Antes de cumplir con lo prometido en mi publicación anterior, deseo expresar el inmenso dolor que ha hecho mella en quienes somos fervientes amantes de la música romántica en español.

Este maldito virus se cobró otra vida, nada más y nada menos que la del talentosísimo cantautor, el maestro Armando Manzanero, cuyas canciones fueron grabadas en varios idiomas e interpretadas por numerosos artistas consagrados.

Sin dudas que con esta partida se esfuman nuestras esperanzas de disfrutar de nuevas obras en la mejor voz que ha interpretado sus canciones. Sus himnos al amor no pudieron tener mejor intérprete que Luis Miguel, y los hechos lo demuestran cuando escuchamos las canciones del maestro en otras famosas voces.

Aquella decisión de comenzar a trabajar juntos (allá por el año 1991) fue un punto de inflexión en sus carreras, y definitivamente ha sido uno de los mejores regalos al corazón que pudieron hacernos. Voy a apagar la luz, Amanecer, Como yo te amé, Te extraño, Ese momento, Somos Novios, Soy yo, Por debajo de la mesa, Cómo duele, No sé tú, Qué tristeza, Dormir contigo, Yo sé que volverás, Ahora que te vas, Nos hizo falta
tiempo, Un te amo, De quién es usted, Lo que queda de mí,
y No existen límites, son verdaderos poemas hecho canción, que encontraron en Luis Miguel a un artista capaz de transmitir con su voz e interpretación aquellos sentimientos plasmados en palabras.

La música no muere nunca, y es allí donde habita el espíritu de sus creadores, razón por la cual el maestro vivirá eternamente en sus canciones.

Gracias, querido Armando Manzanero, por su invaluable aporte a la cultura, a nuestra música, por hacernos vibrar de emoción y pasión con sus canciones, por enseñarnos que el romanticismo no pasa de moda, y
por la generosidad de compartir su don con la humanidad. Descanse en paz maestro, gracias por su legado.

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Doy vuelta la página para cumplir con mi palabra de contarles acerca de la incursión de Luis Miguel en el apasionante mundo del vino. Todos sabemos que cada paso que realiza, en cuanto a su vida profesional, se
reviste de un nivel de excelencia inusual. Es perfeccionista hasta el cansancio, virtud absoluta de los grandes, cosechando así un éxito rotundo e indiscutido en cada proyecto que se propone concretar.

El año 2005 fue muy especial no solo por la exitosa gira “México en la piel”

Como les anticipé en mi texto anterior, por la presentación de su primer vino, el cual lleva su nombre. Luis Miguel siendo un gran admirador de todo lo que conlleva algún tipo de arte, no podía dejar pasar la oportunidad de ser el protagonista de una experiencia inigualable, creando su propio vino.

En el año 2003 comenzaron las reuniones con Aurelio Montes del Campo, enólogo de la Viña Ventisquero originaria de Chile. Luis Miguel realizó una cata a ciegas en barricas de diferentes muestras de vino premium de la viña. Luego fue consultado en repetidas oportunidades durante el proceso de elaboración, evaluando
personalmente diferentes combinaciones de cepas hasta llegar a la que le dio vida a “Único, Luis Miguel”.

Para ello visitó la viña en algunas ocasiones, y en otras fue el mismísimo Aurelio Montes quien viajó a su encuentro para continuar con el proceso de creación del vino.

En una entrevista Aurelio Montés expresó “Yo no quería que él pusiera su firma ni que fuera un producto publicitario más. Quería que él se involucrara y eso lo puso súper feliz. Decía que hablábamos entre artistas, porque él admira mucho nuestro trabajo. Además, me impresionó lo buen degustador que es. Tenía muy claro lo que quería y yo sólo me dediqué a afinar la mezcla final de un vino que pretende a todas luces tener la estructura tánica de un Cabernet Sauvignon con ese 15% de Syrah que le da suavidad y dulzura en el paladar. Justo lo que él quería”, finalizó.

Al conocer esta hermosa noticia no pude vencer la tentación de ser dueña de una obra artística hecha vino, presentada en sociedad por Luis Miguel la tarde del 19 de noviembre de 2005 en la Viña Ventisquero, que se encuentra en el Valle del Maipo en Rapel, a unos 170 kilómetros al sur de Santiago de Chile.

Desde ese momento me puse en campaña para encontrar la manera de que una de esas botellas fuera de mi patrimonio. No tardé en recordar que uno de mis mejores amigos vivía en esa ciudad, desde hacía un par de años, por lo que se convirtió en el cómplice perfecto para que mi deseo se concretara.

Pensar en degustar aquel sabor que Luis Miguel había elegido como propio era algo que me provocaba mil sensaciones. Imaginar que podía conocerlo un poquito más a través de sus preferencias era una oportunidad soñada que no debía desaprovechar.

Así fue como, gracias a esta nueva incursión de Miky, descubrí un mundo nuevo, apasionante y atrapante, respecto a cómo nace y envejece un buen vino hasta llegar al paladar de su catador. Realmente hay arte en la creación y proceso de elaboración de los mismos.

Cuando mi querido amigo me entregó este tesoro lo cobijé fuerte entre mis brazos, pensando en que Luis Miguel le había puesto el corazón y toda su pasión al crearlo.

Mi vino fue a morar a un porta botella muy bonito que compré para tal fin, con sus iniciales grabadas a fuego, y boca abajo para mantenerlo en óptimas condiciones. Cuando tuve la oportunidad de probarlo (en casa de una amiga que decidió abrir el suyo) lo hice con un magnífico ritual, por la envergadura del vino y por ser mi primera vez como flamante catadora. Para ese entonces me había instruido en el tema para aprovechar al máximo esta única posibilidad de degustarlo, al menos hasta que en Argentina se lo importara y pudiésemos comprar algunas botellas más.

Recuerdo haber empleado todos mis sentidos: inspiré profundamente para tratar de captar su delicado y exquisito aroma en todo su esplendor, luego aprecié su cuerpo, su manera de danzar en la copa con el movimiento circular de mi mano, y ese color intenso que acaparó instantáneamente mi mirada.

Mi corazón comenzó a latir aceleradamente al llegar el momento que tanto había esperado: cerré mis ojos tomando un pequeño sorbo del peculiar mosto, tratando de transportarme al momento en que Luis Miguel también lo atesoraba en su boca, y le transmitía a Aurelio Montes una respuesta afirmativa al haber encontrado aquella combinación de cepas que estaba buscando.

Realmente puedo expresar fehacientemente que es un vino de carácter, fino, exclusivo y de una presencia avasallante, características coincidentes con su creador.

He aquí la ficha técnica de Único en palabras del enólogo Aurelio Montes:

“La versión 2003 del exclusivo mosto es muy frutal, un vino elegante de taninos redondos y suaves. Se trata de un vino que fue envejecido de 12 a 14 meses, en barricas de roble francés, por lo tanto, tiene un envejecimiento que le da un plus a la elegancia, en la calidad de aromas”.

El enólogo chileno agregó que en la nueva cosecha “uno puede encontrar aromas a vainilla, chocolate, tabacos y por otro lado la fruta natural de la uva, que son aromas de frutas rojas maduras, a pimienta
negra y ciruela”.

Además expresó que Luis Miguel es un gran amante de esta bebida, un gran conocedor del tema. Se refirió a él como dueño de un paladar virgen, ya que sólo prueba vinos premium, por lo cual se torna más que interesante trabajar con él. Cuando Aurelio le preguntó qué deseaba comunicar a través del vino, Luis Miguel respondió: “me encanta tomar vino, pero lo que yo busco es que le guste a las mujeres”.

Este exclusivo vino es un Cabernet Sauvignon con 15% de Syrah, proveniente de viñedos del Valle del Maipo cuyo suelo es granítico y pedregoso de alta permeabilidad. Profundidad de 0.6 a 1 mt. Selección de cuarteles en laderas. Color rojo rubí intenso y profundo. Es ideal para carnes con salsas sofisticadas, quesos sobremaduros. Su cosecha se realizó entre el 15 y el 28 de abril. Se recomienda beberlo entre 16 y 18
grados, y tiene un 13% de alcohol.

Les transcribo las palabras de Luis Miguel, al dorso de la elegante botella:

“La sintonía entre tierra, aire y sol me ha inspirado en crear junto con el apoyo de Aurelio Montes, este vino Cabernet Sauvignon, un vino ÚNICO en su especie. He dedicado a la creación de este vino la misma pasión y alegría que le doy a mi música. Los invito a compartir conmigo el espíritu ÚNICO que todos llevamos dentro”.

Realmente Luis Miguel es único e irrepetible para sus fans y no pudo elegir mejor nombre para su primer vino, digo primero porque con ansias esperamos los venideros, anhelando que sea el dueño de una exclusiva y vasta colección.

Con el correr de los años he podido adquirir el vino en mis visitas a Chile o con algún importador de Argentina, pero siempre ha sido complicado porque es un producto exclusivo y, por ende, no es de venta masiva.

En la actualidad pueden encontrarlo en México en su versión “Reserva” (año 2018) en Vinos Diso, y aquí les comparto esa información:

No se pierdan la oportunidad de probar un vino elegante, equilibrado, de buena estructura y acidez, con una personalidad fuerte, cautivante y encantadora como la de Luis Miguel.

#ReginaTeLoCuentaMejor