Por Manolo Caro

“Durante mucho tiempo me he cuestionado el por qué no me sentía seguro y cómodo durante mi niñez de asumirme como la persona que soy y creo que esto tiene que ver con la sociedad en la que hemos crecido. Conforme han pasado los años y me he desarrollado como un profesionista me he dado cuenta de que uno de los grandes huecos emocionales que tuve es que nunca me sentí identificado con las historias que consumía: con las caricaturas, después con las películas, con las ficciones que se hacían en mi país. Y eso me empezó a generar muchas preguntas de por qué nosotros no teníamos la oportunidad -como comunidad- de vernos en una historia de amor, o vernos en un thriller, o en una película de miedo como se veían reflejados mis amigos y se sentían cercanos a los personajes.

Para mí, creo que esa fue una de las primeras consignas que tuve cuando me empecé a desarrollar como director.

Me he cuestionado también mucho y viví mi vida pensando que lo que se había hecho en los ochenta y los noventa en la televisión y en el cine mexicano era muy duro y era como un agravio a la comunidad porque siempre se usaba a los personajes LGBT como caricaturas, siempre eran el peluquero, el costurero, el que tenía problemas sociales, el que era drogadicto, el que era súper promiscuo.

Después, al pasar de los años, veo que esa era la realidad de la forma en la que mis colegas o realizadores de esa época podían darles visibilidad. No era la óptima, no los justifico, pero era lo que les tocaba. Hoy en día, nosotros somos una nueva generación que buscamos otro tipo de visibilidad de los personajes y también buscamos dignificar.

Es importante entender que no todos los personajes LGBT tienen que ser promiscuos, pero tampoco tienen que ser brillantes.

Creo que para sentirte identificado tienes que hablar de y abrir un abanico súper extenso donde hay personajes LGBT que pueden ser el malo de la película, pero también pueden ser el protagonista, pero puede ser fiel, pero también puede ser mentiroso y esto nos va a dar la oportunidad de que las nuevas generaciones se percaten de que somos y existimos y tenemos una voz y se nos debe retratar con esa normalidad con la que hemos vivido todos estos años y con la que cada día tenemos más batallas ganadas.

A mí, por ejemplo, en La casa de las flores me llegaba muchísimo esta crítica: Julián de la Mora ¿por qué representa a un bisexual, por qué le das esa representación de ser un promiscuo? Y mi respuesta es: Porque hay bisexuales promiscuos, porque hay personajes completamente fieles como lo es Diego (también de La casa de las flores) pero hay personajes que no y también es absurdo querer martirizar a todos los personajes que tenemos el alcance de escribir o de construir.

Por ejemplo, en el caso de María José, el personaje trans, es el personaje más elocuente de la serie, es la más sensata, es una profesionista, es una gran abogada y saca adelante a la familia.

¿Qué es lo que pasaba durante mucho tiempo?

Que los personajes trans tenían que ser el que vivía en conflicto, o en la miseria, o con una salud mental completamente deteriorada. Y ahora vemos en esta serie de La casa de las flores, que es mi mayor referente, a Paulina de la Mora que es la protagonista a la que todo mundo ama, que es quien tiene una salud mental que atenderse y por eso está con un psiquiatra y tomando medicamento. Porque hay que romper tabúes en todos los sentidos para que los personajes que estamos creando de la comunidad también encuentren un nuevo discurso.

Lee también: LOVE WINS EN TIEMPOS DE COVID

En este mundo de encontrar cómo darle visibilidad a los personajes, también debo reconocer que se han cometido muchos errores, yo he cometido muchos errores porque nadie nos explicó y nadie nos da una escuela sobre cómo tenemos que tocar estos temas.

Y con esto me refiero a si de pronto contratas un actor cis para personificar a un actor trans -que eso se ha criticado muchísimo en La casa de las flores- pero también me doy cuenta de que en esa búsqueda hemos encontrado aciertos como, por ejemplo, el colectivo GLAAD, del que estuvimos muy cerca en Europa, después de que se habían suscitado todas estas críticas, nos dijo:  Okey, ya viendo la serie nos damos cuenta de que sí era necesario que la interpretara un actor cis porque es un personaje que estaba en transición. Al mismo tiempo, llegan nuevas metas ahora de dar la oportunidad a actores y actrices trans de obtener personajes cis y no tener que encasillarlos.

Yo creo que, así como volteamos a ver los años ochenta y decimos: ¿cómo se nos representó así?, tal vez y probablemente las nuevas generaciones voltearán a vernos a nosotros y nos señalarán ciertos errores cometidos.

Pero considero que sí se ha ganado una batalla, sí estamos todos del mismo lado de la guerra -que también eso es importante-, sí estamos luchando por algo que nos atañe y que nos da identidad como sociedad que es ya no dejar esos temas en la mesa como un tabú, sin que salgan a la luz y sin que nadie hable de ellos.

Creo que los más importante hoy en día, para nosotros como comunidad, es darnos cuenta de que existimos y que nunca más, bajo ninguna circunstancia, volveremos a regresar a ser el fantasma de las historias.”

Celebramos este mes del orgullo LGBT platicando con el director de cine Manolo Caro de “La casa de las flores”, “No sé si cortarme las venas o dejármelas largas”, “La vida inmoral de la pareja ideal”, “Perfectos desconocidos”, entre otras.

Manolo nos habló de su experiencia, como miembro de la comunidad, al crear personajes que acaban con el estereotipo LGBT que se plasmaba en el cine y la televisión en los años ochenta y noventa. Aquí les dejamos su muy interesante y personal relato.

Agradecemos a Manolo por darnos su testimonio. Celebremos este mes con la cabeza muy en alto. ¡Felicidades!

 

#ReginaTeLoCuentaMejor