Hoy me desperté con ganas de salir. Y con salir no me refiero a ir a comer al lugar trendy de moda con mis amigas, o al cafecito donde somos asiduas, ni tampoco al roof top nuevo del que todos hablan. No. En esta ocasión mis ganas iban aún más lejos. Hoy estaba lista para salir a pasear del otro lado de las vías del tren (como diría una buena amiga mía); salir a conocer MI CIUDAD, tan infinita y llena de vida, que me invitaba a descubrirla.

¿Cómo es posible que viviendo en una de las Ciudades más grandes y con tanta oferta cultural nunca se me había ocurrido visitar su Museo de Antropología e Historia?

Así que elegí el outfit perfecto para esta misión: skinny jeans, una t shirt cómoda, mi par de tenis nuevos favoritos (¡bendita sea la moda del tenis!) y una crossbody donde llevar lo esencial… y me fui de Safari.

Me sorprendió darme cuenta de lo bien cuidado y organizado que está el museo. Pude apreciar las miles de piezas arqueológicas y etnográficas  que me hicieron sentir orgullosa de la riqueza de  nuestra cultura. Ahí estaban, frente a mi, con esa grandeza y todo su esplendor los miles de años de historia representados en  La Piedra del Sol, donde todos andaban haciendo fila para tomarse la famosa selfie para sus cuentas de Instagram, el Atlante con sus 4.6 metros de altura tallado en piedra que me hizo sentir  chiquita e insignificante, La Cabeza Colosal Olmeca de 20 toneladas de peso con esa seriedad inconfundible que intimida y la réplica del Penacho de Quetzalcoatl que al posar para la foto te hace sentir poderosa con todas esas plumas en la cabeza. También vi varias piezas de joyería hecha  en oro, turquesa y jade, ¡que ya quisiera yo tener en mi cajón!

Fue ahí cuando caí en cuenta que algunas de las piezas que vi eran muy similares a las que había visto anteriormente en el British Museum en Londres; Y es que somos así…. vamos por el mundo viajando y conociendo los museos más famosos y de los que todo mundo habla y a veces no nos damos cuenta que tenemos tesoros invaluables a unos cuantos kilómetros, en nuestra propia ciudad.

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Sin duda esta visita me llenó de satisfacciones y fue como un ladrillo más en el muro de mi identidad. Una razón más para decir: ¡Qué fregón es nuestro México!

Sólo me resta decirles que AMO MI CIUDAD y los invito a descubrirla conmigo.

Y recuerden, todos los días se aprende algo nuevo y, si no son mucho de salir a explorar,  ¡siempre hay una primera vez!

The Chic Wanderer.

#reginatelocuentamejor