La noche quedó atrás, un nuevo día se asoma en tu horizonte de ventura 

En lo que fuera llanto, hoy es alegría, en lo que fuera rencor hoy es ternura, letra de Invictus, bella historia de amor del poeta inglés William Henley (1849 -1903), escrito en honor a un panadero que era mecenas de literatos. ¡Qué romántico, inconquistable en latín! Lo recito y oigo Claire de Lune de Claude Debussy, inspirada en las Fiestas galantes de Paul Verlaine.
El francés Achille Claude Debussy (1862- 1918), uno de los más influyentes compositores de finales del siglo XIX y principios del XX, comenzó a la edad de 10 años, se decidió por la composición de vanguardia a pesar del disgusto de sus profesores. Hasta los 40 alcanzó fama internacional en 1902 con la única ópera que concluyó, Pelléas et Mélisande. Mientras escribió mélodies, canciones líricas francesas basadas en una gran variedad de poesía, incluida la suya propia. Influenciado por el movimiento poético simbolista que tenía origen en de Las Flores del Mal de Charles Baudelaire y en las obras del poeta y escritor americano Edgar Allan Poe, dedicado a explorar las tinieblas del corazón.
La música de Debussy fue una reacción frente a Wagner y a la tradición musical alemana. Consideró obsoleta la sinfonía clásica y buscó otra opción en sus bocetos sinfónicos como La mer (1903-1905). Entre sus obras para piano se encuentran dos libros de Préludes y dos de Études. Debussy dedicó estos estudios “À la mémoire de Chopin”.
La estética del simbolismo fue desarrollada por Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine en la década de 1870. Para 1880, el movimiento había atraído toda una generación de jóvenes escritores cansados de los movimientos realistas. Edgar Allan Poe, a quien Baudelaire apreciaba, influyó decisivamente en el movimiento de la época proporcionando la mayoría de sus imágenes.

Eucaliptos y Jacarandas
El simbolismo fue definido como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva». Para los simbolistas el mundo era un misterio por descifrar.
A partir de las influencias de sus primeros años, como la música rusa y la del lejano oriente, Debussy desarrolló su propio estilo de armonía y colorido orquestal, siendo ridiculizado —e infructuosamente combatido— por gran parte del establishment musical. En sus últimos años hizo música de cámara y completó tres de las seis sonatas que tenía previsto componer para diferentes combinaciones de instrumentos.
Finalmente, sus obras han influido en un gran número de compositores de la historia de la música. Falleció en su casa de París a la edad de 55 años, tras una carrera de poco más de 30 años como compositor.
…lo duro de la senda es más suave si 
tu puedes 
decir 
amar y olvidar. 

Cedro y Cactus
Tengo también a Gustav Mahler en mi pensamiento mientras recorro los árboles de pirul, pinos, eucaliptos, cedros, agaves y biznagas, laureles, palmeras y flores de lumbago. Compositor y director de orquesta austriaco cuyas obras, junto con las de Richard Strauss, son las más importantes del postromaticismo, Mahler nace en 1860 en la actual República Checa y muere en 1911 en Viena.
Llega en 1897 a la dirección de la Ópera de la Corte de Viena (Hofoper). Durante sus diez años en la capital austriaca, el judío converso al catolicismo sufre la hostilidad de la prensa antisemita. Sin embargo, se gana el reconocimiento como uno de los más grandes directores de ópera, particularmente como intérprete de las óperas de Richard Wagner y de Wolfgang Amadeus Mozart. Posteriormente, fue director de la Metropolitan Opera House y de la Orquesta Filarmónica de Nueva York.

Palmeras
El postromanticismo de la segunda mitad del siglo XIX alcanzó su máximo en Francia donde produjo estéticas como el parnasianismo y el simbolismo. Ya sabemos lo que es el simbolismo, manifiesto literario cansado de la literatura realista y por lo tanto es surrealista. El parnasianismo fue un movimiento literario francés posromántico y constituido entre 1866 y 1876 como reacción contra el Romanticismo de Víctor Hugo, el subjetivismo y el Realismo literario. Era un rechazo del “yo” poético, de la emoción y el lirismo; perseguía la belleza en todas sus forma y prefería el soneto, “arte por el arte”. El lema en la poesía y las artes plásticas era “esculpe, lima, cincela”. Todo belleza. Nada de política, moral o educación. Sin embargo, la filosofía fue siempre pesimista, caían los viejos sueños e ideales griegos, hindús y egipcios. Se llamaba a la muerte liberadora de esa triste desesperación del alma moderna. Rechazaba a la Edad Media y al cristianismo.
Agapanto
Mahler introdujo elementos como melodías populares, marchas, fanfarrías militares, por lo que el desorden en sus obras atrajo una hostilidad e incomprensión casi generales. La revalorización de su música fue lenta, se vio retrasada a causa de su gran originalidad y del auge del nazismo en Alemania y Austria. Su condición de judío catalogó a la obra de Gustav como degenerada y moderna. Había que esperar al final de la IIGM para que su música se interpretara en el repertorio de las grandes orquestas ¡y él se encontrara entre los compositores más destacados de la historia de la música.!!!
Camino con Mónica de Montes Auvernia a Montes Himalayas, de mi casa actual desde septiembre de 1988 a la antigua -nos mudamos después del accidente de Emilia y Alina en 1973 (hasta 1988), ya con Carolina incorporada al clan Rocha Menocal. Es increíble como vi plantas y flores por primera vez, aunque he hecho este recorrido mil y una.
Agapanto, flor del amor africano, corona del rey. Palmera con dos brazos abiertos a la yoga, estiramiento a la izquierda, llega a la banca de talavera, preciosa y perdida en una barranca de las aceras de mi barrio. Majestuoso árbol de pirul con frutos rojos carnosos y pequeños, sagrado de Perú. Introducido en esta gran urbe por el Virrey Antonio de Mendoza (1490-1552).
Eucaliptos que vienen de Australia y Nueva Guinea, el cedro con copete redondo, cactus y biznagas perfectas y múltiplemente repetidas, tres palmeras con sus grandes hojas en aureola, mi sombra sobre Hortensias del Asia y del Himalaya.
Lumbago
Por: Nina Menocal