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Esta carta, que sé que no vas a leer la quiero dedicar a todas las mujeres de todas las edades alrededor del mundo que descubrieron su feminidad gracias a ti, la verdad es que si la gran mayoría de las féminas tenemos ese conocimiento y reconocimiento de nuestra esencia, es gracias a tu influencia. Tu belleza y tu elegancia, tu clase, pero sobre todo tu infinito deseo de hacer de este mundo un lugar mejor son motivos para escribirte esta carta.

Creías en el rosa, creías en los poemas, creías en la belleza de las almas,  tus palabras siempre fueron amables, tu comportamiento impecable, tu talento innegable, fuiste icono y continuas enseñándonos las bondades de tu corazón aun después de dos décadas de tu fallecimiento. Y yo continúo asombrada de la nobleza de ese corazón, aun cuando viviste el abandono de tu padre, aun cuando creciste en medio de la guerra, cultivaste solo buenos sentimientos, en ti no existió la amargura ni el rencor.

Los que te vemos en las películas solo vemos esa espigada figura cubierta de Givenchy, impactándonos con tu ángel y tremendo carisma, sin importar el personaje, aunque siempre supiste elegir mujeres humanas, dulces y románticas. Pero con un toque de realismo que era sino más que lo que tú misma nos transmitías en pantalla. Te atreviste a ser tú, por sobre todas las cosas, luchaste contra estereotipos y buscaste el balance dentro de tu hogar, lo intentaste y fuiste lo que siempre quisiste ser, una madre feliz.

También buscaste ser ejemplo con tu labor humanitaria, buscaste dar a los más necesitas y fuiste pionera en viajar a lugares lejanos donde llevaste esperanza, donde llevaste amor. Un reflejo de haber pasado no solo pobreza sino además de haber enfermado en muchas ocasiones durante tu infancia en Ámsterdam, donde viste de cerca como Europa se consumía con la guerra.

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Dictaste moda, supiste establecer un estilo y defender tu delicada figura, en una época donde las mujeres eran más voluptuosas y llamativas, tú eras pequeñita, delicada, frágil pero muy elegante. Todas queremos llevar las perlas y un vestido negro como tú lo hacías, pero tú eres irrepetible y no importa cuando lo intentemos siempre serás la única “Bella Dama”. Tu rostro tan dulce, tu estilo tan definido, tu forma de ser tan propia y correcta, eras la niña buena, pero nadie se imaginó que hasta la niña más buena saca las garras para luchar por causas propias.

 

Mientras desayunabas en Tiffany’s, también marcaste la diferencia en el mundo al ser la embajadora de buena voluntad de UNICEF durante muchos años, ayudando a los países del tercer mundo a luchar por sus derechos y libertades. Tu carrera como activista y héroe superó tu labor en el cine, un hecho desconocido para muchos.

 

Audrey más que musa de inspiración, eres un verdadero héroe porque defendiste lo que creías. Luchabas por los humanos sin importar quiénes fueran, además fuiste fiel amiga, nunca hablaste mal de nadie, n de los que en su momento te lastimaron, desde tu padre al que no viste en años, hasta aquellos hombres a los que les entregaste el corazón y no supieron apreciar esa joya que latía por ver lo bueno en todo lugar, en todo momento y en las personas.

 

Fuiste el icono entre iconos, eres leyenda, eras una motivación, eres una de las pocas mujeres que recordaremos por lo mucho que dejo a su paso, no solo una invariable cantidad de películas pero también una invaluable aportación para la humanidad. Gracias Audrey.

 

ATENTAMENTE

EUGENIA GARAVANI