Queridos lectores, embargada por una profunda emoción y un gran entusiasmo, deseo saludarlos y expresar mi gran anhelo de poder complacerlos con mis futuros escritos en El mundo de Regina.

Pero antes de continuar necesito presentarme en sociedad, mi nombre es María Eugenia Cabral, más conocida como “Euge Cabral”, tengo 46 años, soy de la ciudad de Córdoba, Argentina, lugar ubicado a 7 horas de Capital Federal para situarlos geográficamente.

Quienes me conocen a través de Internet deducen automáticamente que soy mexicana y eso me llena de orgullo, pues llevo a este país grabado en el corazón, y ciertamente me siento parte. Imagino que se estarán preguntando el porqué llegan a esa conclusión, y es porque desde hace casi una década soy la poseedora de una columna llamada “Diario de una Fan”, publicada en Sexenio México, de Grupo Sexenio Comunicaciones. Pero este amor a México no nació hace 10 años, sino que surgió 4 décadas atrás, cuando llegó a mi vida una persona que me enseñó a amar y admirar con todas mis fuerzas a este bellísimo país, en el sentido más amplio de la palabra.

Luego de esta breve presentación voy a contarles la historia que me inspiró a plasmar mis sentimientos en palabras, la que por supuesto está ligada a esa persona especial que me cambió la vida para siempre. Esta pasión que me moviliza tanto conmovió y motivó al director de Sexenio México, el que no dudó en invitarme a eternizarla en las páginas de mi “Diario de una Fan”. Fue una gran sorpresa que apostara por esta servidora sabiendo que me dedico profesionalmente a los números, pues tengo el título de Contadora Pública Nacional, aunque luego opté por la docencia (profesora de Matemática).

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Todo comenzó en el año 1982 cuando Argentina empezaba a descubrir la voz del cantante latino más importante de la historia de la música. Un niño dotado de un talento nato que, definitivamente, había nacido para cantar y conquistar el corazón de un público que de inmediato se rindió a sus pies.

Tengo grabada en mi mente la imagen de aquel recuerdo como si hubiese sido ayer, aunque hayan pasado más de 38 años, cuando en el marco de un paseo familiar mi madre bajó del automóvil e ingresó a una tienda de discos sin dar demasiados detalles.

Mi papá, mis hermanos y yo, nos quedamos esperándola, y vaya sorpresa que me llevé cuando la vi caminar hacia mí con algo entre sus manos. Traía un cassette de regalo para su hija mayor, más precisamente “Directo al corazón”, y con solo ver aquella portada el flechazo fue literal… ¡Directo al corazón! Pero aún faltaba lo más importante, escuchar aquel trabajo discográfico tan prometedor, y créanme que lo que sentí fue algo imposible de expresar con palabras, pues fue, es y será el único artista capaz de acariciar mi alma con su voz.

Mi vida tiene un antes y un después a Luis Miguel, pues siendo su fan he vivido momentos tan inolvidables como incomparables, y no caben dudas que, si tuviese que volver a nacer, elegiría esta forma de vivir. Luis Miguel es el primero que puso a mil mi corazón y, casi 39 años después, sigo siendo esa niña que tiembla de pies a cabeza cuando lo tengo enfrente. 

El Sol tiene esa magia especial, y una relación única e íntima con sus fans, la que iré compartiéndoles en mis próximas entregas. Les aseguro que podrán conocer vivencias realmente inspiradoras, las que develarán no solo historias de amor incondicional entre Luis Miguel y sus fans, sino también relatos que muestran el gran sostén y motor que significa en nuestras vidas.

Los invito a descubrir, a través de mis escritos, a Miky, al gran ser humano que se esconde tras este legendario artista -cabe aclarar que así lo llama con cariño su entorno más cercano, y que no es Mickey, ni Micky, sino “Miky”, como su mamá Marcella lo escribía.

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