría en un lugar de férrea tradición masculina,
donde se vio pasar políticos, artistas, empresarios, militares y profesionistas en general. Se convirtió en
un establecimiento con mucha tradición donde se comía y bebía como en pocos lugares de la ciudad.

En 1981 pasó a manos de los nuevos propietarios y durante todos esos años El Mirador y El Bosque,
siendo competencia y estando tan cerca una de otra, siempre fueron buenas amigas. A tal grado que se
prestaban insumos, se aconsejaban, se complementaban y hasta compartían espacios para poder
estacionar los coches de su vasta clientela.

El local se dividió en restaurante y cantina, ya que en aquellos tiempos las mujeres tenían prohibido
entrar en las cantinas, eran por decir lo menos presencia non grata. Por tradición en El Bosque se les
pedía amablemente a todas las mujeres que pasaran al área de restaurante, aun después del decreto de
1982, en el que no se les podía negar el acceso. Sin embargo, las mujeres simplemente no eran aceptadas en el área de la cantina. El Bosque siempre fue considerado como uno de los últimos bastiones que no habían podido tomar las mujeres en esta ciudad.

En medio de la pandemia, la Cantina El Bosque no aguantó más y tuvo que cerrar sus puertas después de tantos años de servicio. Los costos simplemente la mataron, no podían seguir pagando a sus empleados y tuvieron que tomar la triste y dura postura de cerrar por tiempo indefinido, como pasó con muchos otros lugares no solo en la ciudad sino en el mundo. La noticia devastó a su fiel clientela, sin embargo, no había manera de ayudar en medio de la dura pandemia. Simplemente nos tuvimos que resignar ante la triste y cruda noticia.

Hace varios meses al estar comiendo con un buen amigo, me comentó que formaba parte de un fondo
de inversión que había comprado la Cantina El Bosque y que estaba en proceso de remodelación para
abrir sus puertas una vez más. Tenía que ser un milagro, porque yo seguía sin poder creerlo.

La semana pasada fui invitado a la reinauguración de este sagrado y querido lugar.

Después de poco menos de dos años, había vuelto para probar su deliciosa comida y sus bebidas únicas y originales. A la parte del bar le dieron una manita de gato, sin perder en lo absoluto su esencia. Mismas mesas, misma barra repleta de botellas de todo tipo, unas definitivamente ya de colección. El mismo baño que ha existido desde que abrió el lugar, a solo unos pasos de la barra para evitar complicaciones. Era un sueño hecho realidad.

La parte del restaurante, por el contrario, recibió una completa restructura, lo remodelaron con muy
buen gusto, respetando la enorme barra de corte antiguo que básicamente se ve desde cualquier parte
del lugar y con el mismo menú de antes. El restaurante cumple con todos los requisitos para atraer una
nueva clientela que quiera apreciar las delicias que se sirven ahí. Un lugar con historia, pero
modernizado, lo cual hace que uno pueda gozar de una gran experiencia.

Como lo comenté anteriormente, una cantina podrá tener historia, tradición o estar de moda, pero si no
sirve buena comida simplemente sus días estarán contados. Como buena cantina cuando uno llega al
Bosque, lo primero que sucede cuando uno toma asiento es que llega a la mesa la botana del día. Esta
usualmente es un guiso para taquear, un caldito o un taco preparado, los cuales son cortesía de la casa y los mandan para que el comensal vaya abriendo boca. De ahí en adelante todo es viento en popa.

Tacos, Cantina El Bosque
Tacos, Cantina El Bosque

Ha decir verdad en todos los años que he asistido a este gran lugar nunca he pedido la carta, por lo que
realmente no sé todo lo que se prepara ahí, sin embargo, les puedo contar que es lo que siempre pido y
considero que es lo mejor. Sin lugar a duda para mí aquí se sirve el mejor pescado a la sal de la ciudad,
punto. En sus buenas épocas tenías que apartarlo a tu llegada o lo más probable es que te quedaras sin
este manjar. Me platicaban entonces que servían un promedio de 50 pescados al día, multiplíquenlo por
los años que lleva abierto y se podrán dar una idea de cuántos pescados han servido en su haber.

Cantina El Bosque

Para nuestra fortuna esto no es lo único que vale la pena del lugar. Yo siempre empezaba las tardes con
un caldito de camarón o un coctel de camarón con atún dependiendo del clima. De ahí en adelante todo
lo pedía al centro de la mesa para compartir. A continuación, llegaba la famosísima manchega de pollo o
de carne, la cual es una milanesa gratinada con una salsa roja encima, la cual viene partida y lista para
taquear; una verdadera joya.

Manchega de pollo
Manchega de carne

Los imperdibles del lugar son unos tacos medio sudados de chamorro o de lengua, los cuales son una oda a la cocina, una completa locura de sabor. Créanme por favor. Siempre hay que pedir un guacamole, unas quesadillas doradas de papa y queso, que uno llora de la emoción al probarlas y lo que para muchos es un clásico y no puede fallar es el famosísimo Tribilín. Este es un plato con carne, camarón y pescado, todo preparado en crudo, con salsas negras, limón y cebolla. Algo sumamente tradicional.

Como buena cantina siempre existe una bebida típica del lugar y El Bosque no es la excepción. Aquí se
sirven las cascadas. ¿Pero que son las cascadas? Esta es una bebida color amarillo radioactivo, a base de vodka, refresco de limón y la receta secreta, la cual es un extracto de cítricos que le da un toque sumamente refrescante a esta bebida y hace que las cascadas se deslicen como gordo en tobogán. Se
trata de una bebida deliciosa y por lo mismo peligrosa a la vez, ya que uno no se da cuenta de cuántas se tomó hasta que se retira del lugar y se atiene a las consecuencias.

De postre nunca podía fallar el ate con queso o unas buenas crepas de cajeta, lo que nos llevaba al
primer cambio de tercio. Aquí los meseros amablemente retiraban los manteles pintados por diversas
salsas usadas en los diferentes tacos y le acercaban a uno un cubilete bastante usado o un dominó con
mucha historia. Las cascadas empiezan a llegar con mayor velocidad y para entonces no habría faltado el bolero dando lustre a discreción a los diferentes comensales, aprovechando la visita a este extraordinario lugar.

En esta original cantina existe una cabeza de un toro que le indultaron a Enrique Ponce y el cual murió al
salir de la Plaza México. Se les regaló a los dueños de Los Guajolotes y ellos la donaron a la cantina con
la condición de que nunca se vendiera.

Como es natural el dominó encontró en El Bosque un santuario. Largas jugadas consumirían varias
tardes en este lugar. Profesionales y amateurs se disputarían largas horas de juego, muchos al final con
grandes deudas de apuestas y otros más teniendo que pagar la cuenta gracias a las ganancias
acumuladas en esas tardes de suerte.

Ya entradas las horas subiría el tono de los gritos, las risas, los dados del cubilete azotando la mesa.

Esto indicaba el siguiente cambio de tercio, en el cual servirían unas tortitas para ayudar con la borrachera y señalar que la cantina estaba próxima a cerrar cocina e implicaba que el lugar cerraría dentro de muy poco tiempo. Suficiente para pedir las de la casa y echar una última ronda de cubilete o dominó.

[En las cantinas] transcurren algunos de los instantes más rescatables o más ansiosos o más enturbiados de su juventud… allí lloran hasta el amanecer (las lágrimas lavan las pesadillas), o allí hacen la embriaguez el viaje de las aclaraciones y las rectificaciones, o allí se entregan a nociones de la vida que de tanto repetirse se vuelven epitafios, o allí se preparan para la recuperación romántica. “Elogio de las penumbras”, Carlos Monsiváis.

El Bosque se encuentra abierta al público una vez más, con las mismas cocineras, los mismos meseros, el mismo menú y los mismos precios. La experiencia no ha cambiado y después de tanto tiempo las
mujeres son aceptadas en el área del bar. Se trata de una cantina con un encanto muy especial y la cual
no puedes dejar de visitar en esta nueva etapa de su vida.

Provecho

Instagram: @huey_tlacuali

Lee también: Makan, un Wine Garden privado con comida de Singapur en medio de la Roma

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Huey Tlacualli

Huey Tlacualli

Chef frustrado, bebedor incansable de vinos, licores, destilados y anexas y sobretodo amante de la comida. Gordo profesional, siempre buscando donde comer bien. Fiel admirador de la gastronomía Mexicana, de sus ingredientes, sus cocineras, sus técnicas y su belleza. Historias y aventuras culinarias, recomendaciones de vino y lugares donde comer. Recetas, tips y críticas gastronómicas

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