“Caballeros”, dijo el Sr. Peregrine Touchwood, “El hombre es un animal que cocina; y en cualquier situación que se le encuentre, puede asumirse como un Axioma, su Progreso en la Civilización se ha mantenido al mismo Ritmo con respecto al Grado de Refinamiento que él haya podido Alcanzar en el Arte de la Gastronomía. . . . ¡Desde el Peludo Hombre del Bosque hasta el Gourmet Moderno, dosificando sus Ingredientes y mezclando sus Esencias, la Cadena está Completa!

Introducción del libro:

The Cook & Houswife’s Manual,

Med Dods, Edinbourgh, A.D. 1826

No cabe duda que el cocinar es un arte y que hay gente que nace con el don de la cocina. Hay gente que estudia toda su vida, practica, trabaja arduamente y al final puede llegar a ser un chef exitoso, hay otros que simplemente lo traen en la sangre y es solo cuestión de tiempo para consagrarse. Al final de día hay una realidad que se comparte: el amor a la cocina y el trabajo duro, sin ninguno de estos dos elementos es prácticamente imposible el destacarse como Chef en la vida.

La cita es con unos amigos Mexicanos en Grand Central a las 5:50 ya que conseguimos una reservación en Casa Enrique a las 6. Lo primero que me viene a la mente es que no hay manera de llegar a tiempo ya que tenemos que ir a Long City Island y no quiero que nos quiten la mesa por no llegar puntuales. Para mi sorpresa estamos a tan sólo una parada del metro por la línea 7: Vernon Boulevard. Al salir del metro el calor es sofocante y la ropa se pega al cuerpo como si estuvieras en Caleta o Caletilla. Yo sigo vestido de oficinista y me urge llegar al restaurant para pedir una michelada, me dicen mis amigos (uno de ellos en bermudas del ejército y chanclas de pato) que ahí sirven las mejores de Nueva York, por lo que empiezo a caminar un poco más rápido y una vez más para mi sorpresa Casa Enrique se encuentra a tan solo una cuadra de la estación del metro, miro el reloj y son las 6:01, no me puedo quejar.

Cosme Aguilar es el Chef de Casa Enrique. El gusto por la cocina lo trae en la sangre, originario de Chiapas, uno de los estados más ricos gastronómicamente hablando de México,  aprendió a cocinar alado de su madre, la cual sigue siendo su inspiración a la fecha. Tras trabajar como mecánico en San Luis Potosí, Cosme decide migrar a los Estados Unidos en busca de fortuna en 1998. Ahí comienza a trabajar en un restaurant  francés lavando pisos, platos, etc. Unos meses después, al ver el interés de Cosme por la comida, el Chef residente le pregunta si es que lo quiere ayudar en la cocina. A partir de ahí, le dedicará los siguientes 10 años de su vida cocinando y aprendiendo técnica y cocina francesa. En Marzo del 2012 abre Casa Enrique en Long Island City con la ayuda de su hermano Luis y es para septiembre del 2014 cuando obtienen su primera estrella Michelin.

Al entrar al restaurante el sentimiento es un tanto familiar, el lugar no es minimalista y mucho menos va a ganar ningún premio de diseño, es un lugar casual, amigable y sin pretensiones.  Lo primero que vez es una barra con diferentes tequilas y mezcales, en la pared hay una televisión transmitiendo un partido del Barcelona y alado están colgadas las 5 estrellas Michelin de los últimos años.  Pido una michelada con cerveza Pacífico perfectamente escarchada y una margarita que sabe a Gloria. En la mesa ya nos esperaba un guacamole y unos chicharroncitos acompañadas de diferentes salsas. Se me antoja todo el menú, así que decidimos pedir al centro para probar un poquito de todo. Con tanto calor empezamos con un ceviche de pescado, fresco y con excelente sabor. Nos seguimos con unos sopecitos de chorizo, rajas con crema y unos tacos de lengua. No hay ninguna novedad en lo que hemos pedido, no hay fusiones de sabores, no hay inventos, no hay sorpresas; es comida Mexicana tradicional-exquisita. La calidad de la comida, la autenticidad y la simplicidad son sólo algunas de las razones por las cuales son el primer y único restaurant en Nueva York con una estrella Michelin y por lo que se necesita reservar con un mes de anticipación.

Preguntamos si estaba el Chef ese día en la cocina y para nuestra sorpresa se encontraba justo detrás de nosotros saludando a unos comensales. Nos saludó, lo felicitamos y le pregunté por recomendaciones para el plato fuerte, después de unos minutos de conversación lo invitamos a sentarse en la mesa, lo cual aceptó de muy buena gana, las siguientes horas fueron de una plática muy agradable acerca de su vida, experiencias, anécdotas y de coincidencias de la vida. Llegaron a la mesa un chamorro de borrego al huaxamole (salsa de chile guajillo simplemente espectacular), un cochinito chiapaneco y mi favorito, un Branzino al pastor. Terminamos de cenar con un nivel de abotagamiento importante y el Chef no nos dejó irnos del ahí sin antes probar los postres; helados de la casa,  panna cotta y el especial de la casa: un  tres leches que era una pachoches. Ya entrados en gastos y de puro coraje, Cosme nos invitó un Mezcal para ayudarnos con la digestión en nuestro regreso a la Gran Manzana.

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Para un Mexicano que va a Nueva York y está buscando el lugar de moda para ir cenar, claramente Casa Enrique no lo es por diferentes razones: no está en Manhattan, no es el lugar de moda y hay comida típica Mexicana. Sin embargo, creo que esto es precisamente el secreto del lugar, un lugar muy “cool” y original para los locales, con servilletas de papel, una tele colgada en la pared donde están pasando algún partido de futbol y una barra central con las mejores margaritas de manhattan y sus alrededores, pero por sobre todas estas cosas, tiene una gran cocina Mexicana. El Chef Cosme no quiere inventar el hilo negro, simplemente ofrece comida tradicional, muy bien presentada y deliciosa. Aquí el guacamole es un guacamole, no le tiene que poner frijoles, maíz o piñones para ser novedoso. Lo que pides va a ser exactamente como te lo imaginas, no hay sorpresas, no hay fusiones y no hay interpretaciones como en otros lugares, también muy exitosos de Nueva York, como Cosme o Empellón Cocina. La sencillez, calidad y autenticidad de la comida de Casa Enrique hicieron que la gente de Michelin volteara a ver este discreto lugar en Long City Island y le otorgara este reconocimiento como el primer restaurant latino en Nueva York con esta distinción.

La noche resultó todo un éxito, comimos impresionantemente bien, platicamos extraordinariamente y  tuve la oportunidad de conocer a uno más de los muchos Mexicanos exitosos que están en el extranjero poniendo en alto el nombre de México en estas épocas en que más necesitamos recordarnos a nosotros mismos que todo es posible en esta vida, con dedicación, pasión y trabajo.

@huey_tlacuali

hueytlacuali@hotmail.com

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