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Las mujeres son de la tierra, los hombres también

Sofia Aguilar nos cuenta sobre lo poco que los hombres conocen a las mujeres en este nuevo artículo que habla además sobre la infidelidad.
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Sofia Aguilar

Sofia Aguilar

| 25 abril 2022

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Qué poco nos conocen los hombres a las mujeres, pero lo más extraño es que sienten que nos conocen muy bien y que cabemos todas en la misma caja de “mujer que no la hace de pedo es hombre”.

Pendejos.

La realidad es que acerca de ellos –de su género– podríamos decir exactamente lo mismo, pero no lo hacemos porque no somos ignorantes. Nadie cabe en la misma caja, ni hombre, ni mujer, ni gay, ni trans, ni no-binario, ni nadie.

Todos tenemos algo de distintos y algo de iguales.

Es tan estúpido como decir “todas las mujeres son malas”. No es así. O “todos los hombres son infieles”. Tampoco es así.

Estaba con mi pareja viendo la nueva serie de Anatomy of a Scandal de Netflix, y lo que sucede con él, es que comenta mucho la dirección de los actores durante cada episodio que vemos, de lo que sea, comedia, drama, malo o bueno, todo se comenta.

Comprendo que le gusta el tema y, además, no me molesta para nada escuchar su punto de vista sobre quién está bien actuado y dirigido, quién exagerado, quién muy malo, etc. Pero es cuando se mete con el psyche de los personajes y lo extrapola a nosotros dos que sí me emputa.

Esto nos sucede seguido, las historias casi siempre contienen una mujer y un hombre, entonces las comparativas salen porque salen.

En esta última serie del escándalo, el protagonista es un político que resulta que, además de haber sido infiel, también es violador (esto no es spoiler, es la premisa inicial). La esposa del protagonista es una mujer acomodada, trophy wife, que no trabaja, pues decidió apoyar la carrera política de su marido, y parece creerle cuando él le dice “que fue solo un affair, que no significó nada y que por supuesto no violó a nadie”.

De aquí en adelante comienza el pedo. ¿Le cree?, ¿lo va a perdonar?, ¿es cierto o no?, pues cuando “la víctima violada” declara en el juicio que se enamoró del político en cuestión, la esposa se va de espaldas.

Aquí es cuando mi pareja comienza con el clásico:

“El obvio no sintió nada, fue sólo el palo, pero claro ella se enamoró, ¿lo ves, ves cómo todas las mujeres hacen eso?, involucran el sentimiento, por eso no pueden ser infieles… mis amigos y todos los hombres coincidimos en esto…”.

¿Han escuchado ustedes una mamada similar en los últimos meses?

Porque yo la llevo escuchando muchos años. Y muchas veces peleamos, pero esta vez le digo cariñosamente. “¿Así cómo vas a dirigir actores? ¿Así sin entender para nada la psyche de la mujer? No es tan simple, creo que te cuesta entender a nuestro género, porque estás convencido de que nos conoces muy bien. Y te equivocas, mi vida.”

Pero lo que me resulta aún más extraño, es que para ser tan chingones y adivinos (todos los hombres que piensen igual), sean tan naives.

¿De verdad se creen que las mujeres no son infieles? ¿Qué no pueden ser infieles sin enamorarse?

Think again.

Necesitaría dedos extras para contar a mujeres infieles –sin acusar y sin juzgar– pues están en su derecho de hacer con sus vidas lo que les dé la gana. La única razón por la cual lo menciono, es porque así como hay las mujeres que se enamoran durante un affair, que quede claro que hay otras que solo están ahí (en el affair) por el sexo.

Hay que pedirles a los varones que tiren a la basura sus libros de “las mujeres son de marte y los hombres de venus” y que hojeen uno más científico y actual, como éste escrito por la psicóloga Cordelia Fine, que nos pide que seamos más analíticos y veamos la data que nos hace a todos los humanos distintos, para botar de una vez las referencias culturales enanas que nos describen.

Libro Testosteron Rex, que deberían leer mujeres y hombres

Pero lo que me concierne más en este texto –que amanezco escribiendo– es que millones de personas son de la idea de que los géneros se pueden describir en frases armadas y arcaicas.

En el libro de “Attached” meten a hombres y mujeres en tres cajas: Anxious, Secure, Avoidant.

Me lo leí completo, aunque no me gustó. Cualquier teoría que simplifique tanto a la humanidad, me pone de pésimo humor; y es que, además de ver a mi alrededor y tener avispados mis sentidos, creo en Dios –tengo esta sensación omnipresente de que somos un puto milagro, nuestros dedos, nuestros cerebros, nuestras emociones– todo eso que nos hace humanos me maravilla, como si aún fuera una niña.

Y creo que no pudimos ser tan bien hechos, tan distintos –unos de otros– físicamente, para venir al planeta a ser tan iguales y básicos en nuestras formas de ser y actuar.

Por Dios, me cae que por él, no seamos ilusos. Y los que no creen que haya Dios, tampoco sean ilusos.

Tal vez estoy equivocada yo, pero me rehúso a pensar que somos tan pequeños y poco originales.

Lo que sí somos, es esclavos del amor –ellos y nosotras– eso que ni qué, y eso sí que fue una mala broma del creador.

Porque cuando uno se enamora, si pierde un poco el juicio y eso, aunque tenga su explicación química, te revuelve la vida por dentro y por fuera.

Y a todos igual.

Leí en el New York Times un artículo acerca de una neurocientífica que escribió un libro donde habla de cómo el amor modifica tu cerebro. Pero al explicarlo y comprender qué si es exactamente como lo describe, también te sientes pequeño, te sientes como un títere sujeto al sentimiento – a la Bridgerton – que si no lo han visto, brínquensela y vayan directo al episodio donde el Duke le hace el amor a Miss Sharma y deciden no parar. Porque simplemente no pueden parar.

Las mujeres nos enamoramos mucho, pero también los hombres, las mujeres caemos en relaciones prohibidas por numerosas razones, al igual que los hombres, las mujeres quieren tener buen sexo, al igual que los hombres y a las mujeres cuando les falta algo en su vida, salen a buscarlo; igual que los hombres.

Entonces, la próxima vez que vuelvan a escuchar a un miembro del sexo masculino reducirnos a una caja de – ilusas que viven deseando novelas rosas de vida – denle un puto zape y un libro.

Lee más: Juguetes sexuales: ¿aliados o causantes de la anorgasmia?

#ReginaTeLoCuentaMejor

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Sofia Aguilar

Sofia Aguilar

Es publicista, bloguera, tortera, y mamá de Juliana y Diego. Publicista es su full-time-job desde siempre. Pasó 18 años trabajando en agencias en NY y cuando regresó a México en 2014, fundo LA COLECTIVA, junto con Alfredo Couturier. Hace un año y medio abrió Tortas Atlixco. Después de muchos años trabajando para distintas marcas, pensó que era momento de tener la suya; un lugar de buenas tortas en la Condesa, con la misión de traer la mejor torta al barrio. Escribir es lo que más disfruta, además de ser directora creativa, fue bloggera para Huff Post (en NY y luego en México), y ahora escribe para Vogue México y El mundo de Regina.

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