A partir del 1 de julio, la Ciudad de México se reabre. ¿Qué significa esto? Que la vida como la llevábamos antes de mediados de marzo regresa poco a poco. Las oficinas vuelven al trabajo, los restaurantes y hoteles abren sus puertas, los negocios suben la cortina, los vendedores ambulantes regresan a las calles. Hasta ahí, todo parecería ser de lo más común.

Sin embargo, el título de esta nota está entre signos de interrogación. ¿Por qué? Bueno, porque desafortunadamente después de tres meses y medio de permanecer cerrados, muchos de los comercios no lograron sobrevivir –se calcula que el 5% de los restaurantes en todo el país está en quiebra– y quedarán sólo en nuestros recuerdos. Eso, en una ciudad con tantos lugares de tradición como la Ciudad de México, es una gran pérdida.

Las condiciones para la apertura no se adivinan fáciles para los restaurantes y hoteles:

únicamente podrán abrir al 30% de su capacidad, o al 40% en caso de contar con terraza al aire libre, todos los empleados deberán usar equipo de protección, las mesas deberán ser de máximo 4 comensales y no podrán juntarse grupos más grandes ni unir mesas, deberá haber una separación de 1.5 metros entre cada mesa y estas estarán colocadas en zigzag, no habrá menús impresos, únicamente en formato digital o en pizarrones (lo que evidentemente hará que disminuya la variedad de los platillos), no podrá haber música de fondo, el pago será preferentemente electrónico, las superficies deberán sanitizarse 6 veces al día y los horarios estarán acotados (en los restaurantes, claro está). Incluso con estas medidas, todos están ya ansiosos por abrir sus puertas y volver a sentir la vida de esta ciudad que lo mismo tiene de caótica que de cosmopolita.

Nos encantaría que todo regresara lo más pronto posible a como se encontraba antes de marzo.

Que pudiéramos seguir saliendo a nuestros lugares favoritos a comer, a comprar, a hacer nuestras actividades normales. Que nos pudiéramos reunir con nuestros amigos, nuestras familias, sin el miedo de contagiarnos o de verlos enfermarse. Volver a esos días en los que vivíamos libres y tranquilos al menos en nuestros entornos más cercanos.

Pero por lo pronto eso no será posible. Esta nueva normalidad es distinta a la de antes. Hay un dejo de nostalgia que apenas comenzamos a percibir y que al salir de nuestras casas finalmente iremos reconociendo.

Entre las noticias que más reacciones de tristeza han generado está el cierre del icónico restaurante Sir Winston Churchill’s en Polanco,

muy conocido por su filete Wellington, por la casa estilo Tudor en la que se ubicaba y porque era una verdadera delicia para comer, cenar y sobretodo, porque se disfrutaba muchísimo en las épocas navideñas con su decoración tradicional. Después de casi 50 años, Jane Pearson, viuda de Rey Fernández (quien lamentablemente se contagió de coronavirus) decidió cerrar sus puertas y subastar todos los artículos del lugar. Una verdadera pena perderlo.

Restaurante Sir Winston Churchill’s

Otros restaurantes también tuvieron que tomar la difícil decisión de no volver a levantar la cortina: a Carmela & Sal, excelente lugar de cocina mexicana de Comalcalco, Tabasco, cocinada por la chef Gabriela Ruiz Lugo y ubicado en la calle de Pedregal en Las Lomas tampoco lo volveremos a ver abierto, así como  tampoco a Dulce Patria, de la conocida chef Martha Ortiz Chapa y que se encontraba en una ubicación perfecta en Polanco. Por otro lado, el increíble Tokyo Music Bar de la colonia Cuauhtémoc será otro lugar que extrañaremos junto con su decoración, su música de los años ochenta tocada en viniles, sus cocteles únicos y su maravillosa cristalería traída desde Japón.

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Tokyo Music Bar

No obstante estas malas noticias, también hay espacio para celebrar: el hotel Círculo Mexicano de Grupo Habita,

famosos desde hace ya 20 años por sus hoteles únicos y con estilo contemporáneo pero siempre con ese acento muy claro que destaca los detalles nacionales, abre finalmente sus puertas en el Centro Histórico de la Ciudad. Esta nueva aventura de Habita se ubica en la calle de Guatemala 20, detrás de la Catedral Metropolitana, en un antiguo edificio residencial del siglo XIX donde nació el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo y junto al lugar donde se descubrió hace poco el Huey Tzompantli.

Inmerso en una zona de mucha historia, el hotel fue diseñado por los arquitectos Jorge Ambrosi y Gabriela Etchegaray. Además de contar con terraza, alberca, spa y gimnasio, habrá bar y dos restaurantes: uno a cargo de Gaby Cámara (Contramar), mientras que el otro será un pop-up llamado ONA Le Toit, dirigido por el grupo de gastronomía nómada francés ONA. Además, este hotel de 25 habitaciones, contará también con un espacio de locales comerciales donde se venderán exclusivamente productos diseñados por manos mexicanas.

Ahora ya sólo nos queda esperar a que la ciudad entera se reactive y que, así como algunos espacios los extrañaremos y recordaremos con nostalgia, esperamos que los nuevos sean bien recibidos en esta “nueva normalidad” a la que tendremos que aprender a acostumbrarnos día con día.

 

#ReginaTeLoCuentaMejor