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De todos los pecados capitales, el que mas nos rehusamos a aceptar que poseemos es la envidia. La envidia nos da vergüenza. Nos da vergüenza porque es aceptar lo que ya sabemos: que cuando sentimos envidia es porque conocemos demasiado bien nuestros defectos.

Causar envidia es de lo mas peligroso: acabo de visitar el monumento a la envidia que es Versalles; lo diferente esta vez es que un día antes estuve en el monumento a la ceguera ante la envidia: Vaux le Vicomte; el château del pobre de Fouquet. Un drama de historia y de envidia. La historia de Vaux le Vicomte cambió el rumbo de Francia, y por ende del mundo. Vaux le Vicomte decidió a Luis XIV a consolidar todo el poder en su propia persona. Hasta puede ser el origen del famoso: “El Estado Soy Yo”.

Les cuento: Nicolas Fouquet, si ese de la fama por el Fouquet’s de Paris era el ejemplo del “Bon Vivante extraordinaire“, y era el ministro de finanzas del mismísimo Rey Sol, Luis XIV de Francia.

Foquet era un apasionado del arte, la arquitectura, la jardinería, la comida, el savoir faire y el savoir vivre. Lector apasionado y además muy guapo, era listo y carismático.

Tenía todo, y por tenerlo todo, todo lo perdió.

Fouquet quería llegar a primer ministro, pero también quería vivir como rey e impresionar al mismo; pero no se puede todo, aunque te sientas la chucha cuerera que crees que si.

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Entonces decide mandarse a hacer el château mas hermoso de Francia, el mas innovador, artístico, de mejor gusto, mas elegante, avanzado tecnológicamente y de un esplendor calculadamente sencillo.

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Fouquet piensa que con esto va a impresionar al Rey, y este va a ver las enormes cualidades que posee para ser Primer Ministro y se da a la tarea de terminar en tan solo 5 años el castillo que después sería la base y el modelo para Versailles.

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Por Vero González