La Navidad tiene dos caras. Está la feliz y alegre. La llena de ilusiones, regalos, comida, tiempos familiares, amistades, decoraciones, villancicos y más.
Y está: la triste. La llena de nostalgia por lo que se fue o quienes ya no están. Para muchos son tiempos difíciles económicamente. Otros se se enten solos. Tal vez están lejos de sus familias y seres queridos. Para otros esos seres o familias forman ya parte de otro plano. Hay quienes no tienen un lugar dónde pasar las fechas, o que se sienten tristes.

Navidad tiene dos caras. Pero si algo bes cierto en esta festividad es la que la Navidad nos habla de un inicio. Del Nacimiento de un Salvador.
Y eso debe darnos esperanza.
Esperanza en los tiempos nuevos y mejores que llegan.
En sabernos también que ese Salvador vive en nosotros sin importar la religión. Porque somos nosotros mismos.

Solo nosotros somos capaces de lograr o no lo que queramos. Solo nosotros somos esos que le ponemos actitud o no a nuestra vida.
Y solo nosotros podemos crear la realidad que deseamos.

Creo que esta época es importante reconciliarnos con quienes somos.
Romper con hábitos o relaciones tóxicas. Tomarnos un respiro para hacer un plan y visualizar que queremos. Y hacer un plan de ataque.
Nunca es tarde para darnos un propio abrazo y decirnos que somos importantes y nos queremos.
Nunca es tarde para soñar y crear.

Que estas fiestas sus corazones se llenen de esperanza. Y no importa qué tan fuerte sea la prueba que pasamos, al final está ahí porque somos capaces de sobre llevarla y salir triunfantes.
No demos por hecho a personas o situaciones.
A quienes tienen a sus familias y seres queridos con ustedes, valórenlos y disfrútenlos.
Y a quienes hoy ya no están, recordémoslos con amor y profundo agradecimiento por su paso en nuestras vidas.

Que estas fechas reconforten a todos de cierta forma y que este nuevo año venga lleno de logros, alegrías, aprendizaje, unión, amor y todo aquello que hoy les hace falta para seguir adelante.

¡Muy felices fiestas!

Cris Aubry