ex·pec·ta·tion

(noun) a strong belief that something will happen or be the case in the future.

“reality had not lived up to expectations”

 

El dilema de las expectativas, es un pésimo dilema.

Porque siempre que esperamos algo, no sucede. Es mejor no esperar nada y llevarnos la sorpresa. Pero la realidad es que es imposible, todos soñamos e imaginamos el mejor escenario posible.

Y en mi caso, a veces también imaginamos el peor, mi trastorno de ansiedad viene acompañado de catastrofizar el futuro, e imaginar que el niño se va a caer del árbol, la niña se va a embarazar a los 15, y al novio me lo voy a encontrar en la cama con la “niñita de 25” que lo busca diario por IG.

Pero por alguna razón, lo inmediato, lo de hoy para mañana – eso puedo ponerlo color de rosa brevemente – hasta que se pone negro solito. Y el ejemplo perfecto es este:

Esta semana mis hijos me dieron un pequeño descanso al irse con su papá, cosa que me urgía, y mi pareja me dijo que si no quería acompañarlo Oaxaca – por un día – agarrar la carretera, visitar el Palenque, tomar un mezcal ahí en la montaña, en San Agustín Amatengo, dar una vuelta por el centro, y después regresar.

Ese mismo día me metí a ver posibilidades covid-free en Airbnb, había todas las del mundo, de hecho encontré una casa en medio centro, con patio, flores y ventanales… y me hice una foto mental justo ahí. No la reserve porque habían demasiadas opciones, y dije “mejor me espero”, pero de todos modos la puta-foto-mental ya estaba lista.

Entonces mi viaje-viaje comenzó desde ahí, que emoción irnos, sin hijos ni de él ni míos, solos-solos, carretera oyendo podcasts chingones, ratos de plática, siesta rápida (me fascina dormir en el coche), casa en medio del centro, ordenamos comida del Zandunga, llevo mezcal y vino, una cama increíble, algo de acción, café en la mañana, caminar por ahí sin gente, estirarme en soledad, unas fotos, escribir y trabajar en ese patio de sueño, debajo de un naranjo (ese me lo invente porque desde covid, ando muy ávida a las plantas).

Ajá. La vida se estaba cagando de risa conmigo.

La versión fue mas o menos así,

“Amor nos lleva Rodri, porque es mucho manejar…”

“Cómo que nos lleva Rodri?

“No pues entonces tú maneja”

“No ni madres”

Primera expectativa rota.

Novio en el asiento del copiloto oyendo el puto Panda-show a todo volumen.

En el camino descubro que Airbnb bloqueó todas las fechas de mayo.

No hay casita con naranjo J… Dice aquí que no hay más airbnb hasta nuevo aviso,

“¿Hoteles?”

“No hay.”

“No hay un solo mendigo hotel… que les pasa, la gente que trabaja dónde duerme?”

“¿Amigos… y si llamamos a gente que conozcamos…?”

“Adri… que tiene su hotel del centro”

La llamo,

“Sofí el del centro esta cerrado, pero les abro las puertas del otro hotel (en el periférico) ahí tenemos a trabajadores de Wal-mart”

Tres cuates de Wal-mart, para ser exactos.

Y nosotros tres,

Seis.

It’s a Party.

“Ok párate en el Oxxo, compremos una chela, ya es tarde, ¿qué vamos a comer?”

“No hay chelas en el Oxxo. Dice el señor que en todo Oaxaca no hay chelas…”

 J se comienza a poner de “malitas”

(mucho peor que de malas completas).

“Adri, estamos llegando a Oaxaca, ¿de dónde sacamos comida?”

“Ay mi prima que es lo máximo cocina las mejores hamburguesas…”

Pedimos tres, la prima estaba ya en piyama, pero me las preparó, le pregunto si de casualidad sabe donde consigo chelas. Me dice “yo te llevo las de mi marido”.  Me cae que todavía hay gente muy buena onda en el mundo (poca y en lugares extraños como este periférico).

Me llevo la comida el marido, el pobre me entrego bolsita con sus 3 Tecates Titanium, y eso que hay escasez máxima en Oaxaca. Le vi la cara de “te la mamaste”, pero la neta, yo también necesitaba esa chela. Y me latió que su sacrificio iba a pagarle con creces.

Así que ahí estamos en la alberca – dos mesas – a muchos pies de distancia.

Los 3 empleados de Wal-mart y nosotros.

A Rodri le dimos hueva y se fue a su cuarto.

No hay vasos.

Mezcal y vino a pico de botella.

Que me viera mi madre…

De verdad le da algo.

En el cuarto dos camitas, un calor infernal, nos dormimos.

De acción, ni hablamos.

Al siguiente día recibo noticia de una junta muy importante, no me puedo arriesgar a irme al Palenque donde hay pésima señal. Me quedo en el periférico.

En el hotel,

En la mesa de la alberca.

Junto al modem.

Acabando mi junta agarro un taxi al centro, paseo media hora con una temperatura de 35 grados, un calor infernal y ninguna sombrita, no hay nada abierto. Encuentro un café, pido tortas para llevar y me voy de vuelta al hotel, para irnos de regreso a México.

De

La

Chingada

Trabaje como perro en las peores condiciones.

A cambio de nada. De nada.

¿Por qué uno hace lo que hace?. No lo sé.

Antes de covid yo tenia una relación “muy de novios”, misma que habíamos logrado mantener así durante mucho tiempo. Fines de semana de sueño, viajes cortos, miércoles de visita conyugal, comidas románticas, cenas y mezcales con todavía “mucha mariposa en la panza”, emoción y ganas de vernos.

Y ahora vivimos todos juntos, y siento que conforme pasan los días, mi presencia causa muy poca emoción. Entre que ando idéntica desde el encierro, con mi chongo de maestra, sin tacones, sin lipstick, repitiendo un guardarropa pequeño, tenis y birks, pagando velador, agua, luz, llevando cuentas en el block de la casa, decidiendo menús, cosiendo cojines, dibujando, soy maestra de mi hijo (malísima por cierto), recojo vasos sucios sin parar, miento madres, soy asistente, mamá, madrastra, jefa de mantenimiento, prefecta y mujer de todos los días.

Puto covid,

Se cargo todo mi misterio y allure.

Pensé que Oaxaca era mi oportunidad,

Hasta empaque el baby-doll.

Y resulta que no,

Así que el aprendizaje es este, por ahora,

No tener expectativas es la única manera de funcionar.

Calla la mente, calla la fantasía, estate quieta y,

#quédateencasa.

 

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#ReginaTeLoCuentaMejor