El pasado martes 24 de septiembre, Plácido Domingo anunció su retiro de todas las óperas del Met en Nueva York  -después de 27 años y tras 706 presentaciones como cantante y 109 como director en ese recinto-  con efecto inmediato. Esto, debido a las acusaciones de abuso sexual que recientemente han presentado varias mujeres en su contra.

No sé a ustedes, pero a mí me sorprende mucho cómo ha evolucionado el movimiento en contra del acoso y la agresión sexual llamado #Metoo, que iniciara en Estados Unidos en octubre de 2017 para denunciar los abusos del tristemente célebre productor de cine y ejecutivo Harvey Weinstein. Y es que, por supuesto, como mujer que alguna vez ha vivido en carne propia (aunque de manera muy somera y poco memorable) cierto abuso, estoy totalmente de acuerdo con que ya basta de que algunos hombres tomen a las mujeres como simples objetos sexuales a su antojo. Sin embargo, resulta muy preocupante la manera en la que este tan bien intencionado movimiento ha sido utilizado por algunas personas como una forma de revancha contra los hombres con poder que quizá en algún momento hayan decidido no continuar con una relación después de algún episodio pasional fortuito.

De ninguna manera estoy a favor del abuso de cualquier tipo pero considero que las cosas se han llevado demasiado lejos. Tal como lo declaró el mismo maestro al anunciar su retiro: “…disputo enérgicamente las recientes acusaciones en mi contra y me preocupa el ambiente en el que la gente es condenada sin el debido proceso”, creo que es momento de reflexionar y tomar en cuenta que cada vez que se hace una acusación de este tipo, se está afectando y de forma grave y tajante la reputación de una persona. Es decir, no debemos nosotras como mujeres “abusar” del término abuso sexual. Precisamente eso fue lo que pasó en México al momento de intentar llevar el movimiento a redes, cuando se invitó a las mujeres a denunciar las agresiones sexuales de las que habían sido objeto por parte de distintos personajes reconocidos en varios ámbitos. Fue tan poco serio y carente de legitimidad que todo el asunto logró tener el efecto contrario: muchas mujeres recibieron insultos y burlas por sus acusaciones sin sustento e incluso (y esto fue la gota que derramó el vaso) se les culpó del suicidio de un músico que no soportó las denuncias en su contra. Afortunadamente, después de este evento, el mal llamado movimiento en México se tranquilizó.

Hoy en día, las acusaciones desmesuradas son casi exclusivas de nuestro querido vecino del norte. Tan es así que hasta que no se demuestre la legitimidad de las acusaciones, Plácido Domingo continuará con sus presentaciones en varias ciudades de Europa como Zurich, Moscú, Viena, Hamburgo, Valencia, Milán, Londres y más. Ojalá reciba más ovaciones como la del pasado Festival de Salzburgo. ¡Bravo, Plácido!

#reginatelocuentamejor