Por Tatiana Solana

¿Les ha pasado que a pesar de que la Navidad es la fiesta más importante del año, las cosas resultaron ser más estresantes de lo que pensaban? A menudo anhelamos el fin de año por todo lo que vemos que sucede en las películas, pero a la hora de la hora resulta ser de alguna u otra forma una época tensionante.

A todos nos pasa, lo digamos o no.

Si algo así te sucedió terminando el 2019 es importante reflexionar sobre cuáles fueron tus detonadores. ¿Qué hay en nuestro niño interno que nos hace caer en malos momentos, revivir necesidades no cubiertas, entrar en discusiones innecesarias? Siempre es importante revisar nuestras relaciones y cómo las estamos viviendo. Observar nuestros afectos, no solo con nuestras parejas sino con todas nuestras relaciones.

¿Qué provoca que te salgas de tu centro y reacciones de manera exagerada a las cosas que normalmente puedes mantener en balance? No está mal que te enojes o simplemente reacciones emotivamente. Lo que vale la pena evitar es hacerlo de forma en que después te arrepientas o te haga sentir avergonzada por haber sido esa persona que nunca quieres ser o que tanto trabajas para dejar de ser.

Las fechas importantes en el calendario suelen despertar en nosotros una cierta sensibilidad que puede llevarnos a actitudes imprevistas, sobre todo si extrañamos a seres queridos o hemos padecido pérdidas recientes. Somos un abanico de emociones y no necesariamente todo lo tenemos bajo control, a pesar de nuestras meditaciones y nuestro trabajo interno.

Si algo así te sucedió, te recomiendo no regañarte o recriminarte, a menudo queremos ser perfectos, responder siempre de la manera en que los cánones mandan y se nos olvida que simplemente somos almas viviendo una experiencia humana.

Sin embargo es importante la introspección para saber de dónde vienen nuestras emociones. Si iniciamos una discusión y no fue correcto nuestro comportamiento, así como si reaccionamos a una agresión, sugiero pensar en la forma idónea de pedir disculpas.

La acción de disculparse es tan importante como la acción de agradecer. Siempre hay que saber de qué nos estamos disculpando, pero no hay ego ni orgullo que valga la pena defender si exige mantener un pleito o una situación incómoda con alguien.

El día que aprendes que la fortaleza viene más de la capacidad de ser flexible que de la dureza de tu postura ante la vida, das un pasito más hacia la libertad.

Empecemos el año con el cesto vacío y procuremos llenarlo de buenas historias y aventuras. Si no es factible hacerlo con ciertas personas, no se acaba el mundo. Lo importante es hacer el mejor intento siempre.

#ReginaTeLoCuentaMejor