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Vivió una vida que era sinónimo de extravagancia, resplandor y tragedia. Su padre la llamó “chryso mou” o “mi oro”. Y desde fuera, Christina Onassis parecía tener una vida dorada. Pero no fue así, a pocos días de cumplirse treinta años de su muerte recordamos su triste historia.

Su padre al magnate Aristóteles Onassis, cuya fortuna llegó a los miles de millones y cuyo yate llevaba el nombre de su hija, pedía a la casa Dior los vestidos de sus muñecas. Creció en París, Antibes y Skorpios, la isla griega privada de su padre. Sin embargo, aunque Onassis, que tenía 37 años cuando murió en 1988, era una de las mujeres más ricas del mundo, también puede haber estado entre las más infelices.

Lo tenía todo pero ni toda su riqueza pudo recompensar su único deseo, aceptarse a sí misma, en su búsqueda por quererse pasó por matrimonios desafortunados, una lucha constante con su peso y además se hizo adicta a las drogas, siendo una figura pública todas sus batallas eran la portada de miles de revistas alrededor del mundo.

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Fue la única hija del magnate griego Aristóteles Onassis, un hombre ambicioso que marcó una época, nacido en 1906 logro eclipsar con astucia al jet set europeo, rudo y nada refinado, con solo 250 dólares se marchó a Argentina a construir un imperio, a su regreso se casó por interés con Tina Livanos, la hija de otro magnate griego, Stavros Livanos, se dice Aristóteles conquisto al padre de la novia más que a la propia Tina, y es que su rival Stavros Niarchos era el novio de Eugenia,  la hija mayor de los Livanos; así fue que Onassis de 40 años contrajo matrimonio con Tina de 17 en diciembre de 1946.

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El matrimonio primero procreo a Alexander quien nació en 1948 en la ciudad de Nueva York, y muchos aseguran eso debió ser el fin de la historia, con un hijo varón que heredara toda la fortuna Ari y Tina no tenían por qué tener más hijos, y así lo quería el propio Onassis, pero los siguientes años Tina tuvo varios abortos hasta que el 11 de diciembre 1950 dio a luz a una niña, muy a pesar de que se dice Aristóteles la golpeo en diversas ocasiones ya que se encontraba molesto con el embarazo de su esposa y este no quería que Tina conservara al bebe.

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Cristina Onassis nació muy a pesar del magnate, este se desvivía en mimos para Alexander mientras que a Cristina la relegaba de todo cariño, Tina por su parte consentía a su hija pero daba más importancia sus fiestas y lujos, incluso un día rompió el corazón de este cuando siendo niña escucho una conversación con una amiga a la que le decía –“Pobre Cristina, pobre de mi hija además de que su padre no la ama es tan fea, no tiene una sola gracia”-con un padre ausente y una madre distraída, la pequeña Cristina ideo que si no tenía la atención de sus padre haría su voluntad siempre sin dar explicaciones a los demás.

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Se casó y se divorció cuatro veces. Sus luchas con su peso y sus pastillas eran legendarias. Sus padres se divorciaron en 1959 cuando ella tenía 9 años, y el escándalo en las noticias cuando se supo que su padre había engañado a su madre con la cantante de ópera María Callas fue una vergüenza de por vida. Pero su angustia y dolor fue mayúscula cuando su padre se casó con Jackie Kennedy en 1968, una noticia que causo revuelo y creo caos en la vida de joven. Christina Onassis vio a Kennedy como una caza fortunas, refiriéndose a ella como “la desafortunada obsesión de mi padre”.

 Y es que la llegada de Jackie llego a fracturar la relación que a Cristina le tomo tiempo construir con su padre. Cuando Cristina se marchó a Suiza a estudiar comenzó a pasar más tiempo con su padre, sorprendentemente Onassis y su hija crearon un núcleo muy fuerte, eran muy parecidos no solo físicamente sino también en su manera de ser, dejo la escuela un año antes, al magnate no le importó, a los 17 años Cristina acepto el puesto de ser heredera de tiempo completo, le pagaban bien, tenía todas las prestaciones y vacaciones los 365 días del año.

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Lo primero que hizo Cristina fue hacerse una cirugía plástica para reducir su nariz y eliminar los círculos obscuros de sus ojos, y después marcharse a Saint Moritz  para esquiar y conocer a un soltero cotizado con quien casarse, después visitar las mejores discotecas de Paris y Londres donde además iría de compras a las tiendas más exclusivas, y si se aburría siempre estaba Skorpios la isla privada de su padre donde podía ir a broncearse en compañía de sus amigas.

A diferencia de Alexander que acudía  a la Universidad en Nueva York y recibía un sueldo, con Cristina, Aristóteles derrochaba su dinero, con Alexander exigía responsabilidades y eficiencia, además padre e hijo llevaban una relación difícil, el joven de 24 años se había enamorado de una mujer muchos años mayor que él. Fiona Campbell, que así se llamaba, había estado casada con el barón Thyssen, además tenía 41 años y una hija casi de la edad de Alexander. Era de esperarse que Aristóteles comenzara a consentir y procurar más a su hija, ya que esta no lo defraudaba, al contrario trataba siempre de agradarlo.

 

Cristiana tuvo varios amantes, su padre estaba ocupado y jamás puso atención en los deslices de su hija, hasta que esta quedo embarazada e ignoraba quien era el padre, Onassis la obligo a abortar, esta lloro y suplico pero nada hizo cambiar de opinión al magnate, no fue la única vez, Cristina se sometió  a mas abortos durante los próximos años.

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Cuando Onassis tenía 20 años, las pérdidas personales se produjeron de manera rápida y sin piedad. Su único hermano, Alexander, murió en un accidente aéreo en 1973. La repentina muerte de su hermano la sumió en una terrible depresión, Cristina se convirtió en la única heredera de su padre, y poco a poco Aristóteles fue decayendo, fue diagnosticado con una enfermedad degenerativa, su matrimonio con Jackie era un fracaso, así que tomo cartas en el asunto, decidió preparar a Cristina para que se hiciera cargo de los negocios, la envió a Nueva York a trabajar a la sede de su compañía en la torre Olímpica, por primera vez en su vida Cristina tenía un empleo, y además le gustaba, se esforzó mucho para no defraudar a su padre, pero fueron demasiadas responsabilidades y tiro la toalla, Ari se sintió defraudado, incluso un día le grito frente a todos –“Desearía tu hubieras muerto y no mi hijo”- también considero la posibilidad de nombrar como su heredero a su hijastro John Jr., con quien tenía una buena relación.

CONTINUARÁ…