Sincronicidad, según Wikipedia, es el término elegido por Carl Gustav Jung para aludir a la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal. Es decir, es una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar.

Hablando en lenguaje de cuates, sincronicidad es cuando piensas en alguna persona y te la hallas inesperadamente, o quieres comprar algo y, de pronto, te lo regalan… o, si nos vamos a cosas más grandes, querías ir a Ibiza, y aún no lo comentas con nadie, y resulta que tu esposo te regala un viaje sorpresa de cumpleaños justo a ese lugar.

Mucho se habla de este tipo de situaciones, que para mí son un serendipity, en las cuales atraes cosas con apenas pensarlas. ¿Será que las estás lanzando al Universo así como “sin querer” y éste responde? Por otra parte, estas situaciones también pueden ser negativas. Por ejemplo, en diciembre, mucha gente que me rodeaba tenía influenza y yo dije: “Tengo influenza”. Mi doctora me respondió con un rotundo no, pues no tenía ningún síntoma; sin embargo, me fui a hacer estudio y dio positivo, pero mi caso era asintomático.

Somos energía y estamos sincronizados unos con otros, pues estamos conectados a la Fuente, pero quien tiene su intuición más desarrollada es quien más se da cuenta de esta sincronía divina. 

Albert Einstein, precursor de la física cuántica, dedicó los últimos años de su vida a probar las inconsistencias de la mecánica cuántica, que a nivel subatómico se comporta de una manera impredecible, cuestionando nuestro sentido común, tal como lo hacen las sincronicidades, ya que si se afecta una partícula, otra se ve alterada sin estar aparentemente unidas. O sea, a nivel subatómico, pareciera que quienes formamos parte del universo, tenemos un vínculo entre sí, que puede ser físico o psíquico.

Para Carl Jung, las sincronicidad forman parte de la consciencia colectiva, como cuando dos personas piensan lo mismo sin estar conectados, y lo hacen, por ejemplo, frecuentar el mismo lugar, que es cuando te hallas a ese conocido, en quien estabas pensando, en un restaurante o en el súper. A mí me pasó que un día de agosto del año pasado dije: “Justo hoy cumplo 28 años de haber entrado a la prepa”. O sea, no eran 25 ni 30 años, no era un número significativo, y de pronto veo en Facebook que un ex compañero pone justo eso en su muro. Luego pensé: “Ojalá que hubiera una reunión”, y una semana después ya se estaba organizando. Y, de pronto, todos estábamos en sincronía, siendo que la mayoría teníamos casi tres décadas de no vernos ni de saber los unos de los otros.

Entonces, ¿podemos usar esa sincronía para nuestro beneficio? ¿Para alcanzar metas y lograr objetivos? La respuesta es un ¡Sí! Aunque científicamente no es un tema comprobado.

Te paso estos tips para que planees tus sincronicidades y las uses para tu beneficio:

  • Piensa en tus objetivos claros y concretos.
  • Visualízalos y siente como si ya los hubieras alcanzado.
  • Suéltalos al Universo, lánzalos y confía.
  • Deja de controlar la situación.
  • Haz un vision board o una Mind Movie y mantenlo presente.
  • Expande tu corazón y ten sentimientos positivos.
  • Espera lo mejor en todo momento.

 

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